Micompañía, el tiempo que sigue

Por Noel Bonilla-Chongo

La danza es, también, una intensificación del tiempo

Jean-Luc Nancy

Justo en la víspera de un nuevo aniversario del establecimiento de Micompañía (el 8 de marzo de 2018), en continuidad del trabajo que ya venía desarrollando Susana Pous con la emblemática DanzAbierta, la coreógrafa compartiría generosa un fragmento de la nueva producción que por estos días la tiene subsumida entre búsquedas y escrituras. Y es que, con Susana, aquello de que es el tiempo lo único que nos queda, se vuelve certera obsesión creativa.

Hoy, ocho cortos años después, Micompañía sigue siendo esa suerte de cuartel general donde ella se guarece. Más allá de los tiempos y aun teniéndolos a favor (o en contra), cual mella que cuenta sobre la carne, la artista no deja de fabular, de plantar y cosechar todo cuanto va urdiendo con sus danzantes y cómplices acompañantes. Confiemos que las trampas del presente sigan tejiendo con paciencia obatálica y pronto podamos volverla aplaudir, ahora con su nueva proposición.

Micompañía nacería en la Habana, cortijo citadino donde Susana resuelve como permanente aposento y franja creativa. Aquí, su ya constatada experiencia de más de veinte años de trabajo como bailarina, maestra y coreógrafa en la compañía DanzAbierta (agrupación donde desarrollaría obras de perdurable impacto y ganada certeza coreográfica como ¿Qué se puede esperar cuando se está esperando?, MalSon, Showroom, Welcome o Trade winds), la visten hoy por hoy como “la ejemplar” coreógrafa nuestra siempre seductora; y todo, por su quehacer de elevados quilates junto a Micompañía.

Paradójicamente, mientras las creaciones de Susana han recorrido las mejores plazas y circuitos del mundo (“mundial”), fundamentales escenarios insulares para la danza como son Camagüey y Santiago de Cuba, aún no han tenido a Micompañía en sus programaciones, festivales o temporadas especiales. Al día de hoy, las creaciones de la coreógrafa con DanzAbierta y con Micompañía (de Malson, en 2009 a Mondo, en 2023) han sido siempre reconocidas con el Premio Villanueva de la crítica especializada y otros lauros significativos entre nosotros. Hecho que, certifica con mucho, cómo Susana en la danza cubana, singulariza la voluntad de mujer emprendedora, dadora e infinita.

Apuesta ella por la transfiguración y la sorpresa, por el viaje en ritornello y en progres, por lo propio y lo extrínseco. ¿Qué es si no Infinito?, al restaurar y transformar el plano movimental, promueve un sentido danzario novel, expande las más recónditas emociones, sí, aquellas que se nos extravían por el cuerpo. Infinito, en voz del crítico Roberto Pérez León, es estremecedor en su entereza, es un soberbio despliegue coréutico de sistemas significantes que, ante el socorrido eclecticismo contemporáneo tan llevado y traído, explaya el buen gusto de su hechura coreográfica y la capacidad inacabable para componer de su coreógrafa. O, ¿qué es si no Mondo?, al decir del colega Yuris Nórido, la metáfora es sólida; hay un discurso perfectamente articulado, un concepto claro, un posicionamiento. Se reflexiona en lo esencial y también en las añadiduras, lo accesorio, la paja que suele estar junto al grano. Y al mismo tiempo, con una marcada vocación lírica, se recrean circunstancias reconocibles, rutinas y lógicas sociales con planteamiento diáfano, sin ser chato ni obvio.

Por otra parte, los más importantes festivales y escenarios para la danza contemporánea en Europa, Norteamérica o Asía, incluidos Montpellier Danse, Las Hibernales de Aviñón, Festival Passage, en Francia; el Holland Dance Festival, SIDANCE de Corea del Sur; Schrittmacher y Oldemburg en Alemania, el Sziget de Hungría; Jacob ́s Pillow, Joyce Theater NY, Chicago Athenaeum, Instituto Contemporáneo de Artes de Boston, Annenberg Center Universidad de Pennsylvania y Dance Place de Washington, todos en Estados Unidos; Danse Encore en Canadá, así como giras y presentaciones en la Bienal Internacional de Cali, el Festival Danza en la Ciudad (Bogotá) o la Temporada Internacional de Danza en Medellín, Colombia; unido a los eventos más significativos que se realizan en el Caribe y tantos escenarios en Iberoamérica, Susana y Micompañía saben que el deber ser de la danza está más allá de lo hasta hoy conseguido.

Al otro lado del regocijo que pudiera tener para Micompañía la presencia en estos importantes eventos, notorio sería mirar cuánto significa para la danza y las artes escénicas cubanas el mérito en pos de la internacionalización de nuestras conquistas, más cuando la acción de gestión y mediación cultural para lograr este posicionamiento se traduce en ganancia para todos. Argumentando cómo la danza, en la trillada y supuesta ejecución corporal que utiliza movimientos rítmicos en un espacio determinado, es efímera y tienen una forma y estilo reconocidos tanto por sus intérpretes como por los espectadores, trasciende la noción de forma de expresión emocional e interacción social, para volverse prisma de nuestra identidad y valores culturales frente al mundo.

Y ahí, el trazo de Susana Pous se ha venido consolidando como una de las voces más relevantes entre nosotros, no solo por la innovación y certidumbre resolutiva de sus entramados coreográficos o por el virtuoso nivel que le otorga a la creación danzaria en nuestra Isla, sino también por el profundo uso de la memoria cultural cubana en sus procesos de creación; qué es sino su Otra Bella Cubana, para el Ballet Nacional de Cuba o su Fuga para Acosta Danza Yunior. Mientras su Fuga, en tanto “vértigo del vacío”, redimensiona el ámbito reducido y circunscrito del movimiento a unos límites (im)precisos para amplificar la metáfora que puede implicar la fuga y la permanencia, el estar y el partir; su Otra Bella Cubana retuerce la lírica musical sostenida de José White en un chorus femenil amansado y emancipado, a la vez. En ambas piezas hechas por encargo, parecería que la creadora, aun no siendo oriunda de aquí, sabe que esta tierra está hecha de idas y venidas, las mismas que burlan la inquietud de los tiempos y serpentean los cuerpos y sus espacios significantes como huella de lo mismo, y también de lo otro.

Fuga, pieza de Susana Pous para Acosta Danza. Foto © Arhivo Cubaescena

Micompañía tiene su sede en VillaLola, espacio cultural abierto a la creación, formación artística e intercambio entre profesionales y amateurs. Susana comanda el barco, como buena capitana ha aprendido cómo trazar rutas para arar sobre el mar, navegar en la tierra y caminar por el cielo. Ella y su permanente hacer nos ratifican que sí, la danza hoy en día es importante. Con la coreógrafa, asistimos al momento en que el tiempo, como con el cuerpo, se produce así mismo con su propia sensibilidad: la danza es una intensificación del tiempo como lo es del cuerpo por sí solo, por sí mismo.

¡Muchas felicidades Susana y Micompañía en este nuevo cumpleaños!

Fotos © Archivos Micompañía