Noventa años de una temporada histórica

A propósito de la creación de la Compañía de Agustín Rodríguez y Manuel Suárez Pastoriza, Cubaescena publica una entrevista realizada al investigador cubano Enrique Río Prado, quien ofrece detalles de este significativo acontecimiento.

Por Isachi Durruthy Peñalver

Este año conmemoramos el aniversario 90 de la creación de la Compañía de Agustín Rodríguez y Manuel Suárez Pastoriza, que funcionó en el Teatro Martí entre 1931 y 1936. La más larga temporada de teatro lírico nacional que se realizó en Cuba propició la eclosión definitiva del género en la Isla. A propósito de este trascendental acontecimiento conversamos con el eminente investigador Enrique Río Prado (Santa Clara, 1946), autor del libro La Venus de Bronce: una historia de la zarzuela cubana, publicado por Ediciones Alarcos y Premio Anual de Investigación Cultural Juan Marinello 2003.

En la introducción de la segunda edición de La Venus de Bronce, usted comenta el enorme reto que representa historiar la zarzuela cubana, no sólo por el análisis exhaustivo y multidisciplinario del género, también por la metodología que es necesario emplear para describir, analizar y delimitar diversos fenómenos y problemáticas…

El abordaje de cualquier tema de investigación te plantea ciertos problemas que se revelan mayores mientras menos estudiada se halle la materia a analizar. Además, cuando se trata de un tema histórico debes plantearte una periodización de los fenómenos o hechos para luego agrupar en estos períodos los datos fichados inicialmente. En el caso específico de la zarzuela el asunto se complica por cuanto esta es una compleja manifestación artística —escénica y musical al propio tiempo— y como expreso en el texto que citas, generalmente los investigadores que abordan este estudio no están provistos de una formación integral para analizar estas piezas. Es decir, muchas veces queda truco el análisis musical o el dramatúrgico. Por cierto, allí aclaro que mi obra no se halla en lo absoluto exenta de esta circunstancia.

Suele evocarse este período, 1931 a 1936, como el más prolífero del arte lírico en Cuba, pero me gustaría ahondar brevemente en los antecedentes que propiciaron esa renovación estética, conceptual y musical.

Todas las etapas de desarrollo de cualquier fenómeno cultural están indisolublemente encadenadas a las primeras manifestaciones del mismo. Por eso a la palabra antecedente yo le agregaría el adjetivo directo o inmediato. La temporada del Teatro Martí, entre 1931 y 1936, es consecuencia directa de la genial intuición de Ernesto Lecuona quien junto a Eliseo Grenet produjo en 1927 el sainete Niña Rita, en unas funciones que han pasado de la historia a la leyenda por haber propiciado el debut escénico de Rita Montaner, en un papel de negrito calesero, interpretando el archifamoso tango congo Mamá Inés. Luego Lecuona solo, junto a su libretista habitual Sánchez Galarraga, fue perfeccionando el estilo de las obras en las cuales combinaba los antiguos tipos vernáculos nacidos en el bufo del siglo XIX con nuevos personajes de corte melodramático, evidenciando una saludable influencia aportada por la naciente zarzuela española. Así surgieron títulos emblemáticos como El cafetal (1929) y María la O (1930), en que se presentan por primera vez protagonistas negros y mulatos en situaciones que rozan la tragedia y surgen los géneros musicales del lamento africano en el primer título y la célebre romanza del segundo que no se cansa de darle la vuelta al mundo en la voz de notables cantantes.  Estos son en breves palabras los antecedentes inmediatos del período de oro de la zarzuela cubana.

Autores de Cecilia Valdés, de izquierda a derecha: Agustín Rodríguez, maestro Gonzalo Roig y José Sánchez Arcilla.

Esos cinco años de espectáculos ininterrumpidos en el Martí favorecieron el surgimiento de la zarzuela cubana de nuevo tipo; elevando a planos insospechados la simbiosis cultural de la Isla y convirtiendo al género en uno de los más distinguidos referentes de la cultura nacional.

En realidad ya te he expresado en la respuesta anterior que la zarzuela cubana de nuevo tipo, como me gusta llamarle, surgió, entre otros títulos menores, con aquellas dos obras antológicas de Lecuona. En la temporada del Martí entre 1931 y 1936 se asimilan estos hallazgos y se consolidan sus características genéricas y estilísticas en los nuevos títulos que van surgiendo. Cecilia Valdés, La hija del sol, El clarín, La Habana de noche, El cimarrón, de Roig; Soledad, María Belén Chacón, La Habana que vuelve, Amalia Batista, de Prats; Rosa la China, Lola Cruz, de Lecuona; La emperatriz del Pilar, de Anckermann, y algunas otros obras de Grenet y Simons.

Entre todas estas admirables piezas antológicas, Cecilia Valdés se destaca en la cima indiscutible del género por la calidad de su música, capaz entre otros valores de recrear dramatúrgicamente el inmenso cuadro de la sociedad cubana de su tiempo descrito en la novela que le sirve de inspiración. Sin embargo, no todos estos títulos tuvieron las mismas características. Se estrenaron más de 350 en los cinco años y muchos de ellos seguían el estilo antiguo de las obritas alhambrescas, incluso varias de estas fueron reestrenadas en el Martí, claro, eliminando los aspectos escabrosos de las tramas llamadas sicalípticas o picarescas, porque el público de esta zarzuela de nuevo tipo, era un público integrado por familias y no de hombres solos, como el del Alhambra.

Junto a Manuel Suárez Pastoriza, Agustín Rodríguez es un personaje cardinal en este esfuerzopara crear una empresa artística criolla. Su labor empresarial ha quedado quizá un tanto eclipsada por su eminente desempeño como libretista de más de 50 títulos líricos, entre los que sobresalen Cecilia Valdés y Amalia Batista.

Agustín Rodríguez es un nombre hoy olvidado. Solamente se le menciona como el autor —en realidad coautor— del libreto de Cecilia Valdés y en la mayoría de las ocasiones le sigue a esta referencia una tajante crítica negativa que no deja espacio a hallar otros valores en un libreto que si bien resulta envejecido en la actualidad, funcionó como marco efectivo de la maravillosa música durante mucho tiempo. Pero a Agustín se debe también, como tú señalas, el libro de Amalia Batista, que resulta un argumento más original por cuanto no está basado en ninguna obra literaria anterior.

Arribado muy joven a Cuba de su natal Galicia, este hombre comenzó a trabajar en varios oficios hasta que encontró su vocación escénica. De sus 70 y tantos años de vida, dedicó más de 50 al teatro cubano como autor, empresario y director de escena. Primero en el teatro Alhambra, luego en el Martí, en la temporada de 1931-1936, y más tarde con Garrido y Piñero, hasta poco antes de su fallecimiento en 1957. Sus montajes eran clases magistrales de actuación para aquellos artistas “silvestres” de su compañía. Empleo este adjetivo que Candita Quintana se atribuyó a sí misma en una excelente entrevista realizada por Rosa Ileana Boudet, el cual viene a significar esa enorme capacidad histriónica, innata e intuitiva, que caracterizaba a estos histriones. Alicia Rico, otra gran luminaria del vernáculo cubano, expresó cierta vez: “El que no aprendía con Agustín Rodríguez no aprendía con nadie. Con él aprendí todo lo que sé”.

La mítica empresa Suárez-Rodríguez fue un verdadero espacio de eclosión para compositores, cantantes, actores, libretistas, escenógrafos…si pensamos en todos esos grandes nombres Roig, Prats, Lecuona, Rita, De Grandy, Candita, Maruja González, Alicia Rico, Garrido y Piñero, Nono Noriega.. pienso que nunca antes coincidieron tantas míticas figuras.

Sí, en realidad fue mérito tanto de Agustín Rodríguez y su coempresario como de los maestros Roig y Prats, con su enorme prestigio y poder de convocatoria, lograr nuclear a las mejores figuras del género. Eso explica en gran medida la respuesta favorable del público, que hizo posible la existencia de la temporada durante cinco años consecutivos, sobre todo en una época de profunda crisis económica y violencia política.

Caricatura de Agustín Rodríguez, por Silvio (1954).

Aunque usted considera La Venus de Bronce como un acercamiento inicial a la historia de la zarzuela cubana este es un esfuerzo historiográfico extraordinario que por su rigor investigativo y certero juicio crítico ha devenido referencia obligada en Cuba y en Hispanoamérica. La estructura capitular dedica un valioso espacio a este período ilustre que hemos mencionado y a otros no menos importantes. ¿Cómo concibió este recorrido literario y cuánto varió?

Agradezco tu alta valoración sobre mi obra. En realidad mi criterio acerca de este asunto se basa en que la investigación sobre cualquier tema es un proceso infinito que requiere de parte del investigador, además de un conocimiento profundo sobre la materia, una entrega total y apasionada. En muchas ocasiones esta última te arma de la paciencia necesaria y en última instancia pienso que pudiera suplir alguna deficiencia en el conocimiento acumulado.

El investigador debe armarse de una paciencia enorme, tanta que si el tema no te gusta con pasión, la tarea se convierte en un martirio, te aburres y terminas con dejarlo. Por otra parte, en todo resultado investigativo, por exhaustivo que pueda parecer, siempre permanecerán zonas inexploradas o poco estudiadas y al propio tiempo surgirán nuevos datos que darán luz a estos problemas sin tratar o harán variar las conclusiones presentadas.  Por todo ello tengo el convencimiento absoluto de que ninguna obra, ningún estudio es definitivo, tarde o temprano el tiempo viene a envejecerlos. Y esto es precisamente lo que le aporta un carácter científico a la investigación, aunque el tema pertenezca al área de las denominadas humanidades o de las artes, como es el caso que nos ocupa.

Y para responder a tu pregunta, te puedo decir que la primera motivación para hacer esta obra surgió en mí, quizás sin advertirlo, a una edad muy temprana, y tiene que ver con ese apasionamiento que te mencioné antes. Mi gusto por el género desde pequeño y mi interés también desde bien temprano por la historia. Ambas motivaciones me hicieron escribir un día al maestro Roig. Apenas tendría 19 o 20 años. En la carta le decía que quería escribir una historia de la música cubana, le di mi opinión sobre su Cecilia…, —osadía de la juventud a la que respondió el genial autor con benevolencia y modestia— y le pedí una foto.

Para no hacerte largo el relato, el tiempo pasó y en 1998, mientras trabajaba con el maestro Duchesne en el Lírico, me vi atendiendo a Jean-Louis Martinoty, quien había sido nada menos que director de la Ópera de París y proyectaba dirigir una puesta de María la O para la Ópera de Montpellier. Diariamente durante varias semanas le serví de guía, de intérprete y le conseguí bibliografía y le busqué información sobre la obra. El proyecto se disolvió pero yo continué el trabajo en las bibliotecas y de buenas a primeras me di cuenta de que en todo aquel material recopilado, en aquellos datos encontrados había un libro, y entonces la soñada historia de la música se fue haciendo realidad, limitada ahora a la zarzuela cubana y se convertía poco a poco en La Venus de bronce, que se honra en su página inicial con la reproducción de la foto y la dedicatoria del maestro.

Entre los documentos recogidos, las crónicas de los estrenos de María la O, Cecilia Valdés y Amalia Batista, nos devuelven el esplendor de una época gloriosa y la brillante acogida de estos clásicos por parte del público y la crítica.

Yo me decidí a reproducir íntegramente estos textos en mi libro debido al deterioro de los ejemplares de prensa existentes en nuestras bibliotecas, un poco con la intención de salvarlos. Por lo que dices me doy cuenta de que, además, les adicionan a los lectores un nivel mayor de comprensión sobre la época.

Otro de los valores indiscutibles del texto es el minucioso cuerpo de anexos que, incluye desde repertorio, compositores, libretistas… por sí sólo, podría constituir un diccionario…

Sí, en algunas reseñas que mi obra ha recibido se destacan los anexos, y en ocasiones merecen una valoración superior a la que conceden al resto del libro. Son fichas de más de 300 obras estrenadas por la compañía Suárez-Rodríguez del teatro Martí entre 1931 y 1936, síntesis biográficas de sus autores y los actores que trabajaron en aquella temporada, que es sin discusión el período de oro de la zarzuela cubana. Por eso quedan excluidas allí figuras tan importantes de esa etapa como Esther Borja o Rosario García Orellana, que no figuraron en la compañía.

Entre la primera y la segunda edición del libro logré completar estas pequeñas biografías lo más posible, incluso con la fecha de nacimiento y muerte de la mayoría de las figuras, datos muchos de ellos inéditos hasta entonces, que agradeceré siempre —lo hago en los anexos, en cada caso— a varios amigos que acudieron en mi auxilio. Por cierto me gustaría destacar, ahora que he mencionado las reseñas, que salvo unas dos o tres excepciones, la edición cubana de mi libro ha tenido mucha mayor fortuna en el extranjero que en Cuba. Quizás sea una lectura demasiado densa y poco atractiva para la crítica nacional. ¿Quién sabe?

Me gustaría cerrar este breve acercamiento a uno de los periodos más brillantes de la cultura nacional evocando un fragmento de la crónica del Heraldo de Cuba, tras el estreno de Cecilia Valdés. La apoteósica acogida de estazarzuela, invita a volver la mirada sobre este y otros títulos del gran repertorio lírico cubano y nada mejor que acercarnos a su extraordinariainvestigación para redescubrir nuestra historia:

En todo pensaron los autores del libreto, su éxito estaba escrito de antemano en el libro del destino en la columna del Haber (…) nada hay que pueda superare en calidad ni en cantidad en el género cubano a la música de Cecilia Valdés (…) bellezas melódicas, conjuntos armónicos brillantísimos, detalles sinfónicos de gran efecto, pero no de ese efecto que pasa terminados los últimos acordes, sino que quedan impresos en la mente, en el sentir, como grabados en el fuego (…).

Todas las imágenes pertenecen al Archivo digital Río Prado.

 

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DamasDanza(s) Alejandra Díaz, Paraguay

Coreógrafa, bailarina, maestra, Curadora, investigadora, gestora cultural independiente. Directora de Crear en Libertad: www.crearenlibertad.org Danza de las Horas La mañana...

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