Otros besos de Shakespeare en el cine

Por Frank Padrón

Hace poco reseñábamos desde estas páginas una de las tantas comedias de Shakespeare llevadas a la pantalla grande que desde la pequeña y doméstica nos llegaba en uno de sus espacios , y he aquí que poco después se ha trasmitido otra, esta vez mediante el espacio Clásicos (viernes, 10:00 p.m) del canal Clave.
Me refiero a Kiss me, Kate (Bésame, Catalina) , versión musical y danzaria realizada en 1953 por la Metro Goldwin Mayer, bajo la dirección de George Sidney, sobre guion de Dorothy Kingsley partiendo de la pieza que en 1948 fuera estrenada en Broadway, basada en otra de las famosas piezas del “cisne” : La fierecilla domada (también traducida al español como La doma de la bravía) , que escribiera el dramaturgo inglés en 1594.

Se trata de una de las obras más populares de Shakespeare — ya fuera de géneros— al punto de ocupar el quinto lugar entre las más traducidas al español , por delante de Sueño de una noche de verano, Julio César e incluso Otelo .

El malhumor que conforma el carácter de la huraña y grosera Catalina, quien debido a ello ahuyenta cuánto pretendiente su padre le propone, da cuerpo a esta simpática pieza que mezcla también a su hermana menor Bianca y al viajante Petruccio, quien llega a la ciudad dispuesto a cortejar (y “meter en cintura”) a la rebelde joven.

Pese a la habitual sapiencia narrativa y escénica del comediógrafo, su habilidad para urdir enredos y (des)hacer intrigas, vista a la luz de actuales teorías de género y lecturas feministas, La fierecilla…no despierta muchas simpatías por cuanto el desenlace propone justamente el regreso de la mujer a su papel tradicional: servil, doméstica, lista y buena solo para fungir de sierva al marido, en definitiva el hombre, quien ordena y manda. Algo en lo que ni el propio autor pienso creía, poblado como está todo su teatro, de cualquier tipo, de recios, independientes y enérgicos caracteres femeninos, desde Lady Macbeth a Gertrudis, pasando por Julieta o Desdémona.

Pero las convenciones eran esas y le era imposible al bardo, o al menos bastante difícil , diseñar el célebre portazo de Nora que el noruego Ibsen hiciera resonar unos siglos después, de modo que, ubicada en tiempo, la comedia sigue mostrando valores éticos (la persuasión como método , el amor capaz de mover montañas y …domar mujeres rebeldes, etc) pero sobre todo dramáticos, que la mantienen lozana.

El cine no ha sido indiferente a ello, y varias recreaciones en diversas épocas han sido estrenadas, una de las cuales, como decía, fue recientemente televisada entre nosotros.

La perspectiva del realizador en Kiss me, Kate (un juego eufónico en el título original que la traducción al español extravía) es muy sugerente por cuanto no se trata de una recreación fílmica de la pieza, sino una incursión del teatro dentro del cine, aunque con participación activa de este medio a nivel diegético; veremos una representación con todas las de la ley, incluidas preparación, sucesos en los camerinos e incluso en medio de la puesta teatral, donde ocurrirán nuevas y definitorias peripecias.

El hecho de vincular los principales motivos argumentales y características del dramatis personae con los actantes cinematográficos, esos protagonistas del filme que a la vez lo serán de la obra teatral, no constituyen un recurso en absoluto nuevo, pero debemos reconocer que funciona a la perfección —lo cual no siempre, como sabemos, ocurre—de modo que el ex matrimonio integrado por Fred Graham y Lilli Vanessi, quienes deberán representar en escena a Catalina y Petruccio, participará en encontronazos y situaciones muy parecidas a las del genotexto shakesperiano, con la intervención, faltaba más, de la rival de la protagonista, Lois Lane, en la realidad fictiva y en la puesta y cuanto enredo y colisión pasa de aquel al hipertexto fílmico.

Mérito no menor resultan las coreografías , y sobre todo la música lo mismo la incidental que la interpretada (lástima que en la versión exhibida en nuestra TV las canciones, tan esenciales en la diégesis, no aparecieran traducidas), brillantemente compuesta nada menos que por Cole Porter (quien aparece como personaje en el filme), sin olvidar los dotes sobre todo danzarios de Ann Miller, como la explosiva y sensual Lois/Bianca.

Las actuaciones son otro punto a favor, aquí redoblado por las dotes musicales de los también cantantes líricos Kathryn Gryason (Lili/Kate), Howard Quilla (Fred/Petruccio) y un amplio elenco que incluye a Bob Fosse, Bobby Van, Tommy Rall y otros muchos, desdoblados en cantantes y/o bailarines.

Colorido, fluidez narrativa, brillante dirección de arte, eficaz traslación e integración del mundo shakesperiano a los códigos del musical , nos depara Kiss me, Kate, que fuera rodada en 3D (primer musical en ese avanzado soporte técnico para la época) , y logró una notable recepción de crítica y público en su momento; seguimos recibiéndola como otro grato beso del siempre vigente líder del teatro isabelino, quien continúa haciendo de las suyas también desde el cine.

Foto cortesía del autor.

 

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