Mis años en el teatro santiaguero. Trazos desde la distancia

Por Norah Hamze Guilart

Remontarme a mi experiencia activa dentro del teatro en estas seis décadas me incita a repasar en breve la actividad teatral precedente, con figuras de la escena nacional que, en gran medida, propician hoy la celebración jubilosa de los 60 años del teatro en la urbe santiaguera.

Un sólido movimiento de aficionados vinculados a Teatro Universitario dirigido por Francisco Morín bajo el auspicio de la Cátedra de Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oriente, otros en torno a La Sociedad de Teatro de Oriente con su escuela de Arte Dramático bajo la égida de Adolfo de Luis; Letra T fundado por Ezequiel Vieta y Beatriz Maggi, Teatro Arena asociado al grupo Galería guiado por el maestro de la plástica Antonio Ferrer Cabello y el grupo Mella dirigido por Pepe Vázquez, además de los afiliados al Círculo Literario Artístico Heredia, componen el poderoso núcleo de actores e intelectuales que, a inicios de la década del sesenta del pasado siglo, van a integrar los cimientos del teatro profesional santiaguero.

Al fundarse el Conjunto Dramático de Oriente y el Guiñol de Oriente en 1961 ingresan a sus nóminas muchos de los que transitaron por las agrupaciones precedentes; un acontecimiento reforzado con la creación de la Academia de Artes Dramáticas en 1962 donde se impulsa un movimiento que, con el paso del tiempo en sus múltiples transformaciones, deriva en la pluralidad de colectivos que actualmente lo integran.

La vocación popular del teatro santiaguero lo mantiene ligado a las tradiciones autóctonas de la región oriental y a la idiosincrasia de la localidad. Una condición inherente a la enunciación escénica, determinante en su carácter interdisciplinar amalgamado con la música trovadoresca, folclórica, campesina y ritmos oriundos de la región, así como con la danza contemporánea, los bailes populares, el folclor, la lírica, la narración oral, la visualidad a través del color heredado de las festividades carnavalescas, y tintes neutrales que conectan con el legado histórico y la ritualidad mágico-religiosa afrocubana.

Aquí no ha pasado nada. Cabildo Teatral Santiago.

Desde sus inicios es un teatro abierto a corrientes renovadoras y, en las décadas del setenta-ochenta del pasado siglo, impulsado por el Cabildo Teatral Santiago se alía a las comunidades al extender su alcance hasta las barriadas de la ciudad y los municipios aledaños. Una práctica replicada por colectivos actuales que han privilegiado la labor comunitaria dentro de su hacer cotidiano.

Tres etapas fundamentales marcan mi profesión en el teatro santiaguero. La primera en septiembre de 1967 cuando proveniente del grupo de aficionados del preuniversitario Cuqui Bosch, opto por la plaza femenina que ofrece el Dramático de Oriente y la obtengo. A partir de ese momento el rigor en el aprendizaje me provee de las pautas fundamentales para entrar en el mundo de los personajes y sus conflictos, desempeñarme en disímiles situaciones desde distintos géneros y aferrarme a la ética y disciplina que me han acompañado toda la vida.

La segunda la ubico alrededor de 1973 cuando la agrupación se vuelca hacia las tradiciones culturales de la región y desempolva el viejo teatro de relaciones como una revelación para interactuar con las grandes masas, explorar espacios versátiles al aire libre, incluir otras temáticas y un lenguaje comunicacional cómplice para el gran público que trasforma el teatro en una gigantesca fiesta de la acción y la palabra. Época esplendorosa del entonces Cabildo Teatral Santiago donde –por demás- comienzo a ejercitarme en la dirección escénica.

Una tercera se corresponde con la creación de Calibán Teatro a finales de 1986, en que intento reorientar mi labor como directora al asumir la responsabilidad sobre un elenco integrado por talentosos intérpretes con amplias y probadas posibilidades expresivas, y con jóvenes incorporados sin formación académica y escasa o nula experiencia anterior. Una ruta enriquecedora, asociada a la investigación y el estudio en torno a la integración de lenguajes, para cubrir las expectativas, aspiraciones e inquietudes del elenco fundacional y el de otras generaciones que nos van nutriendo con aires renovados, sin renunciar a la incidencia en la comunidad ni desprendernos de los altos valores de la tradición santiaguera.

Escorial. Calibán Teatro

Cuando a partir del 2005 me traslado definitivamente a La Habana, dedico gran parte de mi carrera a la investigación y puedo mirar al teatro santiaguero desde la distancia, sin autocomplacencia, con ojo penetrante y examinador para develar sus luces y sombras, donde incluyo mi labor por casi 40 años. Un ejercicio que por encima de todo lo opaco, permite distinguir un movimiento teatral sostenido durante 60 años “contra viento y marea”, a veces en un aislamiento casi total, sin infraestructura adecuada ni recursos para grandes emprendimientos, con intensa pasión por el teatro y resultados altamente loables, que se evidencian en numerosos premios y reconocimientos de la crítica especializada y en el goce de una masa plural de pueblo que lo disfruta, anima, valora y aplaude; donde, por demás, han germinado célebres figuras de la escena nacional, intelectuales y actores de buen hacer, que dignifican el teatro cubano en la isla y en otras partes del orbe.

Durante estos años, y en la medida de lo posible, la afinidad con movimiento teatral santiaguero y el sentido de pertenencia, me compulsan a tomar parte en acciones dirigidas a la salvaguarda de un patrimonio escénico legítimo, diverso, digno de mayor visibilidad en virtud de sus peculiaridades y brillo. Me obliga a sortear las travesuras de la memoria y mantener a salvo la presencia del terruño, su gente (mi gente), donde he fraguado un imaginario para mirar el acto teatral con lente dilatado, obviar sus opacidades y aplaudir ese teatro en su 60 aniversario, cuya savia sigue llenando de vida y alegría las calles, las comunidades y los recintos teatrales de “la muy noble y muy leal” ciudad de Santiago de Cuba.

En Portada: Jacque Hipolitte y su tambor, Calibán Teatro.

Fotos cortesía de la autora.

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