¿Existe la crítica escénica en la actualidad?

El Dossier de la Crítica de la Revista Tablas propone el texto de Carlos Rojas (Nueva Segovia, 1974), crítico e Investigador teatral que hace una reflexión en torno al oficio de la crítica en la actualidad.

 Los críticos juzgan la obra y no saben que son juzgados por ella

Jean Cocteau

La crítica: ¿ausente de la escena teatral?

En los últimos años de esta década, la presencia de la crítica escénica pareciese estar prácticamente ausente o inexistente en la mirada de compañías, agrupaciones y directores de la escena teatral. Todavía hay un dilema en saber apreciar la universalidad de sus reflexiones que enlazan intensos temas para ser discutido en la actualidad.

Aspiraré a realizar este ejercicio desde un punto de vista personal y desde un análisis empírico, haciendo énfasis en la crítica teatral, es decir, contenderé y me referiré a la crítica de las artes escénicas, más específicamente a la actividad artística teatral en Venezuela, y, a algunas de sus particularidades como tal.

La crítica en nuestra escena de este 2020, debería ser artilugio para resignificar cada acontecer teatral. Se ha estado diluyendo esa capacidad de leer asertivamente y emplear catalíticamente para resemantizar las viejas/nuevas digresiones de lo contemporáneo.

Crisis: artistas alrededor de la crítica

El teatro no es multitudinario, por más que así lo quieran, no puede competir con el cine, ni con la televisión como medios de entretenimientos masivos. Por lo que constituye un arte de minorías, lo cual no quiere decir que debemos hacer teatro solo para minorías, llegando al extremo incluso de hacer teatro para la gente de teatro y sus cercanos.

Ciertamente, el teatro es uno de los aportes más importantes de la cultura occidental a la humanidad, pero, el avance de la historia y la definición de las colectividades han determinado su modo de expresión. Señala Richard Salvat1:

Que el genio no se inventa solo, lo prueba que su obra va ligada a una tradición y a un tiempo. El arte se aprende, por tanto. El papel de la crítica es, pues, el de suscitar obras nuevas y educar al público. Y no sólo es necesario suscitar obras nuevas, con un nuevo contenido, sino que es necesario conseguir una manera de hacer este teatro. p.13

Algo curioso resulta el hecho de que al mismo tiempo que se habla de esta crisis, ya sea como colapso e inquietud, el mundo conoce una producción crítica como nunca antes, tanto en los medios tradicionales (la prensa escrita, las revistas especializadas; luego en la radio, la televisión y en las más recientes plataformas Streaming) como en los nuevos medios de difusión masiva de la era digital. Se justifica esta paradoja con el argumento de la falta de efectividad y del escaso valor teórico de la producción actual de la crítica teatral.

El crítico inglés Terry Eagleton, por ejemplo, llega a decir que “hoy en día la crítica carece de toda función social sustantiva” (Eagleton, 1999) 2; lo cual, si todavía no es un obituario, ya decreta un luto.

Cuando el crítico hace de artista

El crítico hace de artista. Y puede cometer excesos. Pero el artista también hace de crítico o viceversa.  Asumimos que el teatro puede vivir sin críticos porque el arte teatral lo hacen los artistas y de ellos es el trabajo, incluso los propios artistas podrían ser expositores de su obra, pero la sociedad ha preferido una división del trabajo: por un lado, el artista y por otro los teatrólogos. Es por ello que, percibo que el crítico jugando a ser artista de este ahogado lapso, parece desentenderse del verdadero legado crítico.

La sociedad de hoy, piensa que el teatro se entiende mejor así, separando al teórico del práctico y al teatrólogo del crítico. Habría que diferenciar, por otro lado, entre crítico y teatrólogo: el teatrólogo está en un nivel distinto, no necesariamente superior, es un profesor de universidad, un especialista que se plantea grandes temas, de la estética y de la filosofía del teatro. En el caso, el crítico está en otro nivel, es un espectador especializado cómplice de la escena.

Baste de ejemplo el crítico venezolano Carlos Herrera: supo unir agudeza de análisis, conocimientos profundos sobre teatro y el deseo de pensar en función de la historia del arte teatral y la escritura escénica, sigue siendo en este momento una referencia ineludible en nuestro país y para nuestras futuras generaciones de críticos emergentes.

La realidad de la práctica

El crítico en este tiempo debe encontrar un equilibrio difícil entre la originalidad de su propia actividad de reflexión y el respeto al trabajo del artista, esforzándose por dejar ver la obra, a través de sus palabras sin ocultarla u ocupar su lugar. Al respecto, estoy de acuerdo con Peter Brook3 cuando dice, que “la realidad de la práctica, es otra cosa”.

Es bueno señalar que la profesión de crítico teatral oscila a menudo entre el discurso complaciente y tautológico sobre la obra en el que se pone en escena el discurso de dicha escenificación. El crítico en este momento parece que aparece ahí como “perro guardián” de la sociedad, encargado de manifestar su agrado o su desagrado, y, por ende, de servir indirectamente de inflexión para el resto del público.

A esto, se añade otro problema importante que no podemos ignorar. La crítica es poder. La crítica y el crítico tienen una incidencia importante en la asistencia del público, en la continuidad del espectáculo en la cartelera, en el financiamiento, en las subvenciones de que disfrutan y en el reconocimiento del medio, hechos que nadie puede pasar por alto o simplemente llenar dossier para el currículo de una vida artística.

No me juzguen: solo estoy permitiéndome hacer una reflexión sobre algunas características que se pueden considerar en las propuestas y creaciones escénicas en la actualidad.

¿Qué pasó con la crítica especializada?

Hoy día, de casualidad nos topamos con alguna crítica en Internet, a la cual prestamos nuestra debida atención. Es bastante posible que yo, como crítico esté sumergido hasta el cuello en tal crisis.

Los críticos se han vuelto, apáticos, complacientes, flojos y son muy pocos los que son verdaderos críticos, ya solo copian y pegan, los llamados críticos de Wikipedia, lees una crítica y después te encuentras con otra, con exactamente la misma frase, es un trabajo hecho con apatía, desdén, flojera. Sin antecedentes, referencias e investigación.

En la actualidad, los críticos han llegado a ser comparados como borregos, una vez que el borrego macho alfa, te lleva a algún lugar, todos los demás lo siguen, tienen miedo de tener sus propias opiniones, y, por último, ya no tienen muy buenas reflexiones ni escriben atinadas críticas.

Estoy convencido que la crítica teatral en estas últimas tres décadas perdió la delimitada importancia que tuvo en los años 80, cuando despertaba el interés y generaba comentarios, en los creadores, hacedores y en el propio lector/espectador.

Pero, volviendo aquellos años 80, recuerdo que hubo agudos críticos como, Leonardo Azparren Giménez, autor de ensayos imprescindibles para el que quiera conocer nuestro teatro venezolano, y cuyos escritos se caracterizaban por la solidez conceptual y agudeza estética. Otro de esos temidos críticos era Rubén Monasterios, con un exquisito estilo que oscilaba entre la socarronería y la delicia, firmaba una columna en El Nacional, que funcionaba como una especie de látigo al que todos temían.

Actualmente, Edgard Antonio Moreno Uribe, quien ya tiene su mérito más que ganado y, es quizás, el único crítico serio que nos queda, en Venezuela, que publica constantemente con un sentido más periodístico. De este último, aún hoy sigue publicando asiduamente, y hay que decir que ha sido el más consecuente y prolífico en materia de crítica y reseñas de la historia artística del teatro nacional.

No puedo dejar de nombrar nuevamente al prodigioso Carlos Herrera, agudo y atinado en sus comentarios y con una precisión única, sin comparación alguna. En honor a su memoria, me dedicaré a leer, de ahora en adelante, la pobre o inexistente crítica de arte escénica que se pública en el país.

Recuerdo que eran años en los que hacer críticas, era esencialmente construir, sumar, multiplicar, pero nunca restar y mucho menos, dividir. Entonces, deberíamos por preguntarnos: ¿Existe la crítica especializada en la actualidad? Yo pienso que no.

Hasta aquí, he tratado de realizar un balance de la presencia crítica en estos últimos treinta años en el panorama del teatro venezolano a través del trabajo de críticos especializados, periodistas, investigadores y teatrólogos consagrados que han dejado sus huellas, en nuestra escena teatral. Son pocos los casos en que podemos reconocer una voz que ayude a entender no el propio suceso teatral, lo cual sería mucho pedir, sino, cuáles son los criterios, qué es lo que piensa la propia crítica en Venezuela.

Si se recurre al talento, es que falta la imaginación

La frase lleva la impronta del ingenio de Georges Braque4 y será subrayada por mí, en esta reflexión. El crítico escénico tiene un papel cada vez más difuso. Creo que ya no existe como tal. Puede que me equivoque, últimamente, divago mucho.

La figura del crítico ha estado desde que recuerdo, en una situación de alta objeción por parte de nuestros creadores. Pero, entonces, de ser ciertos estos calificativos: “cagatintas”, “cronistas de poca monta”, “dramaturgos estériles”, “actores frustrados”, “venales u hormonales critiquillos de periódicos de tercera”, en fin, una retahíla de inspiradores apodos que nos han colocado a lo largo de la historia.

Para volver a la frase de Brague, es una opción estética y, salto conceptual mediante, la estética implica la moral. El tema da para mucho. Pero el talento, es además un desafío competente en el oficio crítico. La diferencia está entre una crítica argumentada y otra insuficiente o carente.

Se dice fácil, pero, reflexionar sobre el hacer del teatro supone, asumir el reto de hacer que esa memoria esté ahí, puesta al servicio tanto de quienes se han comprometido al quehacer de la crítica escénica.

El mejor ejemplo, sigue siendo la historia del país teatral, que se construye desde muchas murallas, pero pareciese que una franja de esa misma muralla pocos las quieren ocupar: la crítica escénica.

Aquellos que ignoran la historia del teatro, están condenados a leer críticas

Parafraseando aquella ocurrente frase del más cinéfilo de los críticos caribeños, Guillermo Cabrera Infante(5). Viene a cuento porque la “critica” parece haber pasado de moda. Una “crítica” es varias cosas.

En esencia es una nueva apreciación, un nuevo punto de vista, puesta a tono de los tiempos nuevos que corren, en el momento en que se impone la labor de ganar indulgencia con las glorias del pasado.

No siempre hacer memoria es fácil; menos aún, reflexión y crítica sobre lo que entendemos como arte teatral.  Soy hombre de tablas y hombre con aguda capacidad para mirar y examinar desde una óptica reflexiva que el teatro debe ser rescatado en su hacer, es decir, desde la memoria.

En mi caso, me he volcado en estos últimos 20 años de oficio, en un momento de cambio del país a observar, a mirar, a valorar, a situar un entendido que columna tras columna deconstruyo lo que a mi personal juicio la obra de arte, en este caso, los montajes teatrales, escenificaciones y puestas que se enmarcaron en un momento dado, se articulan como la expresión de la escena. La mirada y la reflexión se sintonizan tras el andamiaje de las opiniones, de mis opiniones y de otras miradas.

Un aporte porque la memoria es esquiva y los juicios de valor a veces no gustan, terminan por ser ese eje que da soporte a que lo efímero del acto escénico no quede desamparado por el tiempo y los olvidos. Insisto, la memoria es frágil, lo que no se escribe, no se recuerda, se olvida. La crítica escrita debe permanecer, debe quedar inscrita en la memoria del teatro. Aunque estemos condenados a leerlas.

Considero la crítica escénica como disciplina precursora de un método de reflexión que faculta otros conocimientos teóricos, metodológicos, analíticos, críticos, pedagógicos.  Entonces, la crítica escénica debería preocuparse de llevar a cabo una seria labor de traducción de los lenguajes artísticos contemporáneos al público no especializado, de modo que pudiera promover un debate ahora inexistente y un acercamiento con los creadores más frecuente. Lo cierto es que la crítica cambia, pero la historia del teatro no.

He allí que como crítico especializado y espectador agudo rápidamente se estimula con una interrogante: Entonces, ¿cuál es el papel del crítico teatral en los momentos actuales?

La respuesta emigra de mi capacidad como hombre de teatro. Sin embargo, más allá de cualquier pretendido reflexivo, a veces vislumbro alguna reflexión que me indica que, el teatro contemporáneo no ha sabido leer a cabalidad la trascendente función de la crítica escénica en nuestra era.  Señal de los tiempos que vivimos.

 

En Portada: Bonsái de la agrupación teatral La Caja Negra. Foto: Frank Lahera

Referencias Bibliográficas:

1 Salvat, Richard. En: La Técnica Teatral de Bertolt Brecht de Jacques Desuché.

Ediciones Oikos-Tau, S.A. Barcelona, 1968.

2 Eagleton, Terry. La Función de la Crítica. Ed, Paidós Ibérica, Barcelona, 1999.

3 Brook, Peter. L’Espace Vide. Seuil, París, 1968.

4 Pintor y Escultor francés.  Fue uno de los iniciadores del Cubismo.

5 Fue un Escritor y Cinéfilo cubano. Obtuvo el Premio Cervantes 1997.

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