Freddy Artiles, la Patria y el teatro

Atento a las conexiones entre los escenarios foráneos y nacionales, investigó muchísimo y generó teoría

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El pasado martes 13 de enero, día de su cumpleaños, se realizó una emotiva recordación del maestro Freddy Artiles, a quien se le dedica, junto a José Milián, esta edición de las Jornadas Villanueva por sus respectivos aniversarios 80.

En la sede de Teatro La Proa lo evocaron Blanca Felipe Rivero, Gladys Alvarado, Tomás Hernández, María Elena Tomás, Yamina Gibert y Rubén Darío Salazar. Entre anécdotas y detalles que pintaron de vivaces colores el retrato del dramaturgo nacido en Santa Clara en 1946, se fijaron sus numerosos aportes a distintos ámbitos de la escena cubana, en particular al teatro para niños y de títeres.

Un legado vivo para sus muchos colegas y para quienes fuimos sus alumnos, en mi caso de la mano de Mayra Navarro, su esencial compañera de vida y avatares, también narradora oral y especialista del trabajo artístico con la niñez.

Gladys rememoró el origen concreto de su célebre pieza El conejito descontento, como parte de una brigada de jóvenes artistas por la Sierra Maestra en 1972. Tomasito y María Elena reconstruyeron su etapa como asesor en el Teatro de la Villa, de Guanabacoa, donde encontró la hermandad de un grupo, adaptó textos, impartió cursos, animó un festival y hasta se atrevió a dirigir.

Blanquita, Yamina y Rubén se concentraron en su ejercicio pedagógico, con el que tanto contribuyó a la presencia, el lugar y la dignidad de la especialidad para niños y de figuras dentro y fuera de la academia, así como en las instituciones, las publicaciones y los festivales y eventos.

Como profesor, y como crítico, fue exigente siempre. Atento a las conexiones entre los escenarios foráneos y nacionales, investigó muchísimo y generó teoría, más enlaces prácticos para colegas y grupos cubanos. Nos dejó varios títulos útiles. Yo admiro, en particular, La maravillosa historia del teatro universal, en el que volcó saber enciclopédico y máxima síntesis en función de comunicarse, como siempre persiguió, con un amplio público de lectores, como de espectadores con su quehacer teatral.

Esa fue su ética y su estética. Por eso defendió, y logró, la proclamación de Pelusín del Monte y Pérez del Corcho como títere nacional. Promovió el expediente para sustentar, a la altura de sus congéneres de otros países, al hijo de Dora Alonso y Pepe Camejo, que este 2026 cumple siete décadas de creado. En lo personal acariciaba el sueño imposible de ser tan hijo de Dora como el cubanísimo Pelusín, para el que desarrolló nuevas adaptaciones y aventuras. Allí se veía, en la fusión de sus grandes pasiones, la Patria y el teatro.

Tomado del periódico Granma

Foto tomada de https://www.cubanosfamosos.com/es/biografia/freddy-artiles-machado