Los bailes de salón sociales cubanos. Raíces e influencias

Por Bárbara Balbuena Gutiérrez

En líneas generales, entenderemos aquí por bailes populares aquellos que son creados por el pueblo, el sector mayoritario de la sociedad, y que también gozan de mayor popularidad en correspondencia con el género homólogo de “música popular bailable” que esté o estuvo de moda en un marco histórico-social determinado. Conforman un conjunto de valores y elementos de identidad preservados en función de satisfacer necesidades materiales y espirituales de la comunidad que los crea. Forman parte de los repertorios de la memoria kinésica y gestual aceptados gustosamente por el colectivo, de ahí que sean por naturaleza solidarios, compartidos y autóctonos, no estereotipados.

Sin embargo, existe una diversa gama de bailes igualmente pertenecientes a la cultura popular, o sea que son creados por el pueblo y que gozan de popularidad en determinados contextos de nuestro país, pero que su origen, motivación, forma, estructura, participantes que intervienen o zona geográfica donde se crearon y producen, son muy diferentes a los que acompañan a la llamada “música popular bailable” de Cuba. Tal es el caso del son montuno, el changüí, los bailes campesinos, la rumba con todos sus estilos, los bailes carnavalescos, etc.; todos estos sin contemplar lo que poseen un contenido religioso.

Por esa razón, es preciso primero intentar realizar algunas caracterizaciones generales que permitan distinguir con mejor claridad, los diferentes tipos de bailes pertenecientes a la cultura popular, sin sumergirnos en complejas concepciones que están relacionadas como: pueblo, popular, tradicional, folklore, folklorismo, cultura de masa, etc. No es mi propósito tampoco imponer clasificaciones rígidas, solo ejercer un criterio que pudiera sumarse a las diversas opiniones y análisis que se han realizado sobre este tema en Cuba, tanto desde el punto de vista de la musicología, como de la danzología.

Como una forma de diferenciar las características entre las expresiones bailables populares, actualmente se reconocen en el mundo como bailes de salón sociales (del inglés Ballroon dance), los que se ejecutan de parejas siguiendo un patrón de pasos y figuras previamente establecidas y que responden generalmente a un género de música popular bailable específico. Tienen un carácter laico, libre y suelen utilizarse con frecuencia en acontecimientos sociales importantes en la vida del hombre. Estos están relacionados fundamentalmente con los núcleos sociales de los centros urbanos y se desarrollan en los salones de bailes de los espacios destinados a la recreación, tales como: sociedades de recreo, círculos sociales, clubes, cabarets y plazas públicas. Ahí es donde se dan las circunstancias propicias para el libre acercamiento erótico de los pares, ganar nuevos amigos o disfrutar de la devoción colectiva en general.

Actualmente, el proceso de enseñanza-aprendizaje de los bailes de salón social tiene lugar, tanto en las academias de baile difundidas en muchos países del orbe; como de manera natural y tradicional, trasmitida entre familiares y amigos por observación e imitación, en el propio contexto de las fiestas sociales. Internacionalmente se reconocen dos modalidades de este tipo de expresión: Los “bailes de salón social” y los “bailes de salón deportivos o de competición.

Los “bailes de salón social”, son aquellos que se realizan de forma espontánea y natural por la mayoría de la población en cada uno de los países donde fueron creados y conservados, sin que medie un órgano rector que autorice su enseñanza, ni una edad específica para ejecutarlo. Los patrones y reglas del baile son establecidos por la colectividad, de manera anónima. Se ejecutan para el disfrute y diversión de los propios participantes y no con el objetivo de ser apreciados por un público espectador. Se interpretan durante eventos sociales importantes como nacimientos, fiestas de quince, bodas o fechas conmemorativas.

Los “bailes de salón deportivos o de competición, son mayormente conocidos y practicados en Europa y Estados Unidos, aunque su práctica se ha extendido a muchos países del mundo. Su origen está relacionado por la repercusión internacional que han tenido los bailes populares más representativos de diversas procedencias territoriales. Estos son sometidos a un proceso de estilización y academización por profesores de reconocido prestigio en este perfil y practicados, ya sea de manera profesional o por aficionados, en las academias de bailes. Su práctica constante a modo de deporte tiene como objetivo el ser presentado en coreografías de parejas independientes o colectivas, a un jurado especializado y a un público espectador, en forma de espectáculo artístico competitivo. Los torneos son organizados y reglamentados por asociaciones y federaciones nacionales e internacionales de este estilo danzario.

Los “bailes de salón deportivos o de competiciónse dividen en dos modalidades que cuentan con cinco tipos de danzas cada una: Los “bailes latinos”, que incluyen los de carácter más libre (samba, rumba-bolero, chachachá, jive y pasodoble); y los “bailes standard”, que se identifican por su extrema elegancia (vals inglés, vals vienés, slow fox y el quickstep).

En Cuba se conservan una amplia cadena de bailes de salón sociales que pueden clasificarse en dos grupos: por un lado, los que tienen un carácter tradicional pues se han transmitido a través de varias generaciones manteniéndose en el gusto de la población por largos períodos de tiempo, tal es el caso del danzón, el son urbano habanero, el chachachá y el casino; y por otro, los de permanencia efímera, porque su popularidad fue corta y se desactivaron cuando el género de música popular homóloga al baile pasó de moda, como fueron el danzonete, el mambo, el pilón, el mozambique y la pachanga. Igualmente, están las expresiones bailables de este tipo que tienen un perfil histórico, pasivo o no vigente, como la contradanza criolla o cubana y la danza que estuvieron de boga en el siglo XIX; y las que poseen una condición activa o vigente, como el casino, que mantiene su resonancia desde la década del 1950. Sin embargo, se puede afirmar que todos los bailes mencionados, mantienen hoy un valor y una función social importante como monumentos culturales de la nación.

Desde aproximadamente el siglo XVI fueron introduciéndose en Cuba por diversas vías, los numerosos bailes de salón sociales de moda provenientes de otros países, entre ellos la contradanza (inglesa, francesa y española),el minué, rigodones, lanceros, la polca, la mazurca y el vals. Luego de su entrada a la Isla y de alcanzar su máximo apogeo, sufrieron un proceso de adaptación a las nuevas condiciones socio-culturales y geográficas, lo cual propició en muchos casos la criollización, tanto de la música como del baile. Surgieron nuevos bailes ya cubanos como la contradanza criolla, la danza, la habanera y el danzón, sobre la base de la hibridación de expresiones culturales heredadas de las principales raíces de nuestra nacionalidad: la hispánica, la africana y la francohaitiana.

La génesis de los diferentes bailes de salón sociales cubanos comenzó en los salones de baile, que fueron muy prolíferos en el transcurso de los siglos XIX y XX a lo largo de todo el país, con un carácter urbano o suburbano. Las sociedades de recreo, junto a las academias de baile, los salones de las residencias particulares y otros locales destinados a la recreación y esparcimiento, influyeron en el gusto de la población cubana por el baile en las distintas épocas.

El primer eslabón de la cadena de los bailes de salón sociales cubanos fue la contradanza criolla, baile de cuadros que tuvo su origen histórico en Inglaterra y Normandía. Su nombre proviene de la unión de las palabras inglesas country (campo) y dance (danza): danza campestre. La contradanza criolla más antigua que se conoce en Cuba es San Pascual bailón, composición musical anónima publicada en el año 1803. Entre sus principales particularidades está el llamado ritmo de tango, figuración procedente de la música africana.

El más importante elemento sustancial aportado al baile de salón social cubano, fue su paso básico, donde se alternan los pies avanzando o retrocediendo en cuatro tiempos musicales. En esencia, esta forma básica se mantuvo en la danza, el danzón, el son y el casino, aunque evolucionó estilísticamente a través de los diferentes períodos histórico-culturales. Otra característica de este género músico-danzario es la dependencia de un guía para dirigir, disponer el orden, el lugar de las parejas y dictar las figuras: el bastonero. Esta función fue destinada siempre a destacados bailadores o maestros en este arte, razón por la cual habían ganado prestigio en los salones de baile. Hoy se hace visible su legado, en los llamados capitanes, directores o guías de las ruedas de casino.

Entre las principales figuras de la contradanza que describen cronistas y escritores de la época, así como más recientes investigaciones están: paseo, cadena, sostenido, cedazo, poner danza, latigazo, lazo, alemanda, trono, alas, vueltas, rodeos, molinos y puente. Dentro de los diseños espaciales de este baile se destacan: las dobles hileras de parejas en forma de calle, los círculos, cuartetos, tríos y dúos. No es difícil descubrir reminiscencias de los elementos mencionados en las llamadas vueltas y diseños espaciales del chachachá y el casino, tanto en la rueda como en la ejecución de las parejas independientes. Hoy la contradanza está en vigor como monumento cultural de la nación, a partir de su inclusión en los contenidos de los programas de estudio del Subsistema Nacional de Enseñanza Artística y como parte de los repertorios coreográficos de las compañías danzarías del país, tanto las profesionales, como las de aficionados.

Este tipo de vínculo entre las parejas en posición de baile social abierto, sufre cambios cuando surge la danza a principios del siglo XIX. El sungambelo como obra musical representativa de este nuevo género músico-danzario, es la más antigua que se conoce como acompañante del baile, aunque los musicólogos argumentan que no hay diferencias musicales loables entre la danza y la contradanza. Su partitura fue publicada en el año 1813 y es anónima. La danza en su vertiente bailable tiene como característica muy especial el que por primera vez el hombre toma a la mujer en posición de baile social cerrado, por influencia del vals que alcanzó en este momento un gran apogeo a nivel mundial. Esta disposición de agarre entre los pares fue utilizada posteriormente por el resto de los bailes que le sucedieron. Su paso básico es, en esencia, el mismo de la contradanza, pero posee mayor soltura y lentitud en los movimientos.

Las figuras principales de la danza que hoy se reconocen son: paseo, ocho, caja, tornillo, giros y cedazo. La caja trascendió con diferentes matices, acentos y denominaciones al danzón, el danzonete, el son, el chachachá y el casino. En el caso del paseo, pudiera compararse con la figura de la rueda del casino vamos arriba, vamos abajo. El tornillo igualmente está presente en el danzón y el son, como parte importante en la habilidad de los bailadores.

Hoy la danza al igual que la contradanza es un género histórico o no vigente, pero es considerada como monumento cultural desde su enseñanza en las escuelas de danza del país y en la Universidad de las Artes; así como en algunas compañías profesionales de danza folklórica.

Luego, a finales del siglo XIX, surge el danzón, cuya creación musical se le atribuye al matancero Miguel Faílde (1852-1921). El primer danzón se llamó Las Alturas de Simpson y fue estrenado el 1º de enero de 1879 en el Liceo de Matanzas. Como manifestación bailable procede de la contradanza y la danza. Los movimientos corporales y espaciales de este nuevo género fueron más lentos, cadenciosos y en ellos se denota el proceso de transformación estilística que sufrió el baile de salón social cubano, que aluden a los rasgos distintivos de nuestra cultura nacional.

Desde el punto de vista coreográfico, el danzón tiene como característica única y novedosa en su época, alternar partes bailadas llamadas cedazos, con partes de descanso, que se ajustan a la forma musical rondó (ABACAD). Entre las figuras fundamentales de este género están: el paso de entrada, paseo, marque del hombre, cajón y vuelta tornillo.  Todas ellas se pueden encontrar sintetizadas o evolucionadas en el son habanero, el chachachá y el casino. Por un largo período de tiempo, se ha considerado al danzón como el baile nacional de Cuba. A pesar de su antigüedad se mantiene vigente entre algunos sectores de la población, principalmente en los “círculos de abuelos” y casas de cultura, como parte de las actividades recreativas y culturales de estas instituciones.

El son urbano habanero tuvo su origen en la mezcla del danzón, el danzonete y el son oriental. Este último se traslada desde el oriente de Cuba a La Habana hacia el año 1909, a través de diferentes migraciones y por los soldados del ejército permanente. Su primer esplendor fue en el período de los años veinte y el treinta donde fue interpretado por tríos, sextetos y septetos; luego, en la década del cincuenta del siglo XX, alcanza su mayor difusión con los conjuntos y orquestas de jazz band, que para entonces estaban muy de moda. Es esta variante del son la que más incidencia tuvo en el surgimiento del danzonete, el chachachá, el mambo y casino, pues sus movimientos son más pausados, suaves y elegantes, la posición de baile social es más erguida y las flexiones de las rodillas son menos pronunciadas que el son montuno.

Los mayores aportes del son habanero al baile de salón social fueron además sus figuras: paso de entrada, el abrir y cerrar de la pareja, las vueltas rápidas hacia diferentes direcciones, el tránsito desde la posición de baile social cerrado hasta el abierto, los gestos y formas de lucimiento del hombre, y los giros de pareja en plena coordinación y relación. Este género músico-danzario tuvo una gran influencia en el casino, específicamente en la forma de acentuar el paso básico con relación al tiempo de la música, lo que popularmente se conoce como bailar a tiempo o a contratiempo con la clave del son.

Por su parte, el chachachá es otro baile de salón social cubano que proviene del complejo genérico del danzón, específicamente del llamado danzón de nuevo ritmo y que tuvo también influencia del son. A Enrique Jorrín (1926-1987), destacado violinista, compositor y director cubano, se le considera el autor musical de este género que se consagró con la pieza La engañadora, en el año 1949. Como manifestación bailable es anónima, sin embargo, la tradición oral y el propio Jorrín aseguró que fueron los bailadores del Silver Star los primeros en crearlos pasos de lo que luego definiría el baile. En los primeros años del cincuenta, se incuba el baile en uno de los más visitados salones de la capital: Prado y Neptuno, donde se estrena el primer chachachá interpretado por la Orquesta América.

El aporte del chachachá al baile de salón social cubano fue, primeramente, el paso básico enriquecido por su correspondencia con la célula rítmica de la tumbadora y el sonido onomatopéyico del güiro, de donde también proviene su nombre. Se ejecuta de parejas enlazadas en posición de baile social cerrado y abierto, y también sueltos, hecho que va a influir tanto en el mambo como en el casino. Entre las figuras del chachachá se encuentran: abrir y cerrar, giros lentos y rápidos de la pareja, vuelta al hombro, amague, giros con palmadas, rodeo, cajón, la suiza y el cojito. Un precedente importante del casino fue el chachachá en rueda, cuyas figuras se encuentran con otras denominaciones y mayor dinamismo en el nuevo género bailable.

El casino puede considerarse el último eslabón de la cadena de los bailes de salón sociales cubanos de esencia tradicional y vigente, así como uno de los más difundidos a nivel global. Se origina desde un proceso creativo con la fusión de diseños corporales y espaciales de los bailes que le antecedieron y principalmente, los que estaban de boga a finales de la década del 50 del siglo XX: el son habanero, el chachachá, el jive y el rock kan roll. Adquiere su nombre a partir del espacio contextual donde se incuba el fenómeno: el “Club Casino Deportivo de La Habana”.

A diferencia de los bailes de salón social que le antecedieron, al casino no le corresponde un género musical homólogo, pues se interpretó con todos aquellos que su célula rítmica pudiera adaptarse al paso básico. A partir del auge internacional de la música salsa, se ha identificado como el “estilo de baile de salsa cubano”, diferenciándose de otros por su ejecución en forma circular, entre otras muchas nociones. Se caracteriza por contar con distintas disposiciones espaciales para su ejecución en parejas: de forma independientes, en la rueda, en líneas paralelas, y de manera librea partir de frases improvisadas. Su aporte como manifestación bailable es fructífico, no solamente por la riqueza gestual expresiva de sus movimientos, sino también por la variedad de figuras, vueltas o nudos que contiene; tanto en su realización de parejas independientes (dile que no, enchufa, setenta, sombrero, candado, a Bayamo, etc.), como en la rueda (arriba, abajo, dame, la prima, la rosa, pelota, cadena, etc.).Además de sus diseños tradicionales, brinda la posibilidad de la creación libre de otros, manteniendo el estilo que lo identifica.

En la larga cadena de bailes de salón sociales cubanos, vale la pena mencionar muchos otros que, aunque tuvieron una vida efímera, impactaron con su popularidad en determinadas épocas de la historia musical-bailable de Cuba. Tal es el caso del mambo, la pachanga, el mozambique, o el pilón; los cuales se mantienen en la memoria corporal de la isla y sus pasos identificativos se han incorporado como nuevas figuras en el casino, muestra fehaciente de la capacidad integradora y creativa de este género bailable.

Fotos: Nika Kramer

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