Las ideas no se matan

Por: Rolando Julio Rensoli Medina

Fidel Castro Ruz vivió intensamente 90 años, tres meses y siete días, pero marcó su entrada a la inmortalidad no el 25 de noviembre de 2016, cuando ocurriera su deceso físico, sino el 26 de julio de 1953, cuando asaltó temerariamente con sólo 26 años el cuartel Moncada.

La historia de Cuba, la de América Latina y el Caribe y la del mundo fue otra, desde esa fecha en que se inicia la última etapa de las luchas cubanas por su definitiva liberación anticolonial y por alcanzar la justicia social. Un pequeño archipiélago en el mar de las Antillas se convirtió en uno de los centros de la visualidad mundial por el desempeño de este hombre que supo guiar a sus grandes masas por un camino liberador y hacerlos protagonistas de una hazaña que rebasó con creces sus acuáticas fronteras: Cuba entró en la geopolítica mundial y desde entonces, millones de seres humanos somos fidelistas e incluso, guevarianos, también por Fidel.

Volviendo sobre los pasos del asalto de marras. Los objetivos militares y políticos de aquella acción militar que incluyó también el cuartel Carlos Manuel de Céspedes era el de, sorpresa por medio, capturar las armas de ambas fortalezas, llamar al indómito pueblo oriental a la lucha y marchar hacia la Sierra Maestra, próxima a las dos ciudades donde se ejecutó el hecho: Santiago de Cuba y Bayamo, y comenzar una guerra irregular contra el Ejército de Cuba, que se había plegado al tirano Fulgencio Batista.

Fracasada las acciones en ambos lares, se dio la orden de retirada y, de todas formas, encaminarse hacia el mayor macizo montañoso de la Isla para continuar la lucha. Hay un pasaje bastante conocido acerca de la captura de Fidel como prisionero después del asalto.

Iba con un pequeño grupo hacia la Gran Piedra  cuando fue interceptado por una patrulla de soldados que andaba en busca de los asaltantes. Varios de los uniformados intentaron asesinarlo, como fue el proceder con otros revolucionarios capturados, pero el teniente Pedro Sarría Tartabull,un fornido hombre de piel negra, que iba al frente de la patrulla, los detuvo en sus intentos: ¡Alto, las ideas no se matan!, ha sido la célebre frase que pasó a la historia evitando uno de los primeros intentos asesinatos de Fidel de los cerca de 700 que registra la historia.

La entrega de los prisioneros por el honorable oficial al Vivac de Santiago de Cuba y no al cuartel, fue el acto consecutivo que evitó su muerte, pues en los predios del ejército probablemente hubiera corrido la misma suerte de muchos de sus compañeros que fueron asesinados e informados después, como caídos en combate. Pero Sarría lo sabía y lo impidió con la entrega a los órganos civiles de justicia.

Lo que sí es poco conocido, es lo que me contó quien en vida fuera mi vecina: Gloria Sarría, hija del teniente cuan ángel salvador, ascendido a capitán de las Fuerzas Armadas Revolucionarias tras el triunfo del primero de enero de 1959.

Cierto es que Fidel era una persona pública antes de los sucesos del Moncada. Sus artículos periodísticos acusatorios circulaban y su inédita presentación ante el Tribunal de Urgencias solicitando en un memorándum cien años de cárcel para el tirano Fulgencio Batista por violar la Constitución y unas cuantas leyes, fue un acto de heroísmo cívico digno de admirar. Desde 1945 en que entrara en la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana, era un revolucionario comprometido y su protagonismo estaba registrado en hechos como el Bogotazo, la expedición antitrujillista de Cayo Confites, el acompañamiento al líder del Partido del Pueblo Cubano “Ortodoxos” Eduardo Chibás; la defensa, como abogado, de los pobladores del barrio empobrecido e ilegal “La Pelusa” en La Habana, que fuera objeto de desalojo para la construcción de la Plaza Cívica; su participación en la Marcha de las antorchas el 27 de enero de 1953 convocada por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y su destaque al estar al frente del marcial bloque de sus seguidores. Definitivamente el doctor Fidel Castro era una figura pública.

Pero Sarría lo había conocido personalmente. Según el testimonio de Gloria, su padre, siendo oficial del Ejército de Cuba –nombre de esa institución armada- comenzó a estudiar Procuradoría en enseñanza libre y en una ocasión, un colega de estudio le recomendó visitar al doctor Fidel Castro, que se había recibido en leyes hacía poco pero que, de seguro, le ayudaría en consultas académicas de orden práctico, pues tenía prestigio como persona solidaria. Y hasta la casa del doctor, en el reparto Nicanor del Campo, entonces de Marianao y actualmente del municipio de Playa, se aventuró el oficial, vestido de civil y fue muy bien recibido y logró la cooperación que esperaba, pero quedó enormemente impresionado por las ideas que le transmitiera, en el orden político y social, el joven abogado en aquella ocasión, la única en que se vieron antes de los sucesos del Moncada y fue ello, más que nada, lo que motivó la expresión quijotesca del fornido oficial de piel negra: ¡…las ideas no se matan! Y con la acción que acompañó a la frase, se salvó, a posteriori, el destino de Cuba y se cambiaría el de América Latina y el Caribe y del mal llamado Tercer Mundo.

Libro Las ideas no se matan, publicado por Editorial Oriente.

Ha resultado harto difícil para sus enemigos “matar las ideas de Fidel”. Su obra es inmensa y el ejemplo de la Revolución cubana de la cual él es líder indiscutible, aun cuando ya no está físicamente, es imborrable.

Hasta su muerte física tiene una carga simbólica que se me antoja profética. Falleció el día en que se cumplían 60 años de su histórica partida del puerto mexicano de Tuxpan, al frente de una expedición en el yate “Granma”, para cumplir la palabra empeñada: “En el 56, seremos libres o mártires”. Tras el desembarco de aquél núcleo pionero del Ejército Rebelde de sólo 82 hombres, el 2 de diciembre, bastaron 25 meses para tener a la tiranía batistiana descabezada a los pies del pueblo cubano y aquí estamos, después de Girón, la Crisis de Octubre, la lucha contra bandidos, los cientos de cruentos actos terroristas, del muchas veces endurecido bloqueo… y estaremos… y con Fidel.

Fuente: Portal Cubarte

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