Un “pas de trois” con Nijinsky

Por Frank Padrón

El espacio televisivo Historia del cine (CV, lunes alternos, 10:30 pm)  programó una de esas cintas que ningún amante del ballet debe perder, aunque tampoco quienes, aun no perteneciendo a ese exquisito grupo, gustan de las historias de vidas tormentosas o de los “amores malditos”.

Nijinsky, una historia verídica, realizada en 1980 por el estadounidense Herbert Ross (Paso decisivo, La chica del adiós , California suite...) va sobre la vida del mítico primer bailarín que integrara entre 1909 y 1917 la emblemática compañía Los Ballets Rusos de Diaghilev. El danzante y coreógrafo  ha pasado a la historia del arte como un  revolucionario e iconoclasta, que elevó la danza a niveles hasta entonces insólitos dotándola de energía y proyección renovadas. Sus versiones de los ballets clásicos escandalizaron a un público acostumbrado a los cánones decimonónicos, quien recibió con polarizadas reacciones sus propias iniciativas estéticas.

El filme, producido para el gigante Paramount por Harry Saltzman, sigue sobre todo el difícil  período  de veinte meses, entre 1912 y 1913, en el que se explora el comportamiento bisexual del bailarín,  en un momento  de crisis con su descubridor, “hacedor” y pareja, Diaghilev, director de la compañía y la mujer que se convertiría en la esposa del bailarín, Romola de Pulsky, una mediocre danzante que hizo todo lo posible por entrar a su compañía, fascinada por el astro, y en cuya biografía se apoyó el director para su texto fílmico.

Descuellan el rigor, la exactitud y fidelidad en  la dirección de arte y la fotografía, no solo en la época sino en la reconstrucción minuciosa de los ballets originales a cargo del London Festival Ballet, que prestó su reconocida excelencia en las puestas de El espectro de la rosa, Scheherezade, Petroushka, La siesta de un fauno, Juegos y La consagración de la primavera, entre otras piezas.

Cartel del filme Nijinsky una historia verídica.

Con la presencia de artistas esenciales en la vida de los protagonistas y de la compañía  Igor Stravinsky, Michail Fokine, Leon Bakst, Adolph Bolm…, el filme explora las contradictorias actitudes humanas, dentro de un sobresaliente diseño de personajes; los diálogos son ricos, inteligentes, encierran una carga ontológica motivadora que ayudan, más que a juzgar, a entender las complejas individualidades que impulsan la “coreografía” de las pasiones en juego.

Logra, por demás, un equilibro entre el humor y la seriedad,  lo trágico y lo humorístico que define la dualidad tonal del relato. Lástima que el montaje no haya conseguido una mejor distribución entre drama/ música/ danza, a pesar de lo cual se disfruta del filme en términos generales.

De entre las actuaciones,  sobresale el veterano Alan Bates (El mensajero), uno de los rostros de la escuela británica, en su caracterización de Diaguilev, una “fuerza de la naturaleza”, un artista de personalidad recia y difícil, pero apasionante por su autenticidad y carácter.

El bailarín y coreógrafo  George de la Peña, vinculado entonces al American Ballet Theater, asumió al joven Nijinsky y proyectó  con virtuosismo los abundantes segmentos danzantes, pero se aprecia sobreactuado en más de un momento.

Con sólida vida interior y variedad de matices bordó Lesli Brown a la empecinada e incondicional esposa,  Romola de Pulsky, mientras la mítica italiana Carla Fracci asumió convincentemente a su colega, la bailarina Tamara Karsavina; el después famoso Jeremy Irons ( The Mission) debutó aquí brillantemente  prestando su piel al no menos talentoso y desplazado Mijail Fokine.

Filme sobre pasiones eróticas, humanas y artísticas,  Nijisky… llegó tarde pero seguro a nuestra programación de TV.

Fotos tomadas del sitio DanzaBallet

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