“Es un honor, un deber, un placer”

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Desde afuera en la calle Ayuntamiento se puede ver a Pedro Armando Franco Albuquerque por una de las ventanas de El Biscuit, sede del colectivo teatral que dirige hace 10 años. Por momentos observa el tránsito, toma notas, revisa el teléfono. A ratos se levanta y entonces alguien se asoma y pregunta porque le dijeron que allí… porque necesita tal pastilla… y entonces María Laura o él mismo revisan, indagan, orientan y entregan el medicamento adecuado.

Con esa idea de ser útiles allí donde más se necesita, los jóvenes artistas generan estrategias y alianzas para lograr mayor efectividad en su empeño.

Por dentro, la sala donde hace unos meses se estrenaba Todos los hombres son iguales, ahora se organiza en función de desempacar y clasificar medicamentos, material de protección, aseo y alimentos. Sobre el escenario, se pueden leer las etiquetas “antigripal”, “pomadas”, “antibióticos”, y otras denominaciones que ayudan a ordenar los insumos recibidos para trasladarlos después por toda la ciudad y asistir a quien lo necesite, a la hora que sea, según asegura el propio Pedro.

Los integrantes de Teatro El Portazo no dudaron ante esta tarea que engrandece almas, bajo el noble precepto de la solidaridad como bandera. Fotos: De la autora/ Tomadas del Portal AHS

Esa es la rutina desde que el colega Raúl Prado lo llamara en busca de una persona confiable que pudiera recibir y gestionar las donaciones que llegarían desde La Habana para apoyar a Matanzas, en medio del peor panorama epidemiológico vivido hasta la fecha.

Ni él ni el equipo de actores, productores, coreógrafos y asistentes de El Portazo dudaron ante esta tarea, que engrandece almas y esquiva distancias, permisos y burocratismos para sanar la ciudad, bajo el noble precepto de la solidaridad como bandera.

Portazos de solidaridad

Pedro Franco insiste en definir este principio como un concepto horizontal. Se puede leer en uno de sus más recientes post de Facebook y me lo confirma mientras me explica este lunes de julio –ocho días después del inicio de las donaciones– que, “si se monopoliza, si se pierde este precepto vital, se vacía, al mismo tiempo, su esencia.

Desde el principio estuvimos de acuerdo. Sabemos lo que representa para nuestra ciudad y teníamos El Biscuit, estratégicamente céntrico y con toda su estructura de producción armada para contribuir. Entonces se coordinó con la doctora Mabel Cuesta y un grupo de personas sensibles como Rocío Baró, Sam Olázabal, Laura Bustillo, entre otros, que desde La Habana dedican su esfuerzo para que todo esto sea posible.

Por el lado de acá somos cerca de 10 personas. Tenemos a los actores María Laura Germán, Adrián Bonilla y Alejandro Castellón; el equipo de producción con Tamara y Alex Luis Moreno; Yadiel Durán, coreógrafo y presidente de la Asociación Hermanos Saíz, y otro grupo de amigos que nos han ofrecido su ayuda, pero por cuestiones de bioseguridad no están aquí en la sede.

“Ellos se encargan de clasificar los medicamentos, detectar los casos por redes sociales a través de los chats y también por nuestros teléfonos particulares, que debido a los recientes cortes de Internet, hemos hecho públicos ante la dificultad que generaba la comunicación online.

Hasta el momento han logrado llegar a más de 150 familias y han realizado donaciones significativas a unas 20 instituciones entre las que se encuentran centros de aislamiento, policlínicos, proyectos socioculturales y hospitales.

Intentamos apoyar humildemente la compleja situación epidemiológica con tratamientos completos. Responde también a la gravedad que tiene cada enfermo, a la edad, la vulnerabilidad del lugar de residencia y el sitio donde pasan la enfermedad. Como prioridad está la protección de los doctores y sobre todo los voluntarios, a los que apoyamos con mascarillas, alcohol, batas, desinfectante y todo lo que pueda contribuir a garantizar su seguridad. Hemos recibido algunos alimentos desde La Habana que distribuimos en sitios donde se encuentran niños ingresados, como en el centro de aislamiento del Canimao y el Politécnico de la Salud. Además, hemos dirigido una parte de estos recursos al Hogar de Niños sin Amparo Filial, comenta Pedro.

Hasta el momento han logrado llegar a más de 150 familias y han realizado donaciones significativas a unas 20 instituciones entre las que se encuentran centros de aislamiento, policlínicos, proyectos socioculturales y hospitales.

Matanzas no está sola

En una pizarra negra cerca del bar se anotan los datos esenciales, las entregas, las familias alcanzadas, las donaciones, cifras que ilustran el camino recorrido en ocho escasos días, pero que hablan de un compromiso enorme.

Con esa idea de ser útiles allí donde más se necesita, los jóvenes artistas generan estrategias y alianzas para lograr mayor efectividad en su empeño.

Hemos tenido ayuda institucional, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas nos ha brindado no solo el espacio, sino también el transporte para acceder a municipios como Colón. El Ministerio de Salud Pública también nos acompañó en la donación a los centros de aislamiento y está pendiente de aclarar cualquier incomprensión. Asimismo, debe resaltarse que la Asociación Hermanos Saíz asume gran parte de la logística para apoyar esta labor, aseguró Pedro.

Para Yadiel Durán, miembro del equipo de trabajo y presidente de la AHS en Matanzas, entre las experiencias más complejas ha estado la creación de una base de datos para gestionar y contabilizar la entrada y destino de las donaciones, un reto que asumió con escasos conocimientos y que demandó superación y esfuerzo.

Fueron casi tres noches sin dormir, pero la idea de sentirse útil en medio de estas circunstancias nos motiva muchísimo. Yo creo que lo mejor de todo esto es ayudar a la gente que lo necesita, ver su gratitud, cuenta Yadiel.

Hay una señora que quizás pueda enviar cinco blísteres de metocarbamol de su botiquín personal y eso en términos de un inventario no representa absolutamente nada. Sin embargo, en una ayuda casa a casa, puerta a puerta, puede marcar la diferencia sobre un dolor, sobre un padecimiento, sobre la necesidad de no tener que salir a la calle o entrar a un hospital a buscar algo, básicamente esa es la esencia de nuestra contribución. Es un aporte micro pero que a la vez construye una alternativa, un impacto en las familias. Esa es la intención, concluye Pedro.

Fuente: La Jiribilla

En Portada: Isla 70 de Raúl Martínez

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