Yuxtaposición, ¿lo efímero del concepto?

Yuxtaposición, en una primera instancia poética, diría que danza y “plástica” (mejor que visual, en este caso) se superponen o, mejor, coexisten una al lado de la otra, una frente a la otra, una alrededor de la otra, en el mismo espacio de su exhibición. Quizás también como expresión visual y sensorial de cuán diferentes son

Por Noel Bonilla-Chongo

Las palabras son las cosas

Joan Brossa

A Norge y a su estar del “otro lado” de quien no investiga y produce, me unen afectos y aplausos. Sé que es obrero tenaz de la danza, vive y va por ella en las íntegras veinte y cuatro horas del día. Y, para bien, ha logrado que su tropa, lo siga en tamaña empresa; más, en nuestro hoy marcado por congojas e inacciones, justas e injustas, pero siempre revocables.

Estuve en la versión más reciente de Yuxtaposición, suerte de invasión espacial en Línea Arte Contemporáneo, casona de donde ebullen estimables proyectos, muestras, productos, bajo el sello de buen arte en nuestra polifónica contemporaneidad. En la proposición de Norge con OtroLado DC (no sé si llamarla “pieza”, no la siento tal cual), se presume de cierta correspondencia motivacional y referencial con la obra del poeta, dramaturgo y artista plástico catalán Joan Brossa (una selección de su obra está expuesta en la galería), quien produjera una extensa y muy variopinta obra, aun cuando su marca alrededor del “poema visual” es identificativa de su todo creacional.

Yuxtaposición, en una primera instancia poética, diría que danza y “plástica” (mejor que visual, en este caso) se superponen o, mejor, coexisten una al lado de la otra, una frente a la otra, una alrededor de la otra, en el mismo espacio de su exhibición. Quizás también como expresión visual y sensorial de cuán diferentes son.

La obra de Brossa se ubica y sitúa física e inmanente en el mejor de los espacios (muros, soportes, vitrinas), mientras que, con la danza, a lo mejor por sus trayectorias, desplazamientos, cruces, poses, pausas, prolongaciones temporales y global tratamiento dinámico del espacio (real y percibido, ficcional e inadvertido), no ocurre de similar manera.

Talvez para el coreógrafo no sea esto un literal impediment (obstáculo, freno, estorbo, impedimento, obstrucción) en el camino de su aprehensión corpo-espacial del acto y su significación; incluso, pudiera ser un dispositivo suyo muy propio donde, intencionadamente, podría no haber un protagonista y un antagonista que representan dos universos muy diferenciados en lo matérico y textural, en lo propositivo y funcional, en lo estético y lo imaginativo.

Pero, para quien sigue con atento ojo visor y sensor la presencia y performance de los cuerpos danzantes en su juego imparable por “yuxtaponerse”, los unos frente a otros, el otro consigo mismo, y el yo individual a la diversidad visual made in Brossa y del presto espectador que no quiere perderse nada, la ansiedad se vuelve posesión. Y con ella, la dispersión, lo descentrado, la pérdida de atención.

Dícese que la yuxtaposición constituye una convención invariante de la danza en todos los tiempos. En tanto dispositivo recurrente en la composición coreográfica, que gestiona el colocar dos o más posturas, movimientos, gestos danzados, también ideas conceptuales o temáticas, e imágenes corporales, una junto a otras, por lo general para distinguir sus diferencias o semejanzas cualitativas, en cuanto a dinámicas, peso, flujo o énfasis específicos, lo sigue siendo. Incluso, suele operar física y imaginalmente para dar contraste, variación, color, estructura, hondura, elevación y más dentro de una frase, secuencia o entramado movimental.

Ahora, se me ocurre pensar que Norge, conociendo esta obviedad, intenta franquear lo tradicional del concepto con el propósito de que su idea situada de la yuxtaposición aquí manejada, favorezca la invención de un posible abecedario, de un vocabulario muy definido, de grafías gestuales y corporales advertibles en la danza que, ahora vendrían como recontextualización del universo Brossa contenido en las habitaciones de la galería y, con ello, proporcionar la resemantización de los cuerpos, de la danza y lo aparencial de la situación que los va atravesando de un lugar a otro, de una pieza a otra, de este poema visual al siguiente.

Y digo situación con expresa finalidad, aun cuando no la apellide “dramática”, pues, desde la apertura de la intervención, se presume de cierto dramatismo escénico, sea por el espacio concebido para la acción escénica y la disposición del público, sea por la máscara facial, el elocuente vestuario, por el ambiente sonoro, por el maquillaje, la límpida y quirúrgica iluminación y por el propio trazado de ir de aquí para allá a modo de croquis cronodiseñado y gobernado por la férrea voz de mando de los guías.

En Yuxtaposición y como suele ser siempre en las propuestas de Norge Cedeño y OtroLado DC, el cuerpo se muestra y glorifica en la plenitud de su exquisita presencia, en el dominio de saberse presente, moviente, cambiante. Pero, ante el “minimalismo” esencialista, de poética extractada, subsumida en el imaginario hipnagógico de Brossa, la danza se me hace demasiado inmensa e intensa.

Al yuxtaponer lo uno junto al otro, lo corpóreo cuasi “invisible” de la pieza plástica con la fisicalidad manifiesta del baile, voy requiriendo un centro de inferencia para recolocar la escala y volumen de lo danzado sin demeritar la cualidad corporal observada.

Aun así, y a sabiendas de que para Norge no hay cabos sueltos en su danza, que todo lo que ocurre tiene porqués y razones sobradas, es que trato de descifrar las rutas que su sentido de lo coreográfico me va dejando en Yuxtaposición.

Por un lado, sugiero regresar al entramado del baile, sí, a esas franjas que unen bandas, frisos, ribetes, cual señales y signos de un atrape, una cargada, una deslizada, un stop instantáneo o una pausa ensimismada. Sugiero, volver al sentido direccional del movimiento en su accionar colectivo, grupal, frontal y concreto. Sugiero volver a Brossa, no solo para seguir descifrando lo sumergido de su ampliado campo poético, sino para extraer de su esencialismo aquello que pudiera redimensionar (enmarcar y formatear el fondo, el centro, la longitud, la línea y sus contornos) el quehacer del cuerpo que baila y se vuelve obra.

Por otra parte, sugeriría ver cómo esos convencionales, llevados y traídos efectos (énfasis, caracterización, profundidad, persuasión, disposición, espacialidad, temporalidad) de la yuxtaposición, matizan, recalculan la fuerza, la potencia y calidad de los movimientos individuales y, sobre todo, grupales en este OtroLado DC yuxtapuesto.

Con todo y más, siempre agradecer a Norge y a su tropa, por ahora yuxtaponer una idea de lo danzable contra algo que fuera otrora porfía de lo visual y plástico contenido en la poesía de Brossa, reinventando otros espacios habaneros para volver más atractiva la gestión y circulación de la danza contemporánea. Gracias a Línea Arte Contemporáneo por expandir la idea que atraen “los opuestos”, y las conexiones que genera el carácter ilimitado de aquello que nos hará crear nuevos abecedarios, credos y modos de atrapar lo efímero del concepto, allí donde “las palabras son las cosas”.

Fotos © @frankd.ph