El Festival De Teatro De La Habana, Un Convite Heterotópico

Por Roberto Pérez León

La programación del Festival Internacional de Teatro de La Habana contará con treinta espectáculos, además habrá una serie de propuestas fuera del programa oficial.

Seremos copartícipes de la capacidad del teatro para crear lugares y tiempos a través de medulares operaciones de creatividad fuera de las estancias de la cotidianidad.

Treinta puestas en escena significan una diversidad de espacios teatrales, espacios que serán una invención, una transustanciación, una ficcionalización de las dimensiones de la Realidad real. Cada representación podrá tener sus propias y nuevas franjas de espacio-tiempo que en el teatro son infinitas.

La invención teatral deroga reglas y establecimientos de la cotidianidad. El teatro tiene que ser un espacio otro, un lugar que se salga de los lugares reales y pueda construir un contra-lugar por obra y gracia de la invención teatral.

El teatro como espacio cultural permite una percepción de lo real y de lo imaginario desde un sistema de excepciones que visibilizan una acción distanciada de la vida diaria en tanto llega con una carga estético-artística emancipadora.

El teatro no es un repetidor de la realidad ni un panfleto, es un suceso artístico donde tienen lugar acciones que generan afecciones que pueden intervenir en el ámbito personal y colectivo.

El potencial semantizador y la fuerza de semiotización en una puesta en escena son conformadoras de una ideología epistémica de efectividad social al tratarse de una acción artística y no de un ejercicio de regulación o estandarización de la realidad.

Lo teatral se hace manifiesto en la expansión e interacción de los sistemas significantes que lo integran: las luces, la banda sonora, las actuaciones, el texto lingüístico, la dirección, los mecanismos de marketing que se utilizaron para gestionar la inserción social de la puesta en escena.

La organización sistémica de un montaje propicia la proporción y percepción de otras dimensiones no precisamente cuánticas. Esta habilidad-capacidad del teatro para crear espacios diferentes constitutivos en la formación de ideas, conformación de experiencias y representaciones capaces de general una alteridad movilizadora es lo que se denomina Heterotopía.

En 1967 fue Michel Foucault quien por primera vez planteó desde la filosofía el término de Heterotopía. Este concepto vendría a esclarecer la avalancha de espacios físicos que acuciaban a nuestra propia realidad humana en el siglo XX.

Las heterotopías representan lugares especiales posicionados socialmente y difieren notablemente de los restantes lugares, pueden distender, ser favorecedores o ser vigilantes, reguladores.

Entonces, el acontecimiento teatral conforma un espacio otro, una heterotopía porque cada montaje es una propuesta espacio-temporal singular. Heterotopía porque puede presentar y relacionar espacios y capas temporales fuera de la organización habitual. Y también Heterocronía porque acumula y relaciona tiempos tanto del futuro como del pasado y del presente que se hace pasado y se puede reciclar en un futuro concebido desde la acción escénica.

Este concepto foucaultiano nos ayuda a ver al teatro como un lugar fuera de todos los lugares; cada puesta en escena debe provocar un efecto de reconocimiento más allá del aquí y el ahora si somos espectadores-actuantes, no en seres pasivos, simples veedores entretenidos o que se dejan entretener.

El teatro ni cierra ni constriñe, opera como actividad transformadora justamente desde las constituciones heterotópicas que conlleva toda puesta en escena.

El espacio escénico es heterotópico por antonomasia. Se trata de un espacio heterogéneo, polimorfo, que se dilata, expande, contrae.

La escena tiene una soberana potencia semiotizadora, es el “espacio representante” donde se produce la performance global de una puesta; por otra parte tenemos lo que se ha dado en llamar el espacio dramático que Pavis considera visualizable a través de su construcción intelectual ya sea por los productores como por los espectadores que imaginan y simbolizan el texto dramático.

Tanto el espacio escénico como el dramático contribuyen a la marcación heterotópica propia del teatro.

El acontecer escénico hace posible lugares fuera de serie, espacios híbridos conformados por actos sémicos que territorializan una espacialización genésica para la experiencia y existencia tanto de productores como de espectadores.

Más de veinte puestas en escena en La Habana en la jornada teatral que se nos avecina serán la posibilidad de  habitar como espectadores una veintena de espacios  derogadores de lo cotidiano, donde se fabrican utopías y distopias por la determinación de la imaginación y el imaginario colectivo donde quedan desdoblados los pliegues de la Realidad real.

Cada montaje tiene lugar en un espacio escénico determinado, en ese espacio durante el desarrollo de la representación se produce el encadenamiento de semiotizaciones que hacen posible la temporalidad, corporalidad, espacialidad y sonoridad como resultantes performativos de la puesta en escena.

El espacio escénico es polimorfo, en él se produce la representación. Sea utópico o distópico el espacio escénico como construcción material, conceptual, racional debe ser una heterotopía si estamos hablando de un teatro no mimético sino de aquel que sea un advenimiento de emociones, sentimientos, pensamientos.

El teatro como heterotopía no es un reificación de la sociedad, no es reductor, es una ocurrencia estética, ideológica y artística con valor de acción social.

Cuando el teatro reproduce el espacio-tiempo de la vida habitual carece de encantamientos, no nos permite transitar del espacio del arte, el de la imaginación y simbolización, al espacio social; transito éste germinador de sensaciones y reflexiones que hacen que sangre nueva nos corra por las venas como asegura Martí cuando de obra de arte se trata.

La cualidad heterotópica del teatro da la oportunidad de ponernos ante nuevos e insospechados horizontes reales e imaginarios, esa capacidad para crear nuevos modos de actuar, nuevas combinaciones de símbolos, hace que sea un espacio cultural decisivo desde lo heterotópico.

El teatro es un suceso artístico donde tienen lugar acciones que generan afecciones que pueden intervenir en el espacio social. No es un repetidor de la realidad ni un panfleto.

Pensemos en la riqueza de las propuestas espacio temporales que serán efectivas en cada una de las puestas en escena en el Festival Internacional de Teatro de La Habana. Andaremos todos en una particular convivialidad con las cadenas de significantes que será cada uno de los montajes.

En la atmósfera que genera el acto escénico está ese bucle sorprendente que cada espectador debe estar preparado para desenredar, y en esto es preciso que favorezcan la crítica y el análisis desde todos los medios posibles porque no se puede desaprovechar una oportunidad como esta para ayudar en la educación y formación de públicos.

Tenemos que desde la crítica y el análisis hacer que el ingenio espectatorial se movilice y para ello haría falta una productiva performance publicitaria que invite a pensar, no solo a asistir, que divulgue el evento como un especial producto de consumo cultural en el actual contexto socio político cubano.

Cada puesta en escena podrá ser una ocurrencia de singularidades, ahí radicará la novedoso de cada montaje al generar un espacio-otro, una heterotopía como parte de la imprevisibilidad del hecho escénico.

Hago estas reflexiones pues nuestro reconocimiento como espectadores-creadores será el que acredite el por qué de este próximo Festival Internacional de Teatro de La Habana y los venideros.

Ahora queda que sea el público y la crítica quienes avalen desde diferentes perspectivas el desarrollo del evento. La crítica tienes espacios suficientes para manifestarse. ¿Los Públicos se expresan solo asistiendo a las funciones?

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