Relumbres de Sonetos del amor oscuro de Lorca

Por Roberto Pérez León

¡Ay voz secreta del amor oscuro!
F. G. L.

La visita de Federico García Lorca a Cuba en 1930 fue precedida por el entusiasmo que emanaba del aura del poeta donde quiera que estuviera. Entre nosotros su estancia dejó una estela mítica y hasta en muchos casos sibilina.

No sé por qué nuestro teatro no se ha ocupado más de las resonancias de la presencia de Federico en su andar isleño de poderosas fundaciones poéticas.

Santiago de Cuba tal vez haya sido la zona del país que tuvo mayores resonancias en su sensibilidad. Santiago quedó tallado en su Son de negros en Cuba, poema que dedicara a don Fernando Ortiz.

Por supuesto, llegó a Santiago “en un coche de agua negra” con “la rubia cabeza de Fonseca” y “con la rosa de Romeo y Julieta”.

Creo que uno de los mitos más jubilantes alrededor de Lorca aquí en Cuba se tejió en su querer ir a Santiago con dos simbólicas de exquisita y esencial realidad de la tierra que él mismo definiera “¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!”.

Romeo y Julieta, y también Fonseca son emblemáticas imágenes de la historia del tabaco cubano. Son composiciones litográficas, estampas que definen las marcas de dos historiadas fábricas de habanos de prestigio internacional.

Las “habilitaciones” de las cajas de tabaco, es decir las prendas decorativas que lucen, cuentan con lo que se llama “la vista” que es una especie de celebración pictórica de la marca, a menudo romántica y con mucho dorado y en relieve. Las Vistas presentan regularmente medallas obtenidas por la marca, antiguos escudos reales, imágenes históricas y comentarios sobre la marca.

Las Vistas son verdaderas joyas litográficas en las cajas de tabaco. La Vista de Romero y Julieta con sus rosales y la de la Fábrica F. E. Fonseca con el joven rubio como divisa propagandística ya sabemos, según el poemático testimonio del propio Lorca, acompañaron su viaje a Santiago de Cuba.

Fonseca, según el testimonio documental de la litografía, era pelirrojo, luce presumido y con una sensualidad presumida. La boca, apenas asomada entre el bigote y la barba espesa, tiene la sacudida de haber acabado de saborear jugo de guayaba en copa de jade guardada en una de las vitrinas de la casa de los Loynaz. Seguramente tendría la espalda salpicada de pecas, pero eso no se ve en el grabado. Sí se podría suponer que tuviera una espalda ancha como la de los hombres que se tienen prohibido suspirar. No se le nota un cuerpo musculoso, cosa que no importa mucho, su poder de fascinación está en su cara, en la naturalidad de su mirada.
Para remachar, la imagen de Fonseca aparece custodiada por las emblemáticas figuraciones que lo rodean y que le agregan un pintoresquismo de rarezas surrealistas. El busto del pelirrojo esta escoltado por una trastornada composición de símbolos: la Estatua de la Libertad a su derecha y el habanero castillo de los Tres Reyes del Morro a su izquierda.

El pelirrojo luce cual ángel extraviado entre una decena de monedas esparcidas por toda la base de su busto. La ristra de monedas iluminadas tiene elementos de una heráldica que proclama: “Fábrica de Tabacos elaborados con las mejores vegas de vuelta-abajo de F. E. Fonseca. Habana-Cuba”. En la moneda que abre la ristra y en la que la cierra, como coronándolas, se lee una inscripción que es mucho con demasiado: “Placer Universal”.

El pelirrojo era el estandarte de la única fábrica de tabacos que había tenido la elegancia de envolver sus vitolas con un papel de tisú tan fino y transparente que puede encenderse el habano sin notar su exquisito forro.
La imagen del pelirrojo es muy adecuada para el mundo de las alegorías y el arrobamiento que acompaña a cada bocanada de humo y debió haber enamorado a Lorca.

Porque tal vez recién llegado el poeta le hayan obsequiado una caja de cedro bien pulido con habanos de la marca que lucia la rubia cabeza de Fonseca. Nada mejor que los tabacos Fonseca como ofrenda a un poeta pues se trata de tabacos de una tibia suavidad, apropiados para el éxtasis del humo.
Le hubiera gustado o no fumar, Lorca se prendó del hombre habano con su rubia cabeza y por otro lado se encantó con las vibraciones y resonancias de las rosas que en la litografía de la marca Romeo y Julieta custodian el encuentro de los enamorados.
La rubia cabeza de Fonseca, la rosa de Romeo y Julieta, el coche de agua negra fueron rectas y no curvas de suspiros en ese “ritmo de semillas secas” que encontró acá.

Lorca bien pudo haber tenido en Cuba la concurrencia de visitaciones para la concepción seminal de su obra El Público y el conocimiento metafórico y transfigurativo que luego vamos a ver en Sonetos del Amor Oscuro.

Para suerte de nosotros los cubanos los Sonetos… llegaron hechos teatro al Festival Internacional de Teatro de La Habana en su edición 19.

Qué lujo que los sonetos más hermosos entre todos los de nuestra lengua hayan llegado hechos teatro de la mano de Jesús Arbués en la concepción total de un tremendo espectáculo y de Javier García Ortega como intérprete único.

Amor Oscuro [Sonetos] es una muestra de inteligente asimilación creadora de lo que puede ser el accionar de la dramaturgia de la imagen. La puesta la vimos en la televisión porque el Festival fue virtual.

Considero que la puesta del Centro de Producción Teatral Viridiana Siento estuvo entre las más sobresalientes de la cartelera de la magna cita del teatro en la Isla. Es la historia de los Sonetos del amor oscuro, ese puñado de versos que por 50 años estuvieron desaparecidos y que solo en 1983 salieron para contarnos el silencio de una historia de “mordiscos y azucenas”.

La puesta en escena de Viridiana se filmó con público a ambos lado de una especie de pasarela por donde el actor transita en su accionar. Como televidentes no nos damos cuenta hasta el final que vemos el verdadero espacio escénico.

Gracias a la vigilada edición la presentación de Amor Oscuro [Sonetos] en televisión transcurre en un plano sacudido por los súbitos de un mapping que imprime una latencia inquietante sobre una superficie fija y real conformada por la imagen de muchas gavetas de archivos; horribles y expectantes archivos tradicionales donde entonces la burda burocracia del poder guardaba informes y expedientes de vidas para decidir sobre ellas.

La pared de fondo que siempre tendrá el actor y que el mapping dimensiona y araña es inapelable en su persistente cualidad de superficie, no admite fusión por su fijeza insoportable de gaveteros que signan el secreto ordenamiento de la dramaturgia.

«Tú nunca entenderás lo que te quiero/ porque duermes en mí y estás dormido/ yo te oculto llorando, perseguido/ por una voz de penetrante acero».

Así dice el primer cuarteto del soneto “El Amor duerme en el pecho del poeta”, el penúltimo de la serie de los Sonetos del Amor Oscuro. Y es el primero que habla de un amor masculino como destinatario de sus poemas sobre ese amor que no tenía entonces nombre y que tanto conmovió a Neruda y a Vicente Aleixander cuando conocieron, por el mismo Lorca, de la existencia de los sonetos. Aleixander entonces exclamó: «Federico, ¡qué corazón! ¡Cuánto ha tenido que amar, cuánto que sufrir!».

La volcánica franqueza que sacudió al mundo de nuestra lengua cuando en 1983 el período ABC sacó la edición definitiva de los Sonetos del Amor Oscuro se ha prolongado en el trabajo escénico del colectivo Viridiana.

El sereno y equilibrado trabajo actoral de Javier García Ortega interpreta los once poemas y las once personas que fueron protagonistas de los sonetos que fueron once momentos de la imago operante en la vida de Federico.

La puesta en pantalla que hemos visto no decae ni un instante actoralmente, los resurgimientos actorales en sus transfiguraciones engendran la gravedad, el trance de los fecundos pases de lo estelar a lo telúrico. Javier García Ortega habita las imágenes históricas, lo configurativo de la pasión lorquiana, en el suceder enunciativo sabe apuntalar causas y efectos, efectos y causas en un sinfónica corpolaridad de simpleza gestual en un continuo teñido por un diseño de luces diamantino.

El pecho desnudo de Javier tiene la vibra de un Lorca desamparado y cuando lo vemos arropado nos sorprende la aparición de una existencia imprescindible dramáticamente.

Por supuesto Amor Oscuro [Sonetos] no es un recital de poesías. Lo poemático del espectáculo es la irradiante mirada dramatúrgica que hace Jesús Arbués al ubicar, con sensible jerarquía, dentro de los últimos meses de la vida de Lorca, el posicionamiento de Los Sonetos del amor oscuro.

El poeta torturado por el amor: el actor extrema sutilezas, sus ojos tienen el animismo de una sustancia resistente; el poeta herido, hundido como una camelia: el actor alcanza el punto órfico con su voz y escuchamos el ¡ay! del pinchazo de una aguja de hiel; el poeta es el amor, es la naturaleza: el actor, en un extenso gestual de secreta cantidad se posiciona en una liminalidad narrativa inaudible pero percibida por los sentidos de los espectadores; el poeta se siente pichón de melancolía: el actor se aísla en un fragmento de ilusión escénica y lo vemos sorprendido por la palabra hipostasiada en una imagen desde su pecho; el poeta; el actor; el actor; el poeta.

La dirección de Arbués, la resistencia actoral de García Ortega, la entrañable pasión entre esas coordenadas trasmutan en Amor Oscuro [Sonetos] el germen verbal, la participación de la imagen de la palabra, el henchimiento irremplazable del lenguaje oculto y misterioso de Lorca amando a otros hombres.

En la concepción de la puesta en pantalla de Amor Oscuro [Sonetos] resuena con plenitud el espacio interior de Federico.

Para el trabajo escénico de Amor Oscuro [Sonetos] tal vez haya sido un logos spermatikos la imagen que Vicente Aleixander nos dejó de Federico:

Su corazón no era ciertamente alegre. Era capaz de toda la alegría del Universo; pero su sima profunda, como la de todo gran poeta, no era la de la alegría. Quienes le vieron pasar por la vida como un ave llena de colorido, no le conocieron. Su corazón era como pocos apasionado, y una capacidad de amor y de sufrimiento ennoblecía cada día más su noble frente. Amó mucho, cualidad que algunos superficiales le negaron. Y sufrió por amor, lo que probablemente nadie supo.

Imágenes tomadas del sitio: Viridiana.es

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