El universo de Federico, tan cercano al nuestro

Por Maikel Chávez

La Casa Editorial Tablas-Alarcos fue la primera en ver la aparición de Federico Maldemar, personaje de la obra Un mar para Tatillo, que mereciera en 2008 el Premio de Dramaturgia para Niños y de Títeres Dora Alonso en su primera edición. En el prólogo del libro, Luis Enrique Valdés, al referirse a él, hace una pregunta:

¿Cómo habrá llegado ese personaje a la imaginación de Maikel Chávez? Hay cosas que los amigos no sabemos y tampoco las preguntamos. Hay cosas que a los amigos solo nos toca suponer. ¿Será el enorme ratón que soñó poner Florencio Gelabert sobre Cayo Ratón? Cayo Ratón es un montoncito de tierra en medio del mar. Si Federico es ese ratón que imagino, créete Dios, Maikel. Haz que vuelva la cabeza y conviértelo en estatua de sal para siempre. Gelabert estará feliz y evitarás que cobre vida alguna vez, camine sobre las aguas como un espíritu luminoso y de un paletazo se coma a Caibarién, que es lo más parecido a un queso si lo miras desde lejos.

Estas opiniones del prologuista se deben a que Federico era un personaje antagónico en su primera obra. Y como siempre conectaba de inmediato con los niños, al dar el salto de la literatura al teatro, su carácter se fue perfilando. De antihéroe, poco a poco tomó el matiz de héroe contemporáneo, que se parece a la realidad que circunda no solo a los niños, sino también a los padres.

Teatro Pálpito fue el primero en llevar a escena Un mar para Tatillo. En el intercambio con los actores surgieron nuevos perfiles y se sumaron otras líneas de acción. Nos presentamos en casi todos los principales teatros de Cuba, y siempre llamó la atención el poder de comunicación que tenía el pequeño ratón. Incluso, la teatróloga Yudd Favier, en un acostumbrado chiste de teatreros, llegó a llamar la obra El show de Federico, lo cual tomé como un camino de exploración para que el personaje tuviera mayor vuelo.

Así que, cuando vinieron otras obras —testigos de la mutación hacia el carácter definitivo del personaje—, ya Federico Maldemar fue protagonista.

En el libro Ocho historias para un domingo, próximo a salir por Ediciones Alarcos, Rubén Darío Salazar en sus comentarios lo describe con total maestría:

[El mundo de Federico Maldemar es] una trilogía de textos, unidos por la presencia constante del malvado Federico Maldemar, un antirratón que no come queso ni chocolate. Leeremos a Federico en el circo. Federico interactuando nada más y nada menos que con Don Quijote de La Mancha. Federico en el origen de su propio mundo: una oscura alcantarilla llena de cientos de ratones.[…]

Maikel redime al malvado Federico Maldemar en el cierre de la trilogía. Nos lleva hasta su infancia convulsa y concluye cambiándolo y haciéndolo apostar por un mundo mejor. El mundo al que aspira el mismo Maikel, al que aspiramos todos.

La presencia de Federico no es solo en Tablas-Alarcos. Lo encontraremos también en Ediciones Cubanas, donde se prepara una serie de libros interactivos para que los niños lean y jueguen con pasatiempos, hermosamente ilustrados por Alexander Rodríguez, el director de la producción audiovisual Federico y Pipo Pipo, que hemos realizado por los Estudios de Animación del ICAIC. Asimismo, para este verano presentaremos tableros y organizadores con la imagen del ratoncito soñador, que tan bien conecta con niños y adultos. Es decir, Federico se ha convertido en un producto multimedial.

El pintoresco personaje, desde la multiplicidad de espacios, dialoga con niños y adultos sobre temas puntuales de la Cuba de hoy y establece una interconexión donde propone que pensar un futuro mejor es siempre posible. No importa cuán duro sean los tiempos, el alma del niño creará disímiles caminos en busca de la felicidad.

En tiempos de coronavirus, Ernesto Tamayo y yo —acudiendo a nuevas estrategias creativas— hemos realizado, para Radio Progreso, Cuentos para Federico, un programa ideado con el propósito de «salvar» el verano de 2020 —que afortunadamente se ha extendido hasta el presente año y pretendemos continúe—. Al inicio fue enteramente desde casa, ya que los estudios de grabación habían cerrado por los obvios protocolos sanitarios. Actualmente grabamos desde los estudios tomando todas las medidas de protección y con un pequeño equipo de realización.

A partir del añejo arte de contar, Federico nos invita a conocer los más importantes cuentos cubanos y universales. Las historias que cuenta se hacen acompañar con la música original de Eduardo O’ Burke, quien creó todo un universo sonoro que favorece el delicioso juego de la interpretación.

Aunque el público meta sean los niños, somos conscientes de que todo producto diseñado para estas edades gana un doble público, ya que suma a los padres a la escucha. Apelando a disímiles recursos sonoros, ofrecemos un puente comunicativo con los creadores, es así que dedicamos algunos programas a músicos, escritores, pintores… a artistas, en fin, que se suman y le cuentan de su quehacer diario a Federico, o lo que es lo mismo, a los niños y a la familia de seguidores.

El programa radial utiliza, además, su página de Facebook para aunar públicos diversos de varias partes del mundo, así es que contamos con audiencia en Argentina, España, Perú, Chile, México, Colombia y otros sitios desde donde nos llegan reportes diarios. Es una propuesta que integra varias plataformas y apuesta por un discurso renovador y a tono con la época que vivimos, siempre defendiendo lo más auténtico de las tradiciones cubanas.

De la literatura al teatro y de allí a la radio, a las redes sociales, a la televisión y al cine, Federico Maldemar se ha dado a conocer.

Al decir de la escritora y asesora de programas radiales Georgina Granda Gómez:

Cuentos para Federico es ya un tiempo y un espacio ganados para el disfrute familiar, porque alrededor de la «gente pequeña» de cada casa —y más en estos largos meses de dura la amenazante pandemia— suelen agruparse mamás y abuelitos, papás y tías, postizos o no, y hasta algún vecino curioso.

El tono coloquial y campechano es uno de sus talismanes; otro lo es el desenfado y el humor, de sonrisa reflexiva o franca carcajada. La inclusión de múltiples colaboraciones, de voces frescas de niñas y niños inspirados, y de otras voces expertas, como la de la afectuosa Yumié Rodríguez y, sobre todo, la inmensa capacidad de sorprender del colectivo de realización, hacen de Cuentos para Federico una recomendación válida […] porque además la premisa es la creación a toda costa y costo, donde la inteligente y oportuna inclusión de clásicos musicales y narrativos defienden todavía más esta idea multiplataforma.

Aquí lo mismo a una le dan ganas de exclamar: ¡Viva Beethoven y viva Federico!, así, juntos; que quisiera guardar bien grabaditas interpretaciones como la de Pato Zapato o Ganso Garbanzo. O quizá… (lo más probable) se vea una impulsada a felicitar a Federico, quien se atreve a declarar: «Ningún rey de ningún cuento sirve pan na». O representarnos tan bien como cubanos al decir: «Yo sufro pero gozo». ¿Y qué más? ¡Larga vida a Federico en su casa, la Onda de la alegría!

Próximamente, en el número 1-2 de 2021 de la revista Tablas, tendremos la oportunidad de leer la obra Vida y milagro de Federico Maldemar. En su presentación, la ensayista Marilyn Garbey comenta:

Esta pieza es como un juego de niñas y niños, donde ellas son las que se rebelan ante el uso desmedido del poder. Por aquí desfilan personajes de cuentos, leyendas, dibujos animados. Y los títeres expresan los deseos infantiles: aquella quiere ser la princesa encantada a quien despierta el príncipe con un beso, él quiere ser una marioneta como pinocho, hacer un collar de estrellas para su mamá, ser rescatado por su papá del vientre de una ballena. La publicación de este texto propiciará futuros montajes en los que actores y títeres renueven el deseo de jugar a transformar el entorno en que vivimos. No más guerras, no a la destrucción del planeta, no a la intolerancia… Si el Conejo Blanco nos recuerda que no hay límites en los sueños, Federico nos alerta: «De qué sirven los sueños si no luchamos por lograrlos». Vida y milagro de Federico Maldemar debiera volver a escena en estos tiempos de pandemia. Sus personajes insisten en que es posible preservar el planeta y vivir en paz.

Muchas aventuras nos quedan por experimentar junto a este carismático ratoncito. Es muy gratificante sentir que en medio de tiempos tan difíciles por la pandemia los niños lo esperan en la radio y luego en el chat de WhatsApp que está vinculado con la facultad de Sicología de la Universidad de La Habana, donde colaboran las sicólogas Roxanne Castellano y Nilza Gonzáles, y que esos mismos niños están hasta soñando con hacer una banda musical para cantar a su estilo, a lo loco, a la manera libre y divertida de su amigo Federico. Todo ello significa un gran avance en la insistencia de ir en busca de nuestros públicos, los de aquí y ahora, y el compromiso como creadores de realizar obras cercanas a sus intereses. Comprendamos que, una vez que pase la pandemia, encontraremos en los teatros a un público dañado sicológicamente, por lo cual debemos apelar a la responsabilidad y vincularnos a sicólogos con el fin de realizar una selección atinada de los repertorios, al menos en esa etapa de retorno a la vida sin encierros ni pandemia.

Federico apuesta por la alegría como herramienta sanadora, y como bien él sentencia: «Los sueños son tan frágiles que el aleteo de un zunzún podría quebrarlos, pero el espíritu y la fuerza del soñador podrán siempre salvarlos».

Fotos cortesía del autor.

 

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