Rebeldía o “rebelión”

Por Lillitsy Hernández Oliva

Soy una joven rebelde, crítica y creo que en gran medida no son características simplemente de mi personalidad, sino que considero son inherentes también a la Revolución Cubana, a su carácter dialéctico, transformador.

Jamás he dejado de decir lo que pienso, y cómo lo pienso, y es cierto que más de una vez he sido cuestionada o rechazada por ello, pero nunca he permitido que críticas o acciones no aportadoras frenen el curso profesional o personal de mi vida. He sabido ubicar en su justo lugar lo que me es útil para perfeccionar mi desempeño y aquello que solo intenta desviarme de mi objetivo.

Tampoco he culpado al gobierno por ningún tropiezo, me queda inteligencia suficiente para discernir entre lo que hace responsable a nuestro sistema y lo que corresponde accionar a cada hombre y mujer que en él habita y que tiene la responsabilidad de construir este país. Desde edades tempranas me ha tocado asumir tareas directivas y en doble condición atender a los jóvenes, mientras era y soy una de ellos, por lo que ha sido más complejo y emocionante a la vez hacer cumplir lo que se supone que también se haga para conmigo.

En estos casi cuatro años que llevo en el Consejo de las Artes Escénicas he visto y he protagonizado espacios de infinitos diálogos, de permanente debate, de apoyo constante a los creadores, sobre todo a los más jóvenes. Nuestras oficinas abiertas a todos, nuestros teléfonos disponibles 24 horas, y un acompañamiento desburocratizado, lo mismo a un hospital que a una función. Desde emplear al lado y por igual al resto de consagrados especialistas de experiencias, en un departamento tan importante como Desarrollo Artístico, a recién graduados del Instituto Superior de Arte, colaborar desde el empleo también con estudiantes de diseño escénico y otras especialidades hasta darles una participación activa en los principales eventos de las artes escénicas, tales como el Festival de Teatro de la Habana o el Festival de Teatro de Camagüey. A su vez, apoyar financieramente la realización de eventos gestados por jóvenes como es el caso del de Jóvenes Coreógrafos y Titereando en la ciudad, ambos en Guantánamo, Teatro Joven en Holguín, el Satiricón de esa propia provincia y la Jornada Habana Titiritera de la capital, por solo citar los principales.

Recuerdo también que en el año 2018 se comenzó a impulsar con fuerzas la modalidad de “Pago por Proyecto”, un financiamiento directo a los artistas, que busca impulsar la creación desde el empleo de diversas formas de gestión económica. Los primeros proyectos que se financiaron no estaban en manos de los más experimentados creadores, sino de una masa de jóvenes, que no solo la encabezaban los líderes de los mismos, sino el núcleo completo de artistas de las compañías seleccionadas. Pudiera mencionar algunos, que han aplicado y han tenido el apoyo de la institución en esta modalidad, Leiván García Valle, Primer Bailarín del Conjunto Folklórico Nacional; Carlos Sarmiento y Jorge Enrique Caballero, ambos de la especialidad de teatro. A su vez obras como Hierro, de Argos Teatros, y Oficio de Isla, proyecto dirigido por Osvaldo Doimeadiós, ha sido posible producirlas, a partir de esta forma de gestión, y se han beneficiado muchos jóvenes del gremio.

Los jóvenes dramaturgos y críticos han tenido un espacio de apoyo de los concursos de la Casa Editorial Tablas-Alarcos, que premia en metálico a sus creadores ganadores y que ha potenciado en los últimos años la producción literaria de los jóvenes de nuestro sector, entre los que se encuentran con recientes novedades Raúl Bonachea, Isabel Cristina López, Carlitos Sarmiento, entre otros tantísimos.

La crisis provocada por la COVID 19, en tanto imposibilitó mantener de manera habitual el curso de los procesos creativos y de la programación, nos permitió aprovechar el tiempo en ordenar y trabajar en algunos asuntos de interés y preocupación para nuestros creadores, que recibían su salario, garantizado por el estado. También para, en pequeñas y diversas composiciones, sostener intercambios con artistas de la danza, el teatro, el humor y el circo.

Como parte de esos diálogos han ido surgiendo acuerdos y soluciones a problemáticas, hasta de los que parecían más complejos como cuando se nos planteara la creación de una Asociación de Actores y que luego de atender con seriedad los planteamientos y preocupaciones que motivaban el curso y surgimiento de la misma, sus promotores abandonaron la propuesta.

Hoy agradecemos ese impulso que nos posibilitó resolver cuestiones medulares que benefician a ese gremio en particular.

Siento profundo dolor por estos días cuando leo, escucho o dialogo con algunos artistas, y se muestran incomprendidos, les falta información, se quejan de atención y falta de espacios. ¿No son acaso los ejemplos anteriores una muestra de cuánto hacen el estado y la institución por acompañarles? Pero me hiere aun más cuando sienten que el camino ideal para solucionar sus demandas está en el lado más liberal y provocador, cuando niegan la existencia de la Revolución y atentan contra el orden constitucional, asumiendo sus conquistas como derechos que les pertenecen sin detenerse a pensar en el peso y el costo de tenerlos hoy después de 60 años como garantías irrevocables.

El sector de la cultura podrá desarrollar más y mejor su industria cultural, pero nunca será suficiente para ser absolutamente sostenible y el presupuesto del Estado garantiza que en Cuba, no solo sea un derecho el acceso a la cultura, sino que sus creadores puedan desarrollarse con el financiamiento que cada año se les otorga.

En portada: Oficio de Isla, foto Sonia Almaguer

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