Encuentros de danzares infinitos

Por Frank Padrón
La compañía Danzares que produce y dirige la maestra Delia Barroso, subió al escenario de la sala Covarrubias con un espectáculo que de entrada pudiera convocar a la pura nostalgia, pero cuando rueda su discurso de aproximadamente hora y media, el espectador (cómplice y entusiasta desde los minutos iniciales) se hace eco de otras verdades:
El hecho de que no hay retiro para artistas con talento y voluntad, de que la mujer es «esa fuerza que mueve la tierra», de que la suma de «partes» notables genera «todos» aplaudibles (literalmente, como ocurrió con amplitud en las dos funciones).
Eso y más fue el saldo principal que dejó Encuentros: cita con la música popular bailable, con el bolero, con La Habana en tanto epicentro de homenajes y reverencias, y donde la impronta femenina de su mayoritario elenco no implica actitudes excluyentes; por el contrario, los hombres sostienen también el relato escénico demostrando que el arte va más allá del género.
Danzares reúne ex bailarines y cantantes de importantes colectivos: Tropicana, Parisién, hoteles Habana Libre e Internacional de Varadero, Ballet de la TV, Ballet Acuático, Contemporáneo y lo más significativo es que la edad del elenco oscila entre 38 y ¡79 años!
Admira comprobar la vitalidad y las condiciones que mantienen esos artistas, sobre todo considerando la complejidad de no pocas coreografías (Luis Raciel Castro, Buby Fabre, Joel Jova) y de canciones que detentan estructuras armónicas nada simples, las cuales son interpretadas con rigor (gracias también a la asesoría de Ulda Lidia Muñiz y Silvio Tarin).
Dentro de ello, recomendaría no obstante trabajar un poco más los montajes vocales de piezas como «Habana» (Los Zafiros) o «Amigas» (Alberto Vera) e incorporar algunos textos a la trama musical (digamos, el hermoso poema «Encuentros por siempre», de Pilar Ester García, premio Fridas del mundo 2025, que se lee al principio, pudiera fragmentarse y ser dicho por algún miembro del elenco -o por varios- con fondo musical y hasta coreográfico a lo largo del espectáculo).
Por otra parte, debe encomiarse la representativad del repertorio -clásicos del patrimonio nuestro, piezas que hicieron época, variedad de ritmos y géneros tanto musicales como danzarios- defendiendo una postura identitaria que trasciende la capital para emitir una declaración de cubanía total que emerge desde cada pieza hasta el conjunto.
También lo colorido y variopinto de un vestuario que trasunta el carácter eminentemente tropical y caribeño de la propuesta artística.
Quizá, ante mejores condiciones, el diseño de luces pueda incidir aún más en la conformación de ciertas atmósferas que complementen las peculiaridades de los números llamados a concurso (tanto los grabados como los realizados en vivo), pero lo conseguido fue suficiente para redondear el carácter festivo y aglutinador de la puesta.
No queda otra entonces, que ovacionar a solistas y cuerpo de baile, bailarines y cantantes (algunos en ambas facetas), a los maestros encargados de las especialidades, y por supuesto al alma de la compañía, Delia, por encauzar tanta dedicación y esfuerzo.
Agradecidos a todos por elevar con estos encuentros, puentes que desde la Isla llegan al infinito.
Foto © Claudia Meitin y Claudia Critellli