LA FIESTA DE BEATRIZ VIÑAS

Por Mery Delgado / Fotos Buby

Un homenaje a figuras imprescindibles de la escena ya desaparecidas, fue el preámbulo para las funciones de La cuarta Lucía por Beatriz Viñas, recientemente, en la programación por el aniversario 15 de la Sala Llauradó.

De esta manera se recordaba a través de imágenes a Adria Santana, Alina Rodríguez, Xiomara Palacios, Armando Suarez del Villar, Abelardo Estorino y otros tantos, que han dejado una huella en la historia del teatro cubano.

La cuarta Lucía es uno de los proyectos que más cuida y agradece la actriz Beatriz Viñas, quizás por eso desde la misma entrada, establece comunicación con el público y se lanza a demostrar cuánto de pasión y arrojo conlleva una profesión, y sus avatares para conseguir un papel por pequeño que sea. “Trabajar para mí es una fiesta innombrable” – asegura Ingrid, y así es.

Con la madurez de su recorrido por los diferentes medios en la última década, Viñas vuelve a su personaje de Ingrid y le insufla otras emociones, su energía se despliega por todo el escenario, y va de la Santiaguera a Luz Marina, con la soltura y el desenfado que dan las palabras incorporadas como propias, y el placer de disfrutar su efecto en el auditórium.

En la primera de las dos funciones, hasta una impertinente cucaracha en la escena, trató de desconcentrarla ¿Cuál no sería la sorpresa a su salida tan elegante? Como si hubiera sido preparado. La eliminó como hacemos los cubanos, a puro zapatazo, y con la misma dijo: Porque a mí me gusta trabajar con el escenario limpio. Marcando las palabras con mucha fuerza. El público la sorprendió con un fuerte aplauso.

Yo recordaba en ese instante, unos cuantos años atrás (2009), cuando Beatriz defendía en el teatro Terry de Cienfuegos a su Ingrid, ante un prestigioso jurado, en una sala repleta y bien oscura, en el Festival Nacional del Monólogo, que organiza esa ciudad.

El día de la competencia, por encima de ella sobrevolaron bien bajo, más de 20 murciélagos, y hasta un gato que nadie sabe de dónde salió, subió a la escena por una pata. Ella estuvo impasible, tanto, que el público estuvo agobiado por el temor de que algo la sacara de la brillantez de su actuación. Ese año, La cuarta Lucía se llevó el máximo lauro que otorga el certamen.

Quizás con estas funciones de 2018, Beatriz Viñas se esté despidiendo de su Ingrid mimada y tan querida para ella, pero su entusiasmo por la actuación, la entrega y el estudio que siempre le pone a sus historias, la llevarán sin dudas a retos mayores, y a tomar la piel de otros tantos personajes que esperan por su descubrimiento, llámese: Olga, Mascha, Irina o Natascha.

 

 

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