Tito Álvarez, más allá de la escena

Este 12 de julio se cumplieron 58 años de la filmación de la película Giselle, un filme con guion de Enrique Pineda Barnet, versión coreográfica de Alicia Alonso y dirección musical de Manuel DuchesneGuzán, producido por el ICAIC, del cual dejó testimonio el destacado fotógrafo cubano Tito Álvarez

Por IsachiDurruthy

Lo original está en uno mismo, en
la búsqueda constante y desenfadada
del objetivo, en la reparación y en
las previsiones.[1]
Tito Álvarez

No podría afirmarse que José González Álvarez (Tito Álvarez, Las Tunas 1916- La Habana, 2002) fue un esporádico testimoniante de nuestro Ballet Nacional. A pesar de su afamado quehacer como cronista de la sociedad y el sujeto cubano popular, creador de importantes series que lo catapultaron como tal —Con un poco de humory Gente de mi Barrio(1982)— se advierte en su prolífera carrera un interés por reflejar, creativa y continuamente, los acontecimientos danzarios de la Isla.

Con Tito Álvarez, la fotografía de ballet en Cuba desata nuevas preocupaciones en torno al sentido expresionista de la representación plástica. El despegue hacia la realidad subjetiva de la obra de arte se explicita en la ferviente sensibilidad de sus imágenes. Revelando su desacuerdo hacia la referencia estática de los movimientos, pasos y gestos del ballet clásico, supo extraer y explotar al máximo los artilugios emanados de la escena.

La imagen del perro en la ventana es una de lasmás famosas de Tito Ávarez.

Cuando en 1950 este otrora cantante de boleros de la C.M.Q. ingresa en el Club Fotográfico de Cuba, el naciente influjo autodidacta de la gran mayoría de sus integrantes, lo incitan a superarse formalmente. La importancia cardinal de este centro como catalizador de novedosos acercamientos y perspectivas de difusión para la fotografía cubana fue, a nuestro juicio, un suceso determinante en sus ulteriores enfoques. Fue esta institución el espacio idóneo para la adquisición de una sólida y definitiva instrucción profesional como fotógrafo. Acontecimiento que le permitió, entre otros aspectos, realizar las primeras exposiciones internacionales[2] y obtener importantes reconocimientos. En 1956, Tito alcanza el Premio Anual de la Kodak y, ese mismo año, la medalla de plata en el concurso Amigos del Mar, auspiciado por el Club. Cuatro años más tarde conquistó el primer premio en el Salón Semestral otorgado por el Club Fotográfico Mexicano.

El Club favoreció el contacto directo con la puesta en escena, interrogantes en torno a los efectos, contrastes lumínicos, el sentido composicional, los motivos representados y conocimientos generales en torno a la danza. Las perspectivas de estas aproximaciones formales, de raigambre clásica, mostraban una mirada que contrastabacon las concepciones de representación dominantes en la década del cincuenta.Armando y Narcy, los más renombrados retratistas de la época, preponderaban en sus estudios de tipo glamour a las grandes estrellas de la radio y la televisión. Mientras Rogelio Moré, Emilio Contreras, Ángel de Moya y el propio Tito, demostraban fascinación por todo lo referente a los espectáculos que se ofrecían en el Teatro Auditórium y en el Nacional. Estas imágenes, tomadas en su mayoría durante las presentaciones del Ballet Alicia Alonso, no se inclinaron tanto hacia la captación de figuras reconocidas del ámbito danzario como a las autónomas posibilidades de exploración en torno al ballet. Era sencillamente una oportunidad para redescubrir las cuantiosas posibilidades plásticas que ofrecía la danza.

Desde las inmediaciones del Club, Tito desarrolló, también, una intensa labor como especialista en “El Rincón de Crítica”, una de las secciones más importantes del Órgano Oficial del Club Fotográfico de Cuba. En este espacio se examinaban y corregían las imágenes tomadas por los miembros más jóvenes, así como aspectos formales concernientes a la composición, el manejo de la perspectiva, la disposición de la iluminación y las técnicas fotográficas empleadas.[3]

Nicolás Guillén fotografiado por Tito Álvarez.

Esta faceta como comentarista de lo nuevo, intérprete y crítico, le permitió desplegar un importante rol en disímiles eventos. Así, entre 1951 y 1962, participó como jurado en todos los Concursos auspiciados por los directivos de dicha organización.

Si bien es cierto que fue el Club Fotográfico de Cuba el primer espacio para las aproximaciones de Tito Álvarez al mundo del ballet, y dado que la gran mayoría de los integrantes se acercaron a la danza solo como hobby, fue verdaderamente a partir de 1959 que las incipientes tentativas serían desplazadas por una mirada dispuesta a aprovechar al máximo todo lo novedoso que se avizoraba para la danza en Cuba. A partir de este momento se concretarían experiencias de una profunda esencia renovadora.

El protagonismo de los líderes revolucionarios, la especial sensibilidad ante la participación colectiva, esa intuitiva inclinación hacia el espacio de convivencia y los sujetos comunes, fueron actitudes decisivas para las proyecciones fotográficas de los sesenta. Fue perceptible una nueva intencionalidad plástica, una preeminencia no tanto simbólica como expresiva, que devendría legado consustancial para las concreciones artísticas del período.

En 1963 y hasta 1978, Tito Álvarez se une al departamento de fotografía del Consejo Nacional de Cultura (Ministerio de Culturadesde 1976). Obligado a dejar una constancia gráfica de los más disímiles acontecimientos artísticos, el hecho de ponerse en función de las necesidades de cobertura institucional, no disminuyó el imperecedero afán por ampliar las posibilidades del medio fotográfico ni sus necesidades como artista. A partir de este momento, la vinculación con el Ballet Nacional de Cuba sería el inicio de una fructífera colaboración que legaría paradigmáticos ejemplares. No solamente fungió como colaborador de la revista Cuba en el Ballet, también encontramos su obra en La Gaceta de Cuba, Mujeres, El Caimán Barbudo, Verde Olivo, y en los periódicos Juventud Rebelde y El Mundo.

Cuando en 1963, el fotógrafo acude como cronista a la filmación de Giselle, del cineasta Enrique Pineda Barnet, dejaría inscrito definitivamente su nombre en la historiografía de las artes visuales cubanas.[4]

La serie realizada a la prima ballerina asssoluta, como parte de la grabación y las sesiones de fotos de este largometraje, devinieron en icónicos referentes de Alicia encarnando su mítico rol de Giselle. Delicadeza y fragilidad emergen enfáticamente cimentadas por la especial riqueza en la concepción escenográfica desarrollada por Efrén del Castillo.  La uniformidad en el manejo de la iluminación, la serenidad que emana de la composición, acentúan el ideal de pureza que transfiguran a la inocente joven en un ser inmaterial, ingrávido. El fuerte e inhibido contenido dramático enunciado por la dócil gestualidad de la bailarina, a saber, la imposibilidad de reunirse con su amado, el elevado misticismo de la escena nocturna, quedan manifestadas en la equilibrada disposición formal de esta secuencia.

De presencia seductora e inmarcesible, en vilo como un albatros, tal y como expresara Miguel Barnet, vuelve a deleitarnos la candidez de Alicia Alonso en su icónico personaje romántico. El fotógrafo captó con suma destreza un momento de inhibida conmoción. Pero aquí, la obra de arte nos remite ineludiblemente a una realidad que trasciende la belleza de lo representado, esto es, la genialidad de una artista poseedora de “(…) un esplendor espiritual que ilumina sus apariciones”.[5]

Tito Álvarez manifestó una ferviente intencionalidad evolutiva que, desde principios de los sesenta, legó momentos descollantes para nuestras artes visuales. En la búsqueda de ello, un nuevo efecto de oscilación le fue otorgado a la imagen femenina a través de un truco de exposición. Movido por la riqueza plástica de la figura humana en movimiento, comenzó una ingeniosa exploración que vuelve a tomar como epicentro de las invenciones al paradigma del ballet romántico: Giselle.

En Las Willis, la inspiración legada por el argumento del escritor francés Théophile Gautier (1811-1872) alcanza una nueva dimensión. Aquí la fotografía se vale de una novedosa perspectiva que elude los planos convencionales de representación y que nos sugieren la apariencia engañosa de una realidad que ha sido conscientemente modificada. Un tiempo largo de exposición le otorgaron a esta serie de imágenes una especial riqueza, un sentido inusitado de sensualidad a medio camino entre el verismo y la invención. La manipulación del medio fotográfico trascendió la captación mimética del segundo acto del ballet en pos de recurrentes ondulaciones y la liberación espontánea de las formas.

La realidad no se presenta tal y como es, sino como la siente este artista. La estructuración compositiva despliega un concepto espacial dictaminado por la energía desbordante del cuerpo de baile combinado, a su vez, con irradiaciones lumínicas que le imprimen a la obra el peculiar inacabado de los pintores impresionistas franceses. Tito Álvarez rechaza el carácter mimético y el sentido anecdótico de la representación al preponderar los valores estéticos de la obra, reivindicando así su potencial para la comunicación de sentimientos. Unido a ello, la solidez de los contrastes lumínicos le imprime a la pieza una fina estilización y una gran viveza expresiva.

Foto Tito Álvarez

Con el propósito de estimular un análisis mucho más introspectivo, en el que la libertad de criterios es totalmente permisible, el fotógrafo incita la multiplicidad de lecturas al rechazar un sentido unilateral en la exposición del suceso dramático acontecido. En torno a ello, el propio retratista afirmaba en una entrevista que:

“Tienes que sentir la intuición del cuadro…creo mucho en la manipulación de la velocidad de exposición y en el proceso de impresión… con ellos se pueden buscar efectos particulares capaces de dar respuesta al ideal fotográfico deseado”.[6]

Aportando sus criterios imaginativos, revistiendo las formas con una alta carga expresiva en Las Willis, se hace patente el elemento lúdico del arte como un impulso libre, un movimiento de vaivén que se repite continuamente como exaltación alusiva al sentido expresionista de la representación.

Como retratista del Ministerio de Cultura y a partir de 1978 en la redacción de la revista Revolución y Cultura,[7] Tito se mantuvo como uno de los más activos fotógrafos cubanos de ballet. Durante esos años podríamos citar notables sucesos registrados por su cámara como la filmación del ballet Edipo Rey, en el Teatro Chaplin el 20 de febrero de 1971, la reaparición de Alicia en el personaje de Carmen, acontecida el 28 de noviembre de 1975 en el Gran Teatro de La Habana, o el estreno mundial del pas de deux de La Peri, interpretado por Alicia y Jorge Esquivel, el 21 de noviembre de 1976, en la Sala García Lorca.

Más de una docena de ballets fueron registrados por su lente minucioso y objetivo. Entre espectáculos, ensayos, estrenos nacionales y sesiones de fotos organizadas por la compañía, Tito demostró siempre una especial sensibilidad en su trabajo.

Recordado por el registro fehaciente del espacio nacional, del sujeto cubano en sus funciones y actitudes cotidianas, por ese especial sentido de cubanía que miró con vehemencia hacia su universo popular, no podría pasarse por alto su importante papel en las artes escénicas cubanas. Representar, captar, testimoniar, aunque no solo linealmente, fue su propósito fundamental. Emana en sus fotografías un continuo afán renovador que representó, en términos de oposición, la trascendencia de la pura experiencia estética. Respondiendo imperiosamente a una interpretación subjetiva de la realidad basada en sus genuinos sentimientos como artista.

http://www.thestudio203.com/

[1] Aguirre, Jorge. “Peripecias de un cronista. Entrevista a Tito Álvarez”. Cartelera Cultural. La Habana, 18-24 de enero, año 1996. p. 3 (Texto manuscrito perteneciente a los archivos del historiador Rufino del Valle).

[2]Entre 1955 y 1962 participó en los Salones Nacionales, Internacionales e Intersocios celebrados por el Club Fotográfico de Cuba.

[3]“El Rincón de Crítica”, por Tito Álvarez. Órgano Oficial del Club Fotográfico de Cuba. Mayo de 1960. No. 3 Vol. I.

[4] Con guion de Enrique Pineda Barnet, coreografía de Alicia Alonso sobre la original de Jean Coralli y dirección musical de Manuel DuchesneGuzán, Giselle fue producido por el ICAIC y estrenado el 12 de julio de 1963, en el capitalino cine Duplex. En 1964, la Selección Anual de la Crítica eligió este largometraje como uno de los más destacados del año. En 1979, su director fue galardonado con el Diploma al Mérito por el Jurado del Dance Films AwardsCompetition, Association Inc. de Nueva York.

[5]Fernando Emery, citado en María del Carmen Hechavarría. Alicia Alonso, más allá de la técnica. Editorial Letras Cubanas. Instituto Cubano del Libro. La Habana, 2008. p. 112.

[6] Aguirre, Jorge. Ob. Cit.

[7]Aquí se mantuvo como colaborador hasta 1997.

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