Gonzalo Roig, siempre ilustre

Por Isachi Durruty

Julio Gonzalo Elías Roig Lobo nació en La Habana el 20 de julio de 1890. Es sin dudas uno de los más notables referentes del arte lírico hispanoamericano, además de sobresaliente compositor y director de orquesta. Su figura está indisolublemente asociada a la fundación de la Orquesta Sinfónica de La Habana, el 15 de septiembre de 1922, junto al eminente pedagogo César Pérez Sentenat y Edwin Tolón. Con esta institución realizó una importante labor de difusión de las creaciones sinfónicas sobre todo de compositores nacionales, así como reconocidos títulos del repertorio universal.

Sobre su prolífera labor, el compositor Eduardo Sánchez de Fuente expresó:

(…) el maestro Gonzalo Roig domina la ciencia orquestal y muchas veces lo hemos visto desarticular obras de dificilísima estructura, resolviendo a los valiosos profesores de su Orquesta problemas de técnica interpretativa. Con su experiencia y su amplia comprensión ha logrado realizar siempre la más acertada dirección de cuantas obras han desfilado por los interesantes programas de su orquesta[1].

Entre 1931 y 1936, Roig se desempeñó como Director Musical junto con el maestro Rodrigo Prats, de la Compañía Suárez-Rodríguez, en el Teatro Martí. El experimentado libretista Agustín Rodríguez (1885-1957) unió fuerzas con el también empresario Manuel Suárez Pastoriza, para crear una empresa de solvencia económica capaz de aunar valiosos elementos artísticos.

Estos cinco años constituyeron el período renovador del Teatro Lírico Cubano; el surgimiento de la zarzuela cubana de nuevo tipo elevó a planos insospechados la simbiosis cultural de la Isla. Las raíces hispánicas y europeas, las herencias de la tonadilla española y la ópera italiana, se aclimataron a las nuevas perspectivas defendidas por los creadores al incorporarse temas, escenarios y personajes nacionales tanto en los textos como en las partituras.

Gonzalo Roig junto a Ernesto Lecuona.

El Teatro Martí se convirtió en el espacio de eclosión de las más sobresalientes obras y autores: Rosa la China (1932), de Ernesto Lecuona; Soledad (1932), María Belén Chacón (1934) y Amalia Batista (1936), de Rodrigo Prats. Se inscribieron en las carteleras de tan glorioso momento, nombres de intérpretes ilustres como Rita Montaner, Caridad Suárez, Miguel de Grandy, Hortensia Coalla, Maruja González, Zoraida Marrero, Elisa Altamirano, Candita Quintana, Alberto Garrido (hijo) y Federico Piñero, así como los eminentes escenógrafos Manolo Roig (hermano del compositor) y Nono Noriega.

Durante estos años Gonzalo Roig desarrolló un prolífero catálogo como compositor teatral que incluyó obras como Los Madrugadores (1931), El Clarín (1932), La Hija del Sol (1933), La Habana de Noche (1936), El Cimarrón (1936). Pero, indudablemente, Cecilia Valdés se erige como su obra cumbre. La zarzuela, con libreto de Agustín Rodríguez y José Sánchez Arcilla, se inspiró en la novela homónima de Cirilo Villaverde y fue estrenada en el Teatro Martí, el 26 de marzo de 1932.

Con éxito apoteósico desde su primera presentación, bien pudiéramos evocar las palabras del crítico Pedro de la Hoz:

Los discos nos hacen recordar que el mérito mayor de Roig está en la música. La Salida de Cecilia es carta de triunfo en el repertorio lírico de cualquier soprano; el tango congo de Dolores Santa Cruz constituye una de las más fuertes definiciones genéricas de la especie (otro guiño de la memoria para Blanca Becerra); paradigmática resultan la contradanza y el canto de los esclavos; y el dúo de Cecilia y Leonardo no tiene nada que envidiar a los grandes dúos de la ópera romántica, como lo ha probado el acertado juicio del maestro Ángel Vázquez Millares. Y si se trata de una rotunda canción de amor (o desamor), ahí está Dulce quimera, incluida por Roig a la altura de 1958.

Sobre la trascendencia musical de Roig y la perdurabilidad de su Cecilia…, el eminente maestro Leo Brouwer ha señalado oportunamente:

Es una obra popular que hace pensar al mismo tiempo que tiene durabilidad y que se plantea entonces una permanencia estética e histórica en la cultura nacional. Es el gran compositor de nuestra música escénica y representa un momento peculiar en la historia de la música cubana[2].

Agustín Rodríguez, Gonzalo Roig y José Sánchez Arcilla, creadores de Cecilia Valdés

Otra de sus composiciones de mayor éxito, la criolla-bolero Quiéreme mucho, ha sido catalogada entre las canciones cubanas de mayor fama internacional. Traducida a varios idiomas fue grabada, por primera vez, por el tenor italiano Tito Schipa para RCA Víctor, en 1926. El admirado tenor español Alfredo Kraus incluyó este bolero de Roig acompañado por la Orquesta Sinfónica de Madrid en su LP Alfredo Kraus canta para usted, para la firma discográfica Carillón en 1959, y existe además una admirable versión del también célebre Plácido Domingo.

Un aspecto poco reconocido de la obra de Roig es la dirección musical de importantes puestas en escena para la televisión cubana en los años posteriores al triunfo revolucionario. En 1962 el maestro dirigió de Giuseppe Verdi, Rigoletto, La traviata y Aida; de Charles Gounod, Fausto; de Gaetano Donizetti, Don Pascuale y Lucila de Lammermoor; de Giacomo Puccini, Boheme, Madame Butterfly y Tosca; de Wolfgang A. Mozart, Las Bodas de Fígaro. Estas grandes obras del repertorio lírico universal se transmitieron en vivo, desde los estudios de la Televisión Cubana, con intérpretes cubanos y la orquesta dirigida por él. Toda una hazaña que debe constituir una referencia para los tiempos actuales.

En este breve recuento sobre la eminente trayectoria de Gonzalo Roig no podríamos eludir su rol determinante en la Banda Municipal de La Habana, devenida Banda Nacional de Conciertos, podio que solo dejó con su muerte, el 13 de junio de 1970. Sus creaciones unidas a su inagotable labor en pos de la difusión musical nacional y extranjero le sitúan entre los compositores más respetados del siglo XX en Cuba. Su obra es indudable símbolo de cubanía, de espíritu criollo que perdura y trasciende en el tiempo.

Fotos: Archivo del Teatro Martí

[1] Citado en: Giro, Radamés. Diccionario Enciclopédico de la música en Cuba. Gonzalo Roig. Tomo 4, pp 65-68. Editorial Letras Cubanas, 2002.

[2] Citado por Cañizares, Dulcida. Gonzalo Roig. Editorial Letras Cubanas. La Habana, 1978.

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