Del XX al XXI: coreógrafas en la danza cubana contemporánea (I)

Por Thais Gaes

Desde mediados de la pasada centuria las mujeres han tenido un rol medular en el desarrollo dancístico en Cuba. Un arte en el que aún se ciernen tabúes sobre los bailarines hombres; y donde las mujeres no han alcanzado, en mi opinión, todo el reconocimiento que por su labor ameritan. Sin embargo, la danza ha sido uno de los campos, en comparación con otras expresiones del arte, donde mayor peso y visibilidad han tenido. Basta con echar una ojeada a los Premios Nacionales: la danza es la esfera donde mayor cantidad de mujeres ostentan este lauro.

El decenio de 1980 registra en la Isla el alumbramiento de varios grupos encabezados por bailarinas coreógrafas, casi todas profesoras, rompiendo con el liderazgo masculino cuasi absoluto en la danza hasta entonces.

Con el arribo del siglo XXI comienzan a emerger jóvenes coreógrafas cuyas obras distintivas, conforme a la crítica, son premiadas en certámenes de danza y videodanza. Estas generaciones difieren de sus predecesoras en estéticas y objetivos, y al igual que aquellas son pocas las que se han acercado a temáticas vinculadas a género y/o feminismos como tópicos en sus obras.

Esta es una aproximación al panorama de la danza contemporánea en Cuba en el tránsito de dos siglos, de la mano de coreógrafas que, a mi juicio, destacan en este periodo desde sus marcas autorales y la gestión de sus proyectos.

Así Somos, colectivo experimental fundado por Lorna Burdsall

Los espléndidos 80

Sería injusto iniciar este acercamiento sin antes referirme, en rápida síntesis, al panorama danzario contemporáneo del siglo XX en la Isla. Aunque la danza moderna tiene sus antecedentes en obras presentadas antes de 1959, se inscribe oficialmente con la fundación del Conjunto de Danza Moderna del Teatro Nacional encabezado por el Maestro Ramiro Guerra.

El reconocimiento institucional y el apoyo recibido propiciaron que el Conjunto se convirtiera ulteriormente en “la madre nutricia de la danza cubana”, como se le conoce a la hoy Danza Contemporánea de Cuba (DCC). Durante años la compañía fue prácticamente la única de su tipo, hasta la década del 80 cuando comienzan a surgir proyectos, liderados varios de ellos por mujeres. Este decenio inaugura una época de explosión creativa en la danza cubana, y el arte nacional en toda su extensión. Una etapa donde se producen despertares y rompimientos a nivel general; y de manera particular en la danza lo protagonizaron un grupo de bailarinas con sed de creación que, sin dejar de bailar, tuvieron la iniciativa y la valentía de dar cuerpo y forma a sus inquietudes y motivaciones, lejos del amparo de las compañías madres.

Al decir de la teatróloga Marilyn Garbey (2017)

 A finales de los 80 del pasado siglo las rupturas de los límites protagonizadas por Rosario Cárdenas, Caridad Martínez o Marianela Boán, estremecieron el mapa de la danza cubana. Las bailarinas devenidas coreógrafas se mantenían atentas a su contexto y a lo que sucedía en el mundo de la danza: Caridad Martínez salió del Ballet Nacional de Cuba y agrupó a bailarines de la tradición clásica con actores, para indagar en la cubanidad cotidiana. Rosario y Marianela lo hicieron de Danza Nacional de Cuba y fundaron sus compañías en las cuales exploraron otras formas de movimiento para, como el Ballet Teatro de La Habana, expresar a Cuba y proponer otro diálogo con el público. Esas rupturas coincidieron con fuertes sacudidas en el entramado socio-económico del país, y con un período en el que el arte cubano buscaba otros paradigmas de producción y de comunicación con el público.

Otras puertas se abrían ante este grupo de mujeres creadoras, nuevas rutas de autonomía, pero también de riesgos para poder tener un espacio propio a modo de laboratorio en el cual experimentar y beber de otras corrientes y escuelas, sin la presión que supone responder a las exigencias de las compañías ya establecidas.

La primera fue Lorna Burdsall. Bailarina, profesora y coreógrafa norteamericana, quien se estableció en Cuba desde mediados de los 50, y murió en La Habana en 2010. Co-fundadora del Conjunto de Danza Moderna. A inicios de los 80’s agrupa a estudiantes suyos de la Escuela Nacional de Danza (ENA), y comienza a montar con ellos piezas en las que ella participaba igualmente. Pone su pequeño apartamento a disposición del naciente Así somos, título de su primera coreografía que da nombre al grupo. Transforma de tal modo su hogar, convertido a partir de ese momento en sitio de aprendizaje mutuo entre la Maestra y sus discípulos. Burdsall fue una de las que tempranamente utilizó el audiovisual para conocer lo que ocurría en otras partes del mundo en materia de danza, y además para documentar su trabajo. Filmaciones que más tarde se utilizaron en la realización de videodanzas, gracias en buena medida a la labor inconmensurable del artista visual Adolfo Izquierdo, miembro de Así Somos y fiel colaborador de Lorna, una de las personas que fielmente preserva y difunde su legado en el presente.

Isabel Bustos, al frente de Danza Teatro Retazos, convidó en 1987 a algunos de sus alumnos a presentar sus obras en museos, plazas y parques del circuito patrimonial de la capital. Un periplo que realiza anualmente desde 1996 durante las jornadas del Festival Danza en Paisajes Urbanos. Habana Vieja Ciudad en Movimiento. Itinerario que llevaron a cabo durante varios años sin apenas apoyos, hasta que la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, y el propio Dr. Eusebio Leal, le ofreció su ayuda inestimable para establecer la sede de su compañía en la ciudad que los vio nacer, y ha visto crecer por más de 30 años. Isabel Bustos ha traducido el lenguaje otros artistas, como el apasionante universo lorquiano, a su cosmovisión mediante la técnica retazos, pilar del entrenamiento de sus bailarines. El lirismo, la belleza cromática, los gestos, la dramaturgia y la tragedia son rasgos perennes en sus piezas.

Aire Frío por Liliam Padrón, coreógrafa y directora de Danza Espiral. Foto: Abel López Montes de Oca

También en 1987, Liliam Padrón, bailarina y coreógrafa, decide formar Danza Espiral en la ciudad de Matanzas. Al graduarse de ballet regresa a su natal provincia y establece allí este núcleo creativo años después. Danza Espiral mantiene una permanente alianza con el movimiento artístico matancero, fundamentalmente teatristas y músicos, a los que invita para sus puestas en escena, además de colaboraciones con instituciones culturales en otras provincias.

A finales de este decenio una de las noveles coreógrafas de Danza Contemporánea de Cuba, se despide de esta para gestar su propio grupo. Necesita abrirse al mundo, expandir los márgenes del lenguaje coreógrafo y artístico conocidos por ella hasta entonces; le urge contaminarse con otros saberes y corrientes. Junto al director de teatro Víctor Varela, Marianela Boán sustituyó los salones del Teatro Nacional por el espacio doméstico, como antaño lo hiciera Lorna Burdsall. Allí se incubaron obras paradigmáticas de DanzAbierta, nombre elegido para su grupo en 1988. Un laboratorio que legó obras míticas: Chorus Perpetuus, El pez de la torre nada en el asfalto, Fast Food, Gaviota, Últimos días de una casa, entre otras, algunas todavía recordadas gratamente por los espectadores que las disfrutaron. Hoy el grupo, renombrado MiCompañía, es liderado por otra bailarina y coreógrafa, la española Susana Pous, radicada desde hace varios años en la Isla. La Boán reside actualmente en República Dominicana, donde lidera la compañía nacional de danza, pero mantiene vínculos muy estrechos con las artes escénicas cubanas.

En este periodo una de las más aclamadas estrellas del Ballet Nacional, en un acto de abandono sin precedentes en esa institución, puso fin a su férrea supremacía, aunque fugaz, para dar a luz uno de los grupos más loables y vanguardistas de las artes escénicas. El Ballet Teatro de La Habana, liderado por la bailarina Caridad Martínez, aunó a la sazón a bailarines, actores, actrices y artistas plásticos. Varios de ellos son hoy figuras reconocidas de la cultura cubana. En su efímera existencia, el Ballet Teatro de La Habana generó polémicas y sonadas discusiones que invitaron a reflexiones y cuestionamientos poco vistos en la danza, antes y después de esa etapa.

Igualmente, por esa fecha, la bailarina y coreógrafa Rosario Cárdenas, formada en las filas de Danza, le dice adiós a la compañía para dedicarse al estudio y experimentación de otros lenguajes con Danza Combinatoria, que en años ulteriores pasó a llamarse Compañía Rosario Cárdenas. Implementó la técnica combinatoria, desarrollada por ella sobre la base de las leyes de la matemática. De igual manera se ha nutrido de fuentes literarias, como los textos de Lezama Lima y Virgilio Piñera.

Entre 1989 y 1990 la norteamericana Elfriede Mahler funda Danza Libre en Guantánamo. Profesora, bailarina y coreógrafa. Había integrado la compañía Alvin Nikolais, en EE.UU., y desde su llegada a Cuba a principios de los 60 se involucró en el desarrollo de la danza moderna. Participó en la formación del Conjunto junto a Ramiro Guerra, su compatriota Lorna Burdall, y los mexicanos Manuel Hiram y Elena Noriega. El aporte de Mahler, sobre todo al sistema de enseñanza y en el rol pedagógico, son de las deudas que arrastramos en la historia de la danza. Elfride y Elena contribuyeron de modo decisivo en el ordenamiento y estructuración de los planes de estudio de las escuelas de danza, así como en la unificación de criterios técnicos, tanto para el programa docente como en los salones de la compañía nacional. Elfride Mahler fundó y dirigió Danza Libre hasta su fallecimiento en 1998 en su querido Guantánamo, la tierra que la abrazó como una hija más.

El Oriente de la Isla ve florecer otra agrupación encabezada por una mujer en 1992. La guantanamera Maricel Godoy, bailarina, profesora y coreógrafa, establece Codanza en la ciudad de Holguín. La compañía se distingue por el estilo contemporáneo y el alto nivel de sus intérpretes.

Ofrenda del Toro por Codanza, dirigida por Maricel Godoy, Holguín. Foto: Carlos Rafael.

Materializar estos sueños no fue desde luego empresa fácil. Mas, la labor sostenida de casi todas las coreógrafas-fundadoras-directoras hasta la fecha -algunas hasta su fallecimiento-, el trabajo constante, con reconocimientos nacionales e internacionales, validan su trayectoria y el esfuerzo ingente gracias al cual sus respectivas compañías se mantienen aún en pie, incluso con proyectos colaterales como festivales y concursos.

Prueba fehaciente de ello es la labor desplegada por Isabel Bustos en el Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos, que acoge además al Festival DVDanza, de videodanza, organizado por Andrés Abreu y Roxana de los Ríos. Asimismo, Retazos coordina las jornadas de intercambio Tránsitos-Habana y el Concurso de Coreografía Impulsos para jóvenes bailarines.

Desde la ciudad de Matanzas, Liliam Padrón convoca con carácter bienal desde hace 13 ediciones al certamen DanzanDos, dirigido a jóvenes bailarines y coreógrafos que compiten con obras para dúos.

En Holguín el notorio bailarín ucraniano Vladimir Malakhov propuso a Maricel Godoy y Codanza celebrar el Concurso de Danza del Atlántico Norte y Grand Prix Vladimir Malakhov, que premia a las mejores coreografías, puestas en escena de compañía e interpretación. Este certamen se efectuaba cada septiembre desde 2014. En su última edición en 2018 se determinó que a partir de esa fecha sería bienal.

Buena parte de estas creadoras pertenecieron a promociones cercanas, bebieron de referentes semejantes, tuvieron profesores y colegas comunes, y a todas las condicionó por igual el llamado “período especial” en la década de los 90. Si bien los estrenos y presentaciones no se detuvieron en ese lapso, algunas compañías sí debieron replantearse sus derroteros, y buscar alternativas para no detener su curso, so pena de quedar varados con un repertorio estanco y obsoleto en cuanto a lenguajes y procesos de creación, pero también de dinámicas de producción y promoción. En esos años difíciles para la nación entera, continuaron apareciendo grupos en diferentes regiones del país, y en paralelo se gestaban eventos como concursos y festivales ya mencionados.

Foto de Portada: Tomada de la revista digital La Jiribilla

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