Cuba En Danza, 60 Años De Creación

Por Marilyn Garbey

Ya se anuncian las celebraciones por los 60 años de la danza moderna cubana, un movimiento artístico que nació con la Revolución y que hoy goza de buena salud, en virtud del fecundo intercambio entre varias generaciones de bailarines, coreógrafos, maestros, investigadores, críticos y espectadores.

En los últimos tiempos, la danza ocupa espacios en la cartelera con más asiduidad, y es que las nuevas generaciones han fundado compañías que comienzan a trazar caminos singulares en la cultura del país. A la estabilidad de agrupaciones de larga data, ahora se suman las energías de los más jóvenes, seguidores de la senda de los maestros, dispuestos a dibujar sus propias rutas, interactuando con las tradiciones e incorporando sus visiones del mundo en que viven, regido por la impronta de las pantallas digitales.

George Céspedes, el más reconocido de los jóvenes talentos, fundó Los hijos del director, para cuyos montajes encuentra inspiración en corrientes filosóficas o en urgencias de la cotidianidad. El último recurso, su más reciente estreno, versa sobre la necesidad de sobrevivir como núcleo creativo sorteando obstáculos e incomprensiones. Céspedes continúa trabajando con Danza Contemporánea de Cuba, donde laboró por largos años, colectivo que sigue presentando sus piezas en grandes escenarios del mundo. La puesta en escena de Carmina Burana, en montaje de Miguel Iglesias y coreografiada por Céspedes, fue laureada con el Premio Luna en la temporada realizada en el Auditorio Nacional de México.

Carmina Burana. Foto Adolfo Izquierdo

Osnel Delgado, bailarín de excepcionales cualidades como intérprete, ha creado Malpaso, que sube al escenario del Teatro Martí con frecuencia. Sus funciones en el Kennedy Center, de Washington, arrancaron elogios del público y de la crítica. Se anuncia que, próximamente, tendrán al mítico Mats Ek entre sus colaboradores, gracias a sus vínculos profesionales con el Joyce Theater de Nueva York. También Ohad Naharin ha trabajado con esta compañía.

Sandra Ramy y su Colectivo Persona recibieron el Premio Villanueva de la Crítica por Yilliam de Bala coming soon, un trepidante recorrido por nuestra contemporaneidad, en el cual los intérpretes compartían el espacio con el lenguaje audiovisual.

Julio César Iglesias es coreógrafo de Danza Contemporánea de Cuba. Radicado en Europa, ha trabajado como bailarín con Pina Bausch, Wim Vandekeybus, Carolyn Carson, entre otras figuras de la danza del mundo. Esos saberes los ha incorporado creativamente al tronco de la danza cubana moderna. Su estreno más reciente, La segunda piel, es una mirada descarnada a la vida contemporánea.

      La segunda piel de Julio César Iglesias. Foto Buby

Una de las razones que explican la fuerza de la danza contemporánea cubana es la formación de bailarines, fruto del sistema de enseñanza artística que se extiende a lo largo y ancho del país. De ahí que en Guantánamo, una ciudad muy alejada de los centros decisores, radiquen tres compañías de alto nivel. Danza Fragmentada, dirigida por Ladislao Navarro; Danza Libre, conducida por Elio Reina, y una de reciente creación, Médula, liderada por el joven Joel González. Debo decir que la norteamericana Elfrida Malher, una de las fundadoras del movimiento cubano de danza moderna, se asentó en esa ciudad, allí formó bailarines y creó Danza Libre. Su tarea la continuó el fallecido Alfredo Velázquez,  bailarín, maestro y coreógrafo.

Danza Libre de Guantánamo. Foto Carlos Rafael Díaz Borges

Desde la ciudad de Holguín, en el oriente del país, se ha tendido un puente con el mundo a través de la presencia de Vladimír Malakhov. Organizado por la compañía Codanza, dirigida por la coreógrafa Maricel Godoy, el Grand Prix que lleva el nombre del bailarín distingue a intérpretes y coreógrafos.

   La consagración, Danza Espiral. Foto Carlos Rafael Díaz Borges

En Matanzas,  la coreógrafa Lilian Padrón organiza DanzanDos, certamen coreográfico que ha revelado la pujanza de los más jóvenes, al tiempo que valora el aporte de los maestros. Porque la danza cubana ha sido una construcción colectiva, donde muchos creadores han realizado sus aportes.La Habana, capital de Cuba, es el epicentro de nuestro movimiento danzario. Aquí radica Danza Contemporánea de Cuba, la compañía que fundó el maestro Ramiro Guerra, dirigida hace más de 20 años por el bailarín Miguel Iglesias, laureado con el Premio Nacional de Danza en este 2018.

Tras 60 años de trabajo ininterrumpido, valdría la pena meditar sobre los aportes de Danza Contemporánea de Cuba a la cultura cubana. Me atrevo ahora a subrayar  algunos aspectos, pero el tema merece mucha más atención:

 – Todos los colores de Cuba suben a escena: hombres y mujeres, blancos, negros, mulatos.

– Los coreógrafos reflejan los conflictos del ser cubano.

– La creación de la técnica de danza moderna cubana, nacida y desarrollada al calor del trabajo, en constante interacción con las tendencias mundiales de la danza, que ha propiciado la formación de bailarines de alto nivel. Muchos nombres debo mencionar: Eduardo Rivero, Santiago Alfonso, Arnaldo Patterson, Gerardo Lastra, Isidro Rolando, Ernestina Quintana, Silvia Bernabeu, Perla Rodríguez, Cira Linares, Clara Luz Rodríguez, Nereida Doncel, Luz María Collazo, Víctor Cuéllar, Rubén Rodríguez, Nelly Fernández, Marianela Boán, Dulce María Vale, Isabel Blanco, Luis Roblejo, Esteban Delgado, Lídice Núñez, Jorge Abril, Víctor Alexander, Luisa Santiesteban, Armando Martén, Miguel Altunaga, Yoerlis Brunet, Yaday Ponce, Gabriela Burdsall, Alena León, Aymara Vila, Wisley Estacholy.

– La vinculación estrecha con el sistema de enseñanza artística.

-Un modelo de gestión cultural que ha permitido la colaboración con coreógrafos de renombre mundial y la presentación de la Compañía en los más prestigiosos escenarios del mundo. Han montado obras con Mats Ek, Jan Linken, Rafael Bonachela, Angels Margarit, Cathy Marston, Lea Anderson, Kenneth Kvatroms, Billie Cowie, Juan Kruz. Han subido a los escenarios del Teatro Real de Madrid y del Mercat de las Flores, en España; al Joyce Theater de New York;  al Sadler Wells,  News Castle Royal,  Royal Opera House, en el Reino Unido; al Teatro de la Opera de Berna, Suiza; al Teatro de la Opera de Mónaco, el Teatro Real de Luxemburgo, Auditorio Nacional de México, la Casa de la Danza de Lyon en Francia, y al Palco de la Música en Roma.

– La formación de públicos conocedores  de la danza y prestos a interactuar con nuevas formas de hacer.

– La capacidad de la Compañía para generar la formación de otras agrupaciones danzarias.

Cada año, Danza Teatro Retazo, liderada por la maestra Isabel Bustos, organiza el Festival Danza en Paisajes Urbanos de gran  convocatoria, pues a bailarines y coreógrafos se suman los espectadores de la Habana Vieja, centro histórico de la ciudad, cuyas calles y plazas acogen a los danzantes con generosidad.

Danza Combinatoria es un concepto acuñado por la maestra Rosario Cárdenas. Afrodita, ¡oh espejo!, último estreno de su compañía, es evidencia de su empeño para reflexionar sobre la identidad nacional, subrayando los diferentes lenguajes de la escena. Para la ocasión, convocó a Frank Fernández, maestro de generaciones de pianistas, autor de la música original para la obra.

     Afrodita, ¡oh espejo! de Rosario Cárdenas. Foto Buby

El panorama danzario cubano incluye a Lizt Alfonso Dance Cuba, agrupación que fusiona todos los géneros de la danza. Desde su sede en el centro histórico de la ciudad, han generado un programa de trabajo que va desde los montajes coreográficos, presentaciones en teatros de Cuba y del resto del mundo, intercambio con colegas cubanos y de otras latitudes, (actores como Osvaldo Doimeadiós, músicos como César López, cantantes como Ivette Cepeda, investigadores como Eberto García), hasta una red de formación de bailarines, que abarca desde las edades más pequeñas hasta adultos, y un numeroso público que los sigue con fervor.

Para felicidad de sus seguidores, esa leyenda de la danza que es Carlos Acosta radicó su compañía, Acosta Danza, en el céntrico barrio del Vedado habanero. Receptor de la herencia del Ballet Nacional de Cuba y de Danza Contemporánea de Cuba, agrupaciones de donde provienen los bailarines que integran su colectivo, Acosta se propuso romper las fronteras de la danza, una señal que está en los genes de las tradiciones danzarías cubanas. Recuérdese la Carmen, de Alberto Alonso, magistralmente interpretada por Alicia; los vínculos de Loipa Araújo con coreógrafos de la talla de Maurice Bejart y Roland Petit, de quienes fue musa inspiradora; las coreografías de Ramiro Guerra en las que se valió de la percusión afrocubana, de las pautas de la escuela moderna norteamericana, de las herramientas del teatro y del ballet. Carlos también ha invitado  a Cuba a coreógrafos como María Rovira y Goyo Montero, quienes ya habían colaborado con el Ballet Nacional de Cuba, y a otros como Sidi Larbi o Saburo Techicawara, que llegaron por primera vez a Cuba. Los espectadores cubanos esperan la premier de Yuli, la película de Icíar Bollaín que narra la biografía del bailarín.

Así transcurre el acontecer de la danza contemporánea cubana, a punto de arribar a sus seis décadas de trabajo, fiel a los principios fundacionales, en diálogo con su contexto social, interactuando con el mundo.

 

 

 

 

 

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