Juramento danzario y fílmico

Por Frank Padrón

Esta noche, el programa televisivo De Nuestra América (CV, 10:30 p.m) estrenará mundialmente el video-danza Júrame, codirigido por la maestra Rosario Cárdenas, destacada coreógrafa y bailarina, directora de la compañía que lleva su nombre, y la cineasta y artista visual Dinorah de Jesús Rodríguez, con amplia experiencia en el cine experimental y fecunda trayectoria internacional, dentro de la cual sobresalen premios y reconocimientos.

Una mujer madura inicia un diálogo con su cuerpo, reservorio de transformaciones no solo físicas sino también emocionales con el paso de los años, pero en este intercambio se asienta la voluntad de entrar con vehemencia y optimismo a nuevas etapas existenciales, a desplegar un erotismo que persigue también la exploración del cuerpo en zonas sensibles y preciosas, y que proyecta ese conocimiento progresivo y certero, en la relación con el otro, emblematizado en una gata, símbolo del misterio y la búsqueda, pero también la majestad felina que caracteriza ese curioso ejemplar de la fauna.

Partiendo de una idea de la propia Rosario, ella protagoniza el filme de apenas nueve minutos, suficientes para desarrollar su carga de sensualidad en una proyección espiritual y física, dentro de este experimento autofictivo, que emplea como banda sonora no solo la pieza emblemática de María Greever, sino otras hermosas canciones del pentagrama mexicano (Atardecer, de Licona Carrasco y L.Salazar, y No niegues que me quisiste, de Jorge del Moral) en voz de la soprano Hilda Licona Acosta. Complementos perfectos si tenemos en cuenta la delicadeza y lirismo de los mismos, y la singularidad en el timbre de la cantante.

En la puesta en pantalla de Dinorah de Jesús, con la colaboración de la periodista Maritza Deschapelle y el fotógrafo Ricardo Rodríguez Gómez, a tono con la poética de la realizadora, encontramos un pacto entre lo subliminal y lo directo, que se explaya en sobreimpresiones de la imagen, sutiles fundidos, una planimetría variada y alternante que emula el lenguaje danzario en una curiosa ósmosis visual, que aprehende y trasmite la dinámica en los movimientos de la actante, desde su coreografía plenamente dialógica e íntima con el propio cuerpo, devenido instrumento, sujeto/objeto.

La densidad expresiva que significa el blanco y negro de la fotografía, se suma a la profundidad y poder sugestivo del discurso fílmico, explotando también la riqueza textural de las gamas, el granulado, los claroscuros, encaminados no solo a calzar (y alcanzar) la atmósfera perseguida sino también a desplegar el péndulo ideoestético del texto, en una eficaz fusión entre la música (realmente toda la banda sonora, con sus ruidos y silencios, de no menor poder sugestivo) y la imagen, que delatan también un riguroso montaje.
Nuevo maridaje eficaz entre la danza y el cine, Júrame es, más allá de su indagación en la naturaleza femenina dentro de etapas avanzadas de la vida, un hermoso testimonio del cuerpo y sus potencialidades como certero instrumento del deseo, la voluntad y la exploración humana.

Fotos cortesía de las realizadoras.

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