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La danza: ¿lenguaje oculto del alma? Hoy con Martha Graham (Primera parte)

Por Noel Bonilla-Chongo

Hace solo unos días, en un fórum habitual entre colegas de la danza, regresábamos al debate sobre “la técnica corporal” y su vector decisivo en la conformidad de una pieza coreográfica. Quizás pudiera parecer un asunto ya superado y hasta ineficaz en términos de movilización del pensamiento actualizado, pero no. Resulta que el aludido virtuosismo técnico sigue gravitando como suerte de garante entre los dispositivos puestos en juego en una coreografía, aun cuando hemos avanzado en no entenderlo constreñido únicamente a las posibilidades expresivas de un danzante ni a la certidumbre de la obra misma.

También, a tantos años de búsquedas y pruebas, exposiciones y experiencias, muestras y conquistas, la danza cubana ha emprendido un vi(r)aje sobre esos preceptos que sirvieran para propiarla de un lenguaje e identidad muy suyas. Claro, tal como se sabe, en su génesis, fueron muchas las mentes/cuerpos que se volvieron observatorios/laboratorios de un campo en construcción. Maestras y maestros que aún le debemos acercamientos más analíticos (no meramente historicistas ni apologéticos) en las configuraciones y argumentaciones que, respectivamente, fueron estimadas en aquellos tiempos iniciales de los Fundamentos de la Danza[1] y donde Ramiro Guerra advirtiera que “el proceso de la enseñanza es una actividad conjunta de maestro y alumno” dentro de sus ya célebres “Leyes de la Didáctica y la Técnica de la Danza Moderna”. Aquel supuesto principio que trata de las cualidades que engendran la calidad del movimiento, centrada en tres premisas básicas:

  1. el movimiento es la resultante de una lucha de oposiciones;
  2. el movimiento surge de un centro y parte hacia el infinito;
  3. el movimiento parte desde adentro y va hacia afuera en busca del espacio;

Elena Noriega y Ramiro Guerra, protagonistas de la danza moderna cubana.

Ramiro confiesa haberlas nombrado a partir de sus aprendizajes y vivencias sucesivas. Para Guerra, nuestro padre fundador, el haber bebido directa e indirectamente de la “gran madre” Martha Graham, le permitió muy tempranamente coincidir con la mítica maestra estadounidense, “la danza es el lenguaje oculto del alma”, legado que por siempre Graham entregara al mundo y, en nuestro mentor, aquella frase se convertiría en precepto. Sí, en norma, en caja de herramientas, útiles en momentos donde se fraguaban coordenadas metodológicas de lo que se (des)conoce como “Escuela cubana de danza moderna”. Hasta que, tiempo después, el ser iconoclasta e irreverente que viviera en Ramiro, le hace expandir otras nociones y operatorias sobre el lenguaje, la danza y su ser escénico múltiple significante. De ahí el título que seguirá esta serie, el poner entre signos de interrogación como posibilidad y cuestión en permanente pregunta.

Y es que Martha Graham está en las cimientes imborrables de nuestra Escuela, en la que todavía se ancla en Cubanacán y en otras zonas distantes de La Habana y, en los principios que signan los fundamentos de la danza moderna, contemporánea y muy de los tiempos que vivimos (llamémosle fusión, mixta, aplicada, multiplicada u otra).

Con esta serie, Cubaescena va dando cuerpo leíble a los registros de esos principios supuestos conocidos que, tras el paso de los tiempos, se desdibujan, se demarcan y hasta se olvidan entre quienes no debemos olvidar. Salvaguardar la memoria desde el presente es voluntad de varias acciones creativas, investigativas, de archivo y documentación que se organizan en distintas instituciones cubanas. Ahí, el proyecto investigativo “La técnica es la Técnica y sin Técnica no hay técnica”, guiado por la Cátedra Honorífica Danzar.Cu y la Facultad Arte Danzario de la Universidad de las Artes, vienen siendo notables trayectos.

Martha Graham, la eterna pionera

Martha Graham sustentaba que el movimiento era una forma de expresar emociones y profundas e intangibles ideas de la vida, del mundo. “El movimiento nunca miente”, dijera como certeza de que el cuerpo humano tenía una capacidad única para transmitir sentimientos y pensamientos a través de la danza. Entonces, trabajó incansablemente para desarrollar un lenguaje corporal distintivo que reflejara esta creencia.

Dentro del universo constructivo de la danza escénica, sostenía la importancia de la colaboración entre la música, el vestuario y la escenografía en la creación de una obra coreográfica completa y significativa; cada elemento era igualmente importante y debían trabajar juntos para crear una experiencia artística integral. Y ahí, regresaba el movimiento como medio poderoso para comunicar pensamientos, emociones y experiencias, para conectar a las personas de manera profunda y significativa.

Durante más de setenta años, Graham desarrollaría un lenguaje corporal único y un estilo innovador que revolucionó el mundo de la danza. Sus creaciones coreográficas y su enfoque en la expresión emocional a través del movimiento corporal han influenciado la danza contemporánea y siguen siendo relevantes en la actualidad. Después de su muerte en 1991, su legado continúa a través de su escuela y compañía, donde se han formado algunos de los bailarines y coreógrafos más importantes de nuestro tiempo. Martha Graham es ampliamente considerada como una de las pioneras y figuras más influyentes en la historia de la danza moderna y contemporánea. ¿Dónde se asientan sus principios para tramar un lenguaje técnico que ha devenido instancia discursiva y vector garante en la “conformidad” de una pieza coreográfica? Vayamos por partes:

Contracción-release: principio fundamental de su técnica.

La contracción en la técnica de Graham se caracteriza por un fuerte contraste entre la contención energética (que no significa tensión muscular) y la liberación de esta energía; y se utiliza para crear una sensación de intensidad, dramatismo y emoción en la danza, representa la lucha interior de un personaje hasta la expresión de una emoción intensa, como el dolor o la ira.

Se refiere a un esfuerzo muscular controlado y concentrado en un punto motor específico del cuerpo, que se utiliza para crear una forma de expresión física intensa y dramática. La contracción es consecuencia de la liberación y viceversa, para crear una impresión de conflicto y resolución del movimiento. Resolución que se puede expresar en “arqueamientos” y giros, por ejemplo. Consiste en una curva cóncava de la espina dorsal (hacia adentro del torso), comenzando en la pelvis y continuando hacia arriba a través de la columna vertebral.

La contracción se utiliza a menudo para expresar emociones intensas y dramáticas, como el dolor, la tristeza, la ira o el miedo. Véase su pieza Lamentation, la contracción se utiliza física y corporalmente para expresar la angustia y el sufrimiento que temáticamente motiva el solo de la bailarina, creando, en consecuencia, una poderosa imagen de dolor y desesperación.

Además de su uso como vector emocional, la contracción también puede ser utilizada para representar un movimiento de retroceso, semejante a cuando alguien recibe un golpe y se “dobla” hacia atrás en respuesta. También puede ser utilizada como gesto de protección, erigiendo una imagen de alguien que se está encogiendo en sí mismo para defenderse o una respuesta instintiva a una situación conflictual.

La contracción-release es el principio fundamental de la técnica que creara Martha Graham y se ha convertido en una parte integral de la técnica de danza moderna a nivel mundial. Se utiliza no sólo por bailarines, también en el teatro físico, el cine y otros medios para crear imágenes poderosas y expresivas que conectan con el público de una manera profunda y significativa.

Martha Graham en Lamentation (1930). Foto tomada del Twitter de @danzatlan

Cambio de peso: constituye otro elemento fundamental de la danza que se utiliza para transferir el peso corporal de una parte del cuerpo a otra. Se puede realizar desde cualquier posición: acostado, sentado, parado o saltando. En Graham, el cambio de peso es particularmente importante y se emplea para crear diferentes dinámicas y expresar disímiles emociones en la danza.

Desde el punto de vista anatómico, el cambio de peso implica la activación de los músculos de las piernas y los pies, que luego se propagan hacia la pelvis y el tronco. Los músculos que están involucrados en el cambio de peso son los músculos estabilizadores, como los glúteos, los cuádriceps y los isquiotibiales, al igual que los músculos que mueven los pies, la pantorrilla y los músculos propios del pie.

Para realizar un cambio de peso efectivo, Graham anotaba cuán importante es mantener una buena postura y alineación corporal. Esto significa que los pies deben estar separados a la anchura de las caderas, con las rodillas ligeramente flexionadas, la pelvis en una posición neutral y el peso corporal distribuido uniformemente en ambos pies. La activación de los músculos estabilizadores ayuda a mantener la postura adecuada durante todo el cambio de peso.

El cambio de peso puede realizarse de varias formas; puede ser un cambio rápido y dinámico, donde el peso se transfiere de un pie a otro en un abrir y cerrar de ojos, lo que puede ser utilizado para enfatizar un momento intenso o dramático en la danza. Por otro lado, también puede ser suave y gradual, creando una sensación de calma y tranquilidad en la ejecución técnica y, de hecho, en el entramado de hechos que la danza propicia en la obra coreográfica.

El cambio de peso también es importante para la biomecánica de la danza. Al transferir el peso corporal de un pie a otro, se crea un momento de fuerza que se puede utilizar para impulsar el movimiento en una dirección específica. Además, el cambio de peso se puede combinar con otros elementos de la danza, como la contracción, el release y la espiral, para crear una variedad de movimientos expresivos y fluidos.

Es este elemento o principio técnico, una habilidad fundamental en el ideario Graham, como también lo es en otras escuelas de movimiento que, puede realizarse desde cualquier posición. Kinéticamente, al implicar la activación, la alerta, el impulso de los músculos de las piernas y los pies, la noción de buena postura y alineación corporal, el fomento de diferentes dinámicas y zonas de énfasis, de atención, potencia y construye acciones emotivas, trasformaciones, generaciones de sucesos, tanto a nivel técnico corporal como de motivos coreográficos. En la clase de técnica, es una habilidad recurrente que se debe practicar regularmente para perfeccionar y utilizar de manera efectiva en la expresión artística.

Sobre estos principios propios de la técnica y lenguaje sistematizados por Martha Graham en su metódica de enseñanza técnica y coreográfica, regresaremos en la próxima entrega. Entretanto, sugerimos consultar las siguientes referencias utilizadas:

Martha Graham (1995). Martha Graham la memoria ancestral. CIRCE Ediciones, S.A., Barcelona.

Juncos Torillo, L. R. (2018). “Experiencias coreográficas de Martha Graham en Night Journey”. Villa María: Universidad Nacional de Villa María

Graham México página Facebook

[1] Véase Fundamentos de la Danza, manual publicado por la Editorial Pueblo y Educación en 1986, habiendo sido tomado de la primera edición de la Editorial Orbe en 1978. Aquí se compilan textos de Ramiro Guerra, José Limon y Elfrida Mahler, con la introducción de Karina Álvarez.

En portada: La maestra Odalys Segura imparte clases en la Escuela Nacional de Danza. Foto Mena