La presencia inabarcable de María Dolores Rodríguez

Por Erian Peña Pupo

Es difícil imaginar una presentación del Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín sin la presencia de la soprano María Dolores Rodríguez. Al final de la obra, Lola, como era conocida por amigos y admiradores, subía al escenario, del brazo de uno de los intérpretes, para agradecer al público presente. Y el público, nosotros, conocedores de la impronta de quien era hasta su reciente fallecimiento, víctima de la Covid-19, la primera figura y Directora General del colectivo que dirigió con dedicación y contra los tantos inconvenientes que significa llevar las riendas de una compañía con su historia y prestigio, agradecíamos su empeño, su dedicación en cuerpo y alma a la música, al canto lírico, a la obra fundacional de sus maestros Raúl Camayd y Náyade Proenza, al arte.

La reapertura del Complejo Cultural Teatro Eddy Suñol, con las medidas higiénico-sanitarias y de distanciamiento, y la primera presentación del Lírico holguinero luego de los complejos meses de confinamiento por la pandemia, aunque el trabajo y los ensayos continuaron, debían ser para homenajear la vida y la obra de María Dolores Rodríguez. Así se lo propuso el Lírico, y así volvieron a abrirse las puertas del teatro, como otras tantas veces se abrieron para verla interpretar los más variados roles en la escena.

Dirigido por el barítono Alfredo Mas, el homenaje como parte, además, de la jornada por el 59 aniversario de la compañía, celebrado el 16 de noviembre puso en escena a varias generaciones de artistas líricos, incluidos jóvenes estudiantes del Conservatorio de Música José María Ochoa y de la Universidad de las Artes, filial de Holguín; y constituyó un recorrido por la abarcadora trayectoria de María Dolores, considerada en los años 90 la cantante lírica cubana más laureada; por sus principales obras y papeles. Desde el personaje de Carolina de la zarzuela Luisa Fernanda, de Federico Moreno Torroba, en un dúo de Loreta Rodríguez y Camilo Hijuelo, hasta temas de La princesa de las Czardas, de Emmerich Kálmán; La viuda alegre, de Franz Lehár; Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig, y María la O, de Ernesto Lecuona, conformaron este programa.

El público pudo disfrutar, además, de la interpretación por Eduardo Raúl Rodríguez Torres, acompañado de la pianista Rosario Aguilera, de Mi mayor tesoro, tema compuesto por él y dedicado a su madre; Presencia simplemente, de Pablo Milanés, en la voz de las jóvenes María Karla y Emilia; Cuando un amigo se va, de Alberto Cortez, por el solista Ernesto Infante, y la actuación de la Compañía de Narración Palabras del Viento, dirigida por Fermín López, con la recreación de un poema escrito por Miriam Peña, además del Quinteto Ánima, que fuera integrado por la propia María Dolores.

En el cierre de un concierto emotivo, sincero y agradecido, volvimos a escuchar a Lola, en un video de archivo, con la interpretación magistral de Falta tu estrella, de Emma Shapplin.

El Teatro Lírico Rodrigo Prats de Holguín realizará, además, una breve temporada en escena por su aniversario, los próximos 27 y 28 de noviembre, en el propio Teatro Eddy Suñol, con momentos de obras como María La O, La corte de Faraón y La viuda alegre.

Esta última fue la última obra que dirigió María Dolores, una opereta en tres actos con música del compositor austrohúngaro Franz Lehár (1870-1948) y libreto en alemán de Victor Léon y Leo Stein, basado en la comedia L’attaché d’ambassade (1861) de Henri Meilhac. Fue estrenada en Viena, Austria, el 30 de diciembre de 1905, y desde entonces es considerada una de las obras más importantes del género. El Lírico de Holguín, después de un avant premiére, la estrenó en noviembre de 2019, y a inicios del próximo año, la compañía presentó la obra en Matanzas y en el Gran Teatro de La Habana.

María Dolores Rodríguez desarrolló una amplia labor pedagógica, fue Profesora Auxiliar en la Universidad de las Artes, institución donde contribuyó a formar los nuevos relevos, por las que tanto se preocupó, del propio Teatro Lírico de esta ciudad; integró la Comisión Nacional de Evaluación y la Comisión Nacional de Carrera de la propia Universidad, e impartió clases en otros países. Era, asimismo, miembro de la Uneac.

Se presentó en disímiles escenarios, con el Lírico y como solista, en más de veinte países de Asia, Europa y América. En Pionyang, Corea del Norte, en el Festival de la Primavera, la recibieron y la despidieron como lo que era ella, una figura de primer nivel capaz de emocionar, sin importar idiomas, al más exigente melómano. Tuvo más de 40 obras en repertorio, entre óperas, operetas, zarzuelas y obras de concierto. Grabó para diversas televisoras y fue laureada e invitada como jurado en diversos concursos.

Fotos Wilker López

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