Notas sobre el cuerpo en el quehacer escénico

Por Roberto Pérez León

El cuerpo encarna al mundo

Merleau-Ponty

El filósofo francés Merleau-Ponty nos dejó una extensa y laberíntica obra sobre el cuerpo. En su libro póstumo Lo invisible y lo visible expresa que el cuerpo es la envoltura del mundo. ¡Qué grandeza antropocéntrica, qué lujo de expresión centrar al ser humano en el grandioso paisaje del cuerpo!

Habitamos un cuerpo biológico. Contamos con un cuerpo imaginado. Y cada acción humana emana del cuerpo biológico y del imaginado. Somos un sistema de símbolos que derivan del cuerpo como dador de imágenes constituyentes de la corpografía escénica.

El giro performativo en las artes escénicas ha dado lugar al “cómo hacer cosas” con el movimiento. El movimiento como enunciado performativo y no constativo, es decir un movimiento performativo que no se limite a describir sino que exprese y realice la acción mediante el pleno desarrollo de la corporalidad, como exclusividad de la condición humana portadora de los contextos vivenciales y de la mediación social y cultural.

El movimiento corporal en escena no es una simple manifestación de la capacidad motora del cuerpo, no se trata de un hábito sino de una fórmula que requiere una resolución además de teórica, práctica de la concepción del cuerpo como instrumento biosicosocial cuyo proyecto motor conlleva lo cognitivo y lo expresivo de la intención corporal.

Las teorías de las performatividad han implementado una mirada corporeizada en el ámbito de las artes escénicas. Toda acción escénica está centrada en lo corporal, independientemente de que agentes escénicos no corporales puedan participar en el entramado del acontecimiento que resulta de la ejecución del accionar escénico global.

La performance convierte al ejecutante, ya sea un bailarín o un actor,  en un performers de la escena. Esta cualificación implica una mirada antropológica, en tanto precisa de la presencia de un cuerpo, de una persona que de acuerdo a sus capacidades expresivas y sus motivaciones emocionales hace posible la presentación de la producción escénica, del espectáculo organizado de acuerdo a valores culturales e ideoestéticos.

La performance a partir del cuerpo escénico implica espectáculos performados con una perspectiva estética inherente a toda construcción artística. Pero además debe tener en cuenta valores antropológicos, el espectáculo es portador no solo de belleza sino también de eficacia simbólica en el orden social, en el orden de la vida del mundo cotidiano.

A partir de la performatividad, la escena queda condicionada corporalmente. Es el cuerpo a través del movimiento y la percepción, el  que hace que se supere el mismo diseño motoro para lograr una motricidad de amplias potencialidades.

La concepción corporal de Merleau-Ponty le permitió declarar:

(…) mi existencia es llevada por el aparato cognoscente que es mi cuerpo.

Y como creemos que es así, entonces nuestro cuerpo además de poder ser complementado con artefactos ajenos a lo corporal, el caso del cuerpo escénico tiene la capacidad de producir un movimiento abstracto: gestos, danza, mímica.

Centrarnos en el cuerpo como objeto anatómico es una limitación a la hora de concebir el cuerpo escénico. No es posible la detonación expresiva solo con el mecanismo muscular sin la conciencia y comprensión experiencial del ejecutante.

La expresión del ejecutante danzario o teatral -el performers- tiene la resonancia de la técnica modeladora del movimiento como portador de la individualidad en un espacio y un entorno de energías que aunque singulares no podrán ser ajenas al cuerpo. Debe existir una coordinación entre cuerpo, técnica y expresión.

Técnica y expresión deben sostener una estructura sintáctica de paralelismo cruzado donde, en el desarrollo escénico, se consiga un equilibrio relacional, un entrelazo fecundante.

En la videncia escénica la técnica y expresión corporal debe hacerse visibles en “una intimidad tan estrecha como la del mar y la playa” (Merleau-Ponty).

Cuerpo, expresión y técnica son elementos intercambiables escénicamente, la reificación de uno de ellos desdibuja el paisaje de la dramaturgia del movimiento como organización hacia un centro sensible y fenoménico.

Toda acción escénica debe brotar de una interioridad y un afuera, desde lo propio y lo ajeno. En esa ambigüedad dialéctica, el cuerpo se enfrenta a un acto comunicacional que conlleva la dotación de una estética que irrumpe una vez disuelto el pliegue de la técnica y la cicatriz de la anatomía en el aquí y el ahora de la realización escénica.

El cuerpo escénico no está suplementado con la técnica, deviene movimiento, acción, expresión, creación en el quehacer cotidiano metamorfoseado por la conciencia que advierte el poeta francés Paul Valéry:

el hombre se dio cuenta de que poseía más vigor, más agilidad, más posibilidades articulares y musculares de las que necesitaba para satisfacer las necesidades de su existencia.

Cuerpo y espacio consiguen una existencia de signos corporales que sobrepasa el movimiento y a la técnica, entonces devine el acontecimiento de la expresión escénica.

Cuerpo y espacio se rearticulan más allá de la normatividad perceptiva de la técnica. Sin duda, la técnica da al cuerpo una capacidad motriz especial pero la singularidad de ese cuerpo no la prolonga la técnica porque esta, en su normatividad, puede entorpecer la expresión corporal que supera lo anatómico.

Desde el ángulo teleológico, el cuerpo escénico tiene un propósito específico como cuerpo cotidiano, vivido con experiencia, interacciones e intervenciones sociales (el habitus).

El cuerpo se estructura y se crea así mismo desde el contexto sociocultural. El cuerpo deviene cuerpo escénico mediado y a la vez recipiendario de una técnica funcional e instrumental que para nada puede esquematizarlo sino hacerlo manifestar una funcional dramaturgia, en tanto, en su inmanencia y trascendencia, organiza acciones como sujeto de la percepción.

El valor epistemológico del movimiento y de la percepción está en el efecto escénico como ontología de la potencia cognitiva del cuerpo en escena, que tiene como correlato un cuerpo fenomenal ideo-estético.

En portada: Oblivion, Compañía Médula, Guantánamo. Foto Carlos Rafael.

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