Vicente Revuelta, el maestro presente

Por Marilyn Garbey Oquendo

 

…el primer deber del actor es inducir y ser capaz él mismo de actuar con una conciencia equivalente a una ética del mundo que proteja la fraternidad.

                                                               VR

 

Han transcurrido diez años de la partida física de Vicente Revuelta. Estremecida por semejante evidencia, miré sus fotos, casi todas en blanco y negro y sin identificar. Leí textos que valoran su impronta en nuestro teatro, ojeé programas de mano de sus obras, recordé anécdotas contadas por gente que fue muy cercana a él.

Actor, director, pedagogo, pensador, se sabe que Vicente era muy culto, lector infatigable, cinéfilo empedernido al que era frecuente encontrarlo en la Cinemateca de Cuba. Hombre que buscaba la esencia del ser humano, le inquietaba las circunstancias en que vivía, y sabía del valor del teatro como acto de comunicación:

El teatro necesario es aquel que sea capaz de crear condiciones para la  libertad humana  devolviendo la genuina frescura a los espíritus, poniendo a los jugadores (actor y espectador) en aptitud de tomar por sí lo útil sin ofuscarlos ni empujarlos por vías ya marcadas. (1)

Sus posibilidades extraordinarias como actor  fueron avaladas por  la crítica. Rine Leal, exigente y de afilada lengua, vio El círculo de tiza caucasiano, en 1961, el montaje de Ugo Ulive donde Vicente interpretaba el personaje del juez Azdak:

Claro que el primero de los elogios es para Vicente Revuelta. Se trata de un magnífico actor, que sabe manejar su cuerpo, decir sus parlamentos, expresar la intención justa, comprender la pieza y saber qué puede y qué no puede hacerse en un escenario. La prueba máxima la ofrece el público. Vicente aparece en los finales de la representación, después de más de dos horas de teatro, y lejos de fatigar sirve para un gran final de regocijo, ironía y aplausos. (2)

La dirección escénica fue otra vía de creación para Vicente  y allí también sentó cátedra. La noche de los asesinos, el montaje realizado a partir del texto de José Triana, recibió el Gallo de La Habana, distinción otorgada por Casa de las Américas, y fue invitado al Teatro de las Naciones de París. En aquella ocasión el dramaturgo Abelardo Estorino entrevistó a Vicente y a Triana, y dejò su valoración  de la puesta en escena:

…yo me acuerdo que cuando escribí una nota sobre la obra siempre dije que era un reto para el Director y los actores por lo que significaba de nuevo en cuanto al enfoque de la actuación, los personajes, las incorporaciones, que a mí me pareció que iba a ser una cosa muy difícil y confusa; la puesta en escena me ha demostrado todo lo contrario. (3)

Mario Rodríguez Alemán asistió en 1982 a la temporada de La duodécima noche, de William Shakespeare:

La maestría de Vicente Revuelta se presenta en dos aristas: la del realizador de este espectáculo, que todo él es una metáfora; la del actor que crea el Bufón, un personaje que desgarra el corazón y hace reír, que es una caricatura y excelente propósito viviente de comedia. La apropiación de todos los medios de expresión posibles se une a una depuradísima sensibilidad histórica en esta actuación inteligente y emotiva de Vicente Revuelta.  (4)

Cuando se repasan los títulos que Vicente llevó a escena como director se revela su infinita curiosidad, su mirada desprejuiciada al entorno, su necesidad de buscar nuevas sensaciones, el deseo de indagar en otros lenguajes para expresarse. Autores disímiles convocaron su atención: Lorca, Shakespeare, Tennessee Williams, Lope de Vega, Zorrilla, Bernard Shaw, Edward Albee, Guelman, Brecht, Carlos Felipe, Pepe Triana, Gogol, Chéjov.

Vicente experimentó con el lenguaje teatral, y ese es signo distintivo de su personalidad.  El diálogo con las ideas de Stanislavski, Brecht, Artaud, Grotowski, fueron etapas que atravesó, y  de cada uno tomó los recursos que necesitaba para sus propias búsquedas, pero lo hizo creativamente, partiendo de nuestras tradiciones y de sus inquietudes. Fue capaz de abandonar la comodidad de Teatro Estudio para experimentar con Los Doce. Y en Teatro Estudio retomó  Galileo Galilei, de Bertolt Brecht, y realizó un montaje en el cual los actores profesionales compartían escena con estudiantes del ISA, en arriesgado juego.

Eberto García Abreu fue uno de los  participantes en la aventura:

Los más jóvenes fuimos agrupados en un coro de discípulos que acompañaban a Galileo/Vicente en el estudio de la obra original de Brecht, a partir del texto y de la versión escénica inicial. Tales circunstancias historizaban, es decir, distanciaban el primer montaje y provocaban o motivaban el entrecruzamiento de visiones diferentes respecto a la proyección social del teatro y de su propia artesanía, teniendo presentes las aspiraciones y las distintas experiencias precedentes de los individuos que tomaban parte en el proceso teatral, cultural y humano, ofrecido por el nuevo Galileo… (5)

Al final de su carrera en escena, Vicente trabajó con jóvenes de diferentes procedencias, y convirtió todos los rincones de la Casona de Línea es espacios teatrales. Vivian Martínez Tabares fue espectadora de La zapatera prodigiosa:

El virtuosismo cede a la entrega, al júbilo del descubrimiento, para explorar en las pequeñeces que hacen al amor imposible. El espacio muerto se deja habitar por el teatro vivo. La frescura en la apropiación de la pieza de Lorca acentúa una potencialidad, no siempre valorada, de reafirmar lo más auténtico. (6)

Roberto Salas San Juan fue uno de los últimos colaboradores de Vicente. Era parte del elenco del Café Brecht, que también se presentó en la Casona de Línea, y contó un pasaje que retrata al hombre de teatro que fue Vicente:

En 1997 conocí a una brasileña que llegó a Teatro Estudio animada por el deseo de compartir una experiencia ritual con Revuelta y un reducido grupo de sus discípulos. Se trataba de prácticas shamánicas que ella había aprendido en la tribu donde vivía, oculta en algún lugar de la gran selva amazónica. Aquella noche fue determinante en la gestación del grupo Chispa. No recuerdo el nombre de la mujer, pero sí sus rasgos y su mirada profunda. Ayudamos entre todos a preparar una fogata gigante, y nos entregamos con respeto a un extraño ritual, el cual comenzó con una exquisita y amarga infusión. Llevábamos ya algunas horas cantando y tocando tambores, cuando Revuelta se percató de que dos vecinos –muy silenciosamente nos observaban desde la casa contigua al patio donde estábamos. Entonces de manera firme mandó a pararlo todo, y nos llamó la atención sobre estas personas. A partir de ese momento el ritual se convirtió en una representación. Nunca podré olvidar sus palabras: «Ahí están los espectadores… ¡Comenzó el teatro!». (7)

No fue Vicente  un maestro en el sentido habitual que conocemos. La Dra. Graziella Pogolotti, entonces decana de la otrora Facultad de Artes Escénicas del ISA, avizoró el estremecimiento que provocaría entre los jóvenes estudiantes y lo sumó al claustro docente.  Hasta hoy,  Vicente es presencia viva en el teatro cubano. Tanto es así  que  ha inspirado dos obras de teatro: El acto, de Teatro El Caballero, que dirige José Antonio Alonso; y Misterios y pequeñas piezas, de Argos Teatro, bajo la dirección de Carlos Celdrán. Antonia Fernández montó Historia de un caba-Yo,  pieza del repertorio del Vicente director, y Arturo Sotto lo hizo protagonista del corto de ficción En la calzada de Jesús.

Enrique Álvarez le dedicó el documental El largo viaje; y Rolando Almirante registró el testimonio de Vicente en un Telón abierto. En las revistas culturales los teatrólogos reseñaron su carrera: Amado del Pino, Roberto Gacio, Bárbara Rivero, Vivian Martínez Tabares, Eberto García Abreu, Lilian Vázquez, Roxana Pineda, Norge Espinosa, William Ruiz, Yoimel González.  También Rosa Ileana Boudet, Raquel Carrió, Reinaldo Montero.

Actores que trabajaron con Vicente han narrado anécdotas de sus experiencias: Corina Mestre, Michaelis Cué, Flora Lauten, Ada Nocetti,  Pancho García, Alina Rodríguez, Roberto Palacio, Carlos Pérez Peña, Alexis Díaz de Villegas.

Libros como Vicente Revuelta. Monólogo, de Maité Hernández-Lorenzo y Omar Valiño; y El juego de mi vida. Vicente Revuelta en escena, de Esther Suárez, recogen las confesiones más íntimas del teatrista.

La condición intelectual de Vicente ha sido referida por la Dra. Graziella Pogolotti, quien subrayó la capacidad que tuvo para generar pensamiento teatral.  Cada montaje de Vicente convocaba la atención por su expresa vocación de  abandonar los caminos trillados y experimentar por mundos desconocidos.  Y en esa aventura intelectual y escénica involucraba a todo el teatro que se hacía en Cuba, por eso estremece la inquietante actualidad de las reflexiones que publicó.

El espíritu inconforme de Vicente Fernando  Revuelta Planas  es uno de sus más extraordinarios  legados a la cultura cubana, inconformidad traducida en investigación permanente, en trabajo artesanal constante, en pasión por el teatro. Pero también se atesora  su credo ético, sustentado en la fraternidad, que tanto necesitamos en estos tiempos.

Referencias:

-Revuelta, Vicente: Martí, Artaud, Brecht: hacia el teatro como participación y síntesis de significantes poéticos universales. Tomado de Tablas 1990, N 2

-Leal, Rine: El círculo de tiza caucasiano (II). Tomado de En primera persona  (1954.1966). Instituto del Libro, La Habana, 1967

-Estorino, Abelardo: Destruir los fantasmas, los mitos de las tradiciones familiares. Entrevista a José Triana y Vicente Revuelta. Tomado de Conjunto No 4, año 2, agosto-septiembre de 1967

-Rodríguez Alemán, Mario: Shakespeare, siempre Shakespeare. Tomado de Mural del Teatro cubano. Ediciones Unión, 1990

– García Abreu, Eberto: Evocación de Galileo Galilei. Tomado de Tablas 2004, N 1

– Martínez Tabares, Vivian: Vicente, Brecht y Lorca: la fiesta del teatro. Tomado de Pensar el teatro en voz alta. Ediciones Unión, 2008

-Salas, Roberto: De  la expresión a la vivencia. Tomado de Tablas 2009, Anuario

 

Foto de Portada: Archivo Cubaescena

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