Obituario lírico: Olga Díaz

Por Enrique Río Prado

El pasado 21 de julio falleció en La Habana la soprano Olga Díaz Sampera, fundadora del Teatro Lírico Nacional de Cuba (TLNC). Nacida en capital cubana, el 18 de junio de 1933, desde muy joven simultaneó sus estudios de derecho en la Universidad de La Habana —donde obtuvo el grado de “doctor” en 1955— con su formación musical en el Conservatorio Levy, bajo la guía de la soprano Carmelina Santana, entre otros pedagogos ilustres.

Por aquellos años, integró los coros de la Sociedad Pro Arte Musical e intervino en los estrenos en Cuba de las óperas Amelia al baile, La solterona y el ladrón, ambas de Menotti e Il tabarro, de Puccini.

En la década siguiente tomó parte en las reuniones fundacionales del Teatro Lírico Nacional de Cuba (1962) y en la función inaugural de su primera producción, la ya mítica Luisa Fernanda, de Moreno Torroba, que llegó a acumular más de 150 representaciones durante aquella temporada.

Durante los próximos treinta años Olga Díaz figuró en casi todas las puestas del extenso repertorio de la compañía. Aún se recuerda su actuación en las temporadas de óperas de cámara, género en el que sin dudas sobresalió interpretando los protagónicos de Rita, de Donizetti —con el que obtuvo una mención en la primera edición del Concurso de Escenas Líricas de la UNEAC (1989)‒, La serva padrona, de Pergolese, Bastian y Bastiana, de Mozart, El teléfono y La médium, de Menotti, entre otras. Otros papeles muy frecuentados por esta artista fueron los personajes de las zarzuelas españolas, Rosaura (en Los gavilanes), Margarita (Molinos de viento), Jacinta (Los claveles), Simeona (La leyenda del beso), Catalina (La del soto del parral)…

Olga Díaz en el papel de Casta, de La verbena de la Paloma (1965), junto a María Marqués (Tía Antonia), Antonio Palacios (Don Hilarión), Rosita Fornés (Susana) y Néstor Rivero (Julián). Fotos Archivo Digital Río Prado.

Además trabajó como asistente de dirección de Juan R. Amán, Armando Suárez del Villar, Gilberto Enríquez y Ana Menéndez, entre otros, y realizó la traducción al español o la revisión de los libretos de algunas de las obras mencionadas.

Al propio tiempo contribuyó durante largos años a la formación de nuevas generaciones de cantantes en el Conservatorio “Gerardo Guanche”, de Guanabacoa, en la Escuela Nacional de Arte y en el Instituto Superior de Arte. Esta fructífera labor docente le valió el Diploma al Mérito Pedagógico, otorgado por el Ministro de Cultura y la Distinción por la Educación Cubana.

Su larga trayectoria artística fue reconocida además con la medalla Raúl Gómez García y la Distinción por la Cultura Cubana, entre otras condecoraciones.

En el plano personal Olga Díaz fundó una notable familia de artistas —Juan Carlos, Néstor y la pianista Ivón Rivero son sus hijos—. Llegue a ellos el sentir del numeroso público que disfrutó su arte sobre la escena.

 

 

 

 

 

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