Week end en el cine

Por Frank Padrón

Al cineasta Léster Hamlet (Fábula) le gusta recrear sus historias fílmicas partiendo del teatro insular.

Ya había focalizado el mundo de choques afectivos, en el seno de una familia escindida tras el exilio en España de un hijo (gay, por más señas) que regresa tras no pocos años ausente: Casa vieja (2010 ) cuyo referente fue nada menos que Abelardo Estorino.

Las colisiones entre los que partieron y quienes permanecen en la isla han generado  no pocos textos en la literatura, el teatro y otras artes de las que el cine las se ha nutrido con frecuencia, aunque muchas veces también desde guiones originales.

 Lester se acercó al tema basándose en otra pieza de la escena cubana , en este caso del imprescindible Alberto Pedro: Week end en Bahía , en torno a una pareja que se reencuentra tras varias décadas sin verse: ella, establecida en Nueva York, le visita a él en su pequeño apartamento de un barrio alejado del centro, en la Habana.

Con su filme Ya no es antes (2016) , que pasara hace poco en el espacio veraniego de TV Cine cubano (miércoles, 10:30 p.m, CV HD), Hamlet presenta a un hombre y una mujer maduros que durante una madrugada reviven experiencias (la mayoría fallidas, abortadas antes de ser), recuerdos, etapas pasadas y presentes que han marcado a ambos, separados no solo por un océano y sistemas sociales diferentes.

Reto difícil, como han asumido colegas suyos en el cine norteamericano y aquel procedente de la extinta Unión Soviética, la de encerrar par de seres en una habitación, del que sale ileso el cineasta cubano en tanto atrapar el ambiente, sostener la temperatura dramática mediante acertados clímaxs, desandar las peculiaridades de ambos, en lo cual es cómplice el coguionista, Mijail Rodríguez.

Sin embargo, a medida que avanza el relato, se resiente un tanto cuando se percibe que no pocos de los conflictos anunciados quedan truncos, sin el desarrollo suficiente; de modo que el oportuno intertexto con aquel célebre filme de fines de los 70 (Retrato de Teresa, de Pastor Vega) que puede leerse como un indudable referente, invita a desear un buceo más a fondo en ese y otros conflictos de la pareja.

Esto se aprecia ante todo en el personaje de Mayra, cuya verdadera esencia, la almendra de sus frustraciones y problemáticas nunca se revela del todo, al punto de que sus estallidos y actitudes contradictorias no resultan calzados por una auténtica justificación dramatúrgica.

Ello incide incluso en el desempeño de una actriz, se sabe, tan competente como Isabel Santos, quien pese a sus esfuerzos no logra encauzar del todo al personaje, pues lógicamente no aparece diseñado como Dios manda. En tal sentido, mejor suerte corre el de su partner Luis Alberto García, pues además de las virtudes histriónicas del actor su Esteban se siente mucho mejor armado.

De cualquier modo, la química de la pareja actoral que decenios antes nos encantó en Clandestinos, de Fernando Pérez, se percibe.

Al margen de lo señalado, Ya no es antes detenta otros méritos incuestionables; entre ellos, la dirección de arte (Vivian del Valle) que en decorados y espacio escénico, accesorios y detalles, revela épocas y posturas; la banda sonora, que, amén de la partitura original creada por Harold López Nussa, incluye segmentos de definitorias canciones cubanas de varios momentos; o la siempre magistral fotografía del siempre presente Raúl Pérez Ureta, convirtiendo el detalle y las gamas en agentes de lo dramático.

Conceptualmente, el filme dice más por lo que silencia que por lo que expone: el hecho de que cada realidad y cada espacio geográfico encierre sus zonas oscuras y sus peculiaridades ; que “el tiempo, el implacable …siempre una huella triste” deja, como reza la canción de Pablo Milanés que acompaña los créditos finales ; de que somos hijos de nuestras decisiones y nuestras circunstancias, de que la memoria (personal, histórica) resulta lo mismo un tesoro invaluable  que una piedra de Sísifo, es algo que el texto de Alberto Pedro (estrenado a fines de los años 80 del siglo pasado) sigue predicando, entre la amarga ironía y el drama casi trágico,  ahora en la perspectiva fílmica de Rodríguez y Hamlet.

Noventa minutos que no se sienten en lo absoluta perdidos cuando aparece la palabra Fin, convencidos de que hemos asistido a un notable momento del cine cubano.

De esos que , por demás, beben con imaginación y aprovechamiento racional del teatro nuestro.

Foto de Portada: Tomada del periódico La Demajagua

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