Memorias Danzar en Casa

Por Noel Bonilla-Chongo

Es cierto, este libro no fue escrito por una sola persona. Lo escribieron muchas manos. Sí, nuestras manos temblorosas antes de empezar y al concluir los maratones danzarios. Nuestras miradas cómplices ante un paso incierto y tras los aplausos del más seguro de los pasos; también nuestras risas cuando el cuerpo pedía tregua o cuando la pausa no era necesaria. Memorias Danzar en Casa, hay en ellas una especie compactada cual “juego de abalorios” de lo común y cotidiano. Suerte de espacio multipolar para todo lo posible. Acá, mi voz de supuesto narrador omnisciente cede la principalía de una obra íntima que recuenta una experiencia particular para volverse anchurosa voz que conserva y comparte recuerdos, vivencias, tránsitos de todas y todos. Narración oral, crítica, poesía, baile, imagen, entrevista, descarga y vida previamente documentada; todo concurrente como si emergiera de cualquiera de los trazos y fotos aquí capturadas. Proyecto y danza en oda a la inclusión y a la mixtura, a lo propio y lo extraño, a lo nuestro y lo ajeno. De ahí que la ordenación de las voces ahora apresadas, se muestra libres, tal como fueron llegando directamente o como fueron auto gestándose en sí mismas y en su conjunto compilado. Pueden ser leídas de atrás hacia delante, de principio a fin o viceversa.

Y ahí, detrás de todo, la porfía del hermoso proyecto inicial que aún continúa iluminando el ingenio, los credos y las esperanzas. Ciego de Ávila no contaba con un evento de la magnitud y convocatoria como la que se proponía Danzar en Casa desde que Lupe Díaz Beracierto, su principal líder, lanzara la idea en seductora provocación a un grupo de especialistas, gestores institucionales y artistas de la danza. Quizás haya sido la experticia que Lupe acumulaba en su cuerpo-alma de eficaz productora artística y gestora cultural acompañante de proyectos con indiscutible trayectoria y valía distintiva en el mundo del espectáculo, las artes sonoras y escénicas cubanas. Seguro, su atento “ojo de águila”, detectó que venía emergiendo una necesidad real de concretar en el terreno de las prácticas artísticas, un espacio de participación, de invención, de inclusión y encuentro para que los bailes y danzas de su terruño, se mostraran al interior y al exterior de sus inmediatos linderos. Suscitar nuevas maneras de hacer, saber y pensar la producción cultural y de desarrollo sostenible, en su Ciego/ Casa para danzar.

Memorias Danzar en Casa, contiene tanto de sí como de aquello otro que también la memoria atrapa e hilvana. Rememorar las ediciones pasadas de Danzar en Casa es dibujar un mapeo situado en una tierra que conoce muy bien cómo burlar trochas, cercos, veredas y angostos caminos para retener el privilegio de lo bien conquistado. Podría pensarse que tres ediciones, es tal vez todavía prematuro, pero no deja de ser tiempo prudente que, como partida en ascenso, ha mostrado las potencialidades de este suelo para convertirse en bisagra geográfica expositiva oportuna de todo lo que pudiera generarse alrededor de la danza en el Oriente y Occidente cubanos, en las transfronterizaciones y diversidad de otras danzas (nuestras e internacionales) y en convergencia celebrante por el Día Internacional de la Danza, cada 29 de abril al centro del país. Constatar la apetencia de los públicos, el seguimiento a la totalidad de las acciones agendadas, el acompañamiento de las autoridades gubernamentales e instituciones provinciales y municipales, son evidencias de lo que ya significa Danzar en Casa dentro del sistema de eventos de las artes escénicas de esta tierra.

Mientras repasaba mis apuntes acumulados en estos años, procurando hilar fino en transacción con mis recuerdos y vivencias para cifrar por escrito lo acumulado, no dejo de sentir que la danza se vuelve acción en la justa medida que la ausencia de su cuerpo danzante se vuelve, por igual, necesaria presencia. Rememoraba que la luz entonces ofrecida sigue siendo hechizo envolvente, que la música resuena apresada como potente eco en la distancia; y sí, el deseo/expectativa/voluntad/convivio generado en las pasadas ediciones de Danzar en Casa, se bate por retener la permanencia de lo efímero. El aprendizaje que nos dejan los intensos días que se viven en las calles, plazas, parques, galerías de arte, en los salones de la escuela vocacional de arte, en las comunidades, bateyes o cruce de caminos de Majagua, Violeta (hoy Primero de Enero), Morón o en la propia ciudad capital, son develaciones, conexiones, alianzas para explorar la multiplicidad de cuerpos, de vocabularios coreográficos, de expresiones danzarias y esas percepciones que la danza ha mostrado en su deseo de hacernos, sin dudar, más felices.

Las partes (del post-prefacio y Desde dentro a los Sentires, Escenarios, Interviús, Pensares, De la prensa, etc.) que integran estas Memorias …  así lo han tejido. Un ir y venir entre primeras impresiones, entre segundas y terceras experiencias vividas por quienes repiten. Un conjunto de imágenes fotográficas que no se queda en el enunciado peso identitario de la imagen misma, sino que como puerta abierta nos permite acceder, entrar, desde muchos frentes, en la articulación de una novel ruta discursiva del plano, el encuadre, la toma, por muy azarosas que estas hayan sido. Sí, en esos vericuetos entramados donde el obturador de la cámara (tal como lo relata “Danseur/Bailarín”, exposición aquí contenida) se sitúa entre afectos, elecciones, seducciones, revelaciones, antojos; haciendo que el objeto fotográfico (y el sujeto fotografiado) redimensione su modo expresivo al entreverar imagen, voz, concepto, ideografía, signo y símbolo desde el elegante ojo visor de la cámara.

Memorias Danzar en Casa, contiene una franja que extracta parte de la labor irrenunciable de la acción crítica acompañante, de la necesaria investigación en torno a todo lo aportado por los bailes y danzas de aquí y de otros sitios próximos en geografía o manía bailante. En celebración por la dicha de contar con buenas voluntades cómplices y amadoras de mejores posibles, contamos con resúmenes de investigaciones, conferencias y ponencias que han sido compartidas en las ediciones pasadas de Danzar en Casa. Sus autoras y autores, insertados directa e indirectamente en el Programa Doctoral en Ciencias sobre Arte de la Universidad de las Artes (ISA), socializan los resultados parciales de sus procesos indagatorios. De la misma manera, “Danzar.Cu”, la Cátedra Honorífica de la Universidad de las Artes, he tenido a bien, modular dichos trazos a modo de síntesis invitante.

Como instancia pertinente que resguarda todo sin que se escape nada, las delineaciones de periodistas, críticos, reporteros, fotógrafos, especialistas, están aquí resumidos en compilación atenta. Quizás haya sido el llamado oportuno del periodista avileño Damián Betanzos “por el registro y sistematización” ante los desafíos de Danzar en Casa y estimando las actuales contingencias, Memorias Danzar en Casa nos lleva a preservar parte del archivo (fotográfico, fílmico y escrito) del encuentro para futuras investigaciones. Como quien desea que el cuerpo dilate su poder real y ficcional, que la observación participante sea peripecia dinámica y mental tan necesaria en la danza de estos tiempos, la opinión que nos dejan las voces convocadas viene para trastocarnos en danzarines narrantes de múltiples historias. De esa que nos pertenece en memoria viva de un cuerpo que invita a Danzar en Casa como tiempo fértil para siempre volvernos danza. Quiérase que estos relatos sean ofrenda y gratitud al quehacer de cultores, artistas, promotoras y promotores, ellas y ellos siguen dejando huevas visibles en Ciego de Ávila y mucho más allá de sus confines.

Quiérase que sean homenaje a Ángel Omar Morán Paz, hijo ilustre de esta tierra y quien sistematizara, tras una seria investigación creativa de fuentes, las singularidades de los bailes campesinos de Majagua, y quien, sin “dejar volar al buey” ha logrado articular de manera exquisita todo el legado de la cultura popular tradicional campesina, los “re-inventos” músico-danzario de los bandos Rojo y Azul, para servir de argumento en las recreaciones de agrupaciones aficionadas y profesionales cubanas y, algo fundamental, en la introducción de estos aportes en los contenidos de los planes de estudios de nuestras escuelas de danza.

En estas breves Memorias Danzar en Casa se acumula un conglomerado de información que acorta un compendio que fuera documentando desde la primera edición en 2023, al presente donde se anuncia el 2026. Es así que la síntesis, al no poder abarcar el inmenso archivo resguardado, requiera de la selección aun quedando fuera imágenes, escrituras de señales corporales, visuales, sonoras e imaginales del universo cotidiano de quienes hemos compartido, junto a Lupe y Ciego de Ávila, la provechosa travesía. El concepto editorial a modo de compilación que junta imagen (celebremos el diseño del Alfredo Rodríguez Diago) y sentires, con pensares y más, unen la polifonía de voces, diversas, aquí acopladas.

Memorias Danzar en Casa, al tiempo que sincera en su hechura representativa y sus variados propósitos vivenciales asociados, relee muchos signos supuestamente conocidos que ahora se superponen como secuencia indetenible de lo que la herencia músico-danzaria, humana-afectiva de esta parte central de Cuba re-articula cada día en su viaje al presente danzario insular. Es esta primera entrega solo una estación, un gesto generoso y cómplice de “Danzar.Cu”, de la Facultad Arte Danzario y de la Universidad de las Artes (ISA) con Latin Luli’s Production, con Lupe Díaz Beracierto, con las instituciones culturales, los artistas y públicos de Ciego de Ávila, para filtrar de lo común y habitual, aquello sutil y concreto que nos evitaría caer en el olvido.

De Majagua con Morán y sus discípulos, a Primero de Enero con Nagó, a Morón tras las huellas de su Hija Ilustre Vivian Díaz y las Fanm Ze Twal (“Mujeres estrellas”), Danzar en Casa a tramado una trasparente cartografía de las expresiones músico danzarias, de su gente protagónica y también de quienes aún sin ser nombradas o nombrados, están en estas páginas; ellas y ellos, lo saben. Las instructoras e instructores de arte, las portadoras y portadores, esas voces-tesoros que acumulan y traspasan experiencias de la comunidad a la escena de todo cuanto se ha hecho en materia de danza en este cruce de caminos, de Norte a Sur, de Este a Oeste, y siempre al centro. Danzar en Casa, les rinde tributo y aplaude.

Gravita en las páginas de Memorias Danzar en Casa el agradecimiento cierto a la gestión cultural propositiva, intencionada, clara y proyectiva. Aquella que comprende que solo en la variedad de sus buenos propósitos tiene cabida el todo y la nada. Aquí corresponde reverenciar la porfía de Lupe (y su equipo de labor), ella sabe cuánto puede emanar de una obra hermosa, de un mirar y accionar polivalente y, a la vez, centrado, objetivo, concreto. Cualidad admirable en quien sirve y hermana, en quien propone y acomete, en quien respira, suda, cae y se levanta como en la mejor de las coreografías donde se regresa siempre al eje, al centro; aun en expansión de luz en sus adentros y sus afueras, en viaje, traslado y movimiento hacia un camino abierto, salvador y lleno de esperanzas en aquella danza capaz de entenderse con su presente. ¡Feliz lectura!