Mujeres en escena: expuestas, espiadas, rebeladas

Por Noel Bonilla-Chongo

… no consiste en combinar palabras conforme a reglas establecidas,

sino en inventar siempre combinaciones nuevas y, de este modo,

poder presagiar y testificar lo que somos y lo que nos ocurre…

 Luisa Muraro en El dios de las mujeres

 

Después de la satisfacción que nos suscitara hace cuatro años atrás la puesta en circulación del dossier “DamasDanza(s), coreografías en trazos de mujer”, ideado a raíz de la fractura que venía significando la emergencia de la Covid-19, regresamos hoy a algunas de aquellas anotaciones que, como vividas experiencias y reflexiones impuestas por la obligada virtualidad, nos permite resignificar los insumos nutrientes del proyecto “Mujeres en escena”.

“Mujeres en escena”, procurando “inventar siempre combinaciones nuevas”, en ideación de la Dirección de Gestión Cultural de la Oficina del Historiador de La Habana (OHCH) y el Teatro Martí, acompañó la visibilidad del quehacer de creadoras reconocidas, con una obra sólida y referencial en el panorama de las artes escénicas habanera, cubana e internacionalmente; al tiempo que, igualmente, identifica y promueve la participación inclusiva de adolescentes, jóvenes y otras mujeres en el sector cultural, creativo y patrimonial del territorio, para fortalecer sus capacidades y visibilizar sus aportes, desde un enfoque de derechos, equidad de género y sostenibilidad ambiental.

Con “Mujeres en escena” nos situamos junto a creadoras que, desde la danza y el teatro, sostienen sus potencialidades en torno a las relaciones escena-género-ciudad, tres conceptos estrechamente ligados en el contexto de la cultura occidental contemporánea, y donde Cuba está mostrando efectos y afectos ciertos; ejes que vectorizan los procesos de investigación, creación y puesta en acción de los modos de producción artística de las creadoras.

¿Cómo construir entre las grietas y subvertir la precariedad (en tanto oportunidad para la emergencia creativa) desde la danza y el teatro que nos venía dejando la pandemia? Acaso, ¿después de la Covid-19 asistimos a una nueva era para la danza, el teatro, el arte, la cultura? Ellas, expuestas, espiadas, rebeladas, trazarían “nuevas” cartografías, cual mapeo pertinente y situado de lo escénico como pródigo “territorio de rebeldía”. Con “Mujeres en escena” nos acercamos a emancipaciones, extensiones, prolongaciones del ideal renovador y la asunción de un rol cambiante y generativo de convivio. La pieza bien faite que ahora se des/montaría ante los ojos del ojo observador sin pretender ocultar costuras ni dobleces, mostrando las cosas como son.

Y justamente, estas notas constituyen un avance de una investigación mayor, multifactorial y multisectorial en realización, sobre la perspectiva de género en el tratamiento de lo escénico y el sector cultural, analizada desde una refracción abierta y diversa:

el acceso, el consumo y la participación cultural, por un lado; del mercado laboral, el empleo del sector cultural y las profesiones artístico culturales por otro; del análisis y registro pormenorizado resultante en el fortalecimiento de las capacidades institucionales para promover la equidad de género y su transversalización en la gestión y educación patrimonial, estimando el enfoque de derechos y participación; así como el acompañamiento especializado de la crítica, la asesoría y consultoría artística, operativos en la creación, para la programación y difusión cultural del afán de nuestras mujeres en escena.

La igualdad de acceso y participación a la cultura entre hombres y mujeres es uno de los desafíos reconocidos por la UNESCO para combatir estereotipos negativos y limitaciones en la libertad de expresión.

Las relaciones de género juegan un rol sumamente importante en la transmisión de conocimientos asociados a la producción cultural y al fomento de expresiones de creatividad. Y al igual que la creación de la Red Colaborativa de Mujeres en La Habana Vieja para promover el empoderamiento femenino y la igualdad de género; lo acontecido, esas producciones escénicas que referimos como felices partos post pandemia, de “Mujeres en escena”, es espacio para compartir metodologías de trabajo desde el cuerpo escénico como vehículo en la amplificación de modos seguros para habitar los espacios.

El espacio como contenedor de individualidades múltiples, la ciudad como reservorio de memorias que transitan las edades del presente y nos devuelve una Habana teatralmente danzante desde cada una y cada uno de sus hacedores. Proyecto donde creadoras (consagradas y noveles / profesionales y amateurs) asociadas a varios programas de desarrollo, capacitación, promoción y circulación existentes en la OHCH y otros que van naciendo tras las propias dinámicas generadas con anterioridad, hoy nos permiten extender hacia perspectivas más integradoras y de permanencia en el tiempo.

Red de Mujeres colaborativa en Habana Vieja.

Fórums temáticos, coloquios, presentaciones artísticas, desmontajes de procesos y obras, talleres de entrenamiento, pitching de dramaturgia, entre otras acciones dentro del emprendimiento e industrias culturales y creativas asociadas al hacer de las mujeres en escena, registran acciones felices:

Las puestas en escenas realizadas en calidad de estrenos y reposiciones, la muestra de resultados parciales de trabajo, los reconocimientos con premios Villanueva de la Crítica especializada, la aceptación de los públicos, es garantía.

Paralelamente, la ejecución de intercambios con coreógrafas, directoras escénicas, dramaturgas, bailarinas y actrices, líderes de la creación escénica habanera, crean momentos para debatir sobre los desafíos en este ámbito, propiciar alianzas e incorporar nuevas voces creativas.

Una nómina de artistas radicadas en La Habana y que desarrollan un significativo trabajo de investigación/creación, de promoción y desarrollo comunitario, signan y guían las rutas de acceso: las coreógrafas y directoras Isabel Bustos, Lizt Alfonso, Susana Pous, Ana Rosa Meneses, Eva Despaigne o Sandra Ramy, desde la danza; y las dramaturgas, actrices y directoras escénicas Agnieska Hernández, Liliana Lam, Lizette Silverio o Irene Borges, desde el teatro.

Al presente, “Mujeres en escena”, mantiene el diálogo cooperativo con la Red Colaborativa de Mujeres en La Habana Vieja, con las cátedras honoríficas Danzar.Cu y Arte, Género y Mujer de la Universidad de las Artes; al tiempo que rinde homenaje al camino andado por los proyectos “Todas”, “Palomas” y otros similares que, en la actualidad, también desde las redefiniciones en sus estrategias de trabajo, se van fundamentando en nuestro “Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres”.

Y mientras aguardamos que el escenario nuevamente aliste la eficacia de sus mecanismos, engranajes y aforo teatral, registrar el suvenir de las piezas Habana Fénix, de Lizt Alfonso Dance Cuba; Saudade, de Sandra Ramy con Colectivo Persona; de Ana Rosa Meneses con su Ecos Flamenca en Bernarda ¡No!; de Mondo con Susana Pous y Micompañía; de los Pecados Capitales, de Isabel Bustos con su Danza-Teatro Retazos; de Eva Despaigne y sus chicas percusionistas de Obiní Batá; allí donde las puertas del legendario Teatro Martí se abren para acoger nuevas teatralidades.

Volver a la grafía irreverente de Liliana Lam en Kilómetro Cero, Favez, Clara o su recién Planeta Varón; a la cubanizada Charlotte Corday de Lizette Silverio; a las muchas voces de una Agnieska Hernández plena, versátil, prolífera; a las escrituras por venir en trazos de Irene Borges y más mujeres de nuestra escena.

Y con ellas, parafrasear a Lizárraga, sentipensar que ni el teatro ni la danza pueden ser sólo una cosa; mejor, son secuencias de deslices y escaladas, contracción, respiración y sonrisa, placer, guiño, dolor y jadeo, salto y caída, paso, pulso y pirueta, carrera, zancada, elevación, giro y descenso, avance, retorno, enraizamiento y estabilidad fugaz.  Se dice, se sabe que es todo eso y mucho más.

Somos testigos que, gracias a esos sutiles juegos de acercamiento y distancias entre la escena y la vida, lo humano recupera esos vínculos que secretamente lo unen al mundo, a las tristezas y a sus alegrías; a lo roto y a todo aquello que se recompone entre frases, secuencias, movimientos y el accionar de sus múltiples cuerpos en escena para, “de este modo, poder presagiar y testificar lo que somos y lo que nos ocurre”.