Del carácter partidista y clasista de la semiosis danzaria

Por Geovannys Montero Zayas y Leandro Ernesto Prado Soriano

Hemos querido dedicar esta reflexión sobre la danza, a un rasgo universal de los procesos creativos danzarios: su carácter partidista y clasista. Podemos afirmar, en principio, que al arte danzario se aplican los criterios filosóficos sobre el carácter clasista del arte:

Independientemente de que se den cuenta de ello o no (…) [los artistas de la danza] reflejan siempre los intereses de clases sociales determinadas [sean o no la clase social dominante], la concepción del mundo, las opiniones y la actitud de estas clases ante la realidad circundante.[1]

La danza refleja la cultura de clase del coreógrafo, bailarín y otros artistas del arte coreográfico, tamizada por su propia cultura individual, la cual puede corresponderse con la cultura hegemónica o determinadas culturas subalternas que pugnan desde las periferias de la semiosfera dominante. Compartimos, parcialmente, el criterio de Lunacharski, que plantea:

… la obra (…) [artística] siempre refleja, consciente o inconscientemente, la psicología de aquella clase de la cual es portavoz el (…) [artista] en cuestión o, lo que ocurre con frecuencia, cierta mezcla en la que se manifiestan las influencias de diferentes clases sociales.[2]

Y lo creemos parcialmente, porque consideramos reduccionista la visión de cultura de clase, en relación con la complejidad de las influencias culturales de nación, etnia, clase, capas y grupos sociales, cuyas diversas culturas se manifiestan en la variedad de identidades culturales de cada sujeto cultural, incluido el artista de la danza, quien refleja en su obra la cultura de clase, sí, y con ella las múltiples ideologías de su contemporaneidad, comprendidas sus identidades de género, parentesco, escuela danzaria, y las que se originan por los gustos estéticos y artísticos, entre otras.

En relación con el carácter partidista, habría que esclarecer cuáles son los partidos en la danza. Claro que la Filosofía y las ciencias sobre el arte dejan bien explícito que el partidismo es por el materialismo dialéctico e histórico, o por el idealismo. Entonces se pasa a ser un artista revolucionario o burgués, así de simple y simplificadora es esta concepción del partidismo, que admite, incluso, campañas políticas y agresiones bacteriológicas.

Véase con qué poder de síntesis, Noel Bonilla Chongo expresa su partidismo político, axiológico y estético, al analizar la singularidad de la danza del presentar:

La tensión que se ha producido en las últimas décadas hacia lo real y cómo su tratamiento desmonta la noción de “representación teatral” -a la usanza aristotélica-, la danza del presentar ha seguido básicamente dos estrategias:

a) la renuncia a la ficción mediante la aproximación a lo real: el documentalismo y la construcción de ficciones reales.

b) la renuncia a la representación mediante la búsqueda de lo real: la acción, la disolución de los límites entre arte y vida.

La primera ha producido la recuperación de distintas formas de danza documental y ensayística. La segunda, ha producido la recuperación de diferentes formas de activismo y prácticas relacionales.  Parafraseando a Artaud, la idea de separar la vida de la representación es extraña, pues el cuerpo que se utiliza es realmente el mismo y la representación no puede borrarlo del todo. Y es que la distinción entre lo cotidiano -lo real, lo presente- y la representación -la idealización de lo real-, corre el riesgo de deslizarse hacia una posición tajante entre la naturaleza del cuerpo cotidiano y la naturaleza del cuerpo en representación…[3]

Nosotros creemos, desde una posición analéctica, que la danza está determinada culturalmente, y una de las determinaciones que se manifiestan es la de la concepción del mundo del artista, pero abordar la artisticidad y la danzalidad solo desde el punto de vista de la ideología política nos parece tan pueril como negar los hechos y fenómenos parapsicológicos y paranormales solo porque nuestros rudimentarios métodos positivistas no alcanzan para desentrañar su esencia, y revelarla en toda su riqueza, tal como se manifiestan en el sistema de la cultura.

Se trata no de proclamarse, sino de ser verdaderamente dialécticos[4]; esto nos hace apreciar con mayor cientificidad los reales valores o antivalores que portan los objetos, hechos, fenómenos, procesos y personalidades danzarios, más allá de coincidencias o divergencias con determinadas ideologías, porque es nocivo caer en fundamentalismos que nos llevan a cometer crímenes de lesa cultura, y de lesa ideología. Asumimos los criterios de Pável Medvédev y Mijaíl Bajtín, cuando argumentan:

… es malo que el crítico comience a imponerle al artista una afirmación como afirmación, como «última palabra», y no como formación del pensamiento. Es malo que olvide que en la literatura [y el arte] no hay filosofía, sino solo filosofar, no hay conocimientos, sino solo conocer. Es malo que dogmatice como tal la composición ideológica extraartística del contenido. Tampoco es bueno que el crítico, por este proceso de formación solo reflejado del horizonte ideológico extraartístico, no note ni aprecie el proceso de formación real del arte en una obra artística dada, ni note la independencia ni la dogmaticidad y el carácter consolidado, ya indiscutibles, de la posición puramente artística del autor.[5]

Si fuésemos a hablar de partidos en la danza, nosotros preferiríamos confrontar el que aboga por la inspiración como base única de los procesos creativos, y el que los sustenta en rigurosos procesos investigativos para la creación danzaria; y más que confrontarlos, buscaríamos una posición conciliadora entre ambas actitudes creadoras, como paradigmas de la poiesis danzaria en Cuba.

Compartimos con el lector un criterio de Fernando Ortiz acerca de las miradas clasistas y los avatares de las danzas populares y folclóricas, permeados de la más elevada elaboración estética.

… Del retozo de las musas negras con las blancas han ido surgiendo danzas amulatadas, ricas de expresión como la habanera, el danzón, la rumba, el son, la conga, el mambo, el chachachá, etc., y todas ellas han experimentado el mismo fenómeno de metástasis, un tiempo son rechazadas como indecorosas y propias de “la gentualla”; las abominan las madres celosas de la pudibundez de sus hijas casaderas, los sacerdotes en alerta contra las añagazas de los demonios y las personas “serias” y meticulosas; pero las danzas del vulgo se van adecentando y revistiendo un tanto para lograr un reajuste socialmente ventajoso, y las gentes cautelosas van transigiendo otro tanto para poder gustar las sabrosuras del fruto prohibido. Así, con mengua de picardía y aumento de tolerancia, los bailes de gente “de escaleras abajo” van subiendo los peldaños sociales hasta penetrar en los salones y compartir los esparcimientos de las gentes “de escaleras arriba”. Los bailes de la oclocracia de los barracones treparon hasta la aristocracia de los palacios. … [6]

Pensamos que sobran palabras ante la esclarecedora cita.

[1] M. Yákovlev. La conciencia social y sus formas. En Problemas fundamentales del materialismo histórico, por Glezermán, G. et al. Ciudad de La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1979, p. 332.

[2] Anatoli V. Lunacharski. Sobre cultura, arte y literatura. Ciudad de La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1981, p. 211.

[3] Noel Bonilla Chongo. Danza del presentar: Premisas enunciativas de la danza contemporánea actual. Tesis presentada en opción al grado científico de Doctor en Ciencias sobre Arte. Universidad de las Artes (ISA), La Habana, Cuba, 2013, p. 82.

[4] Que por dialéctico debía suponer y aceptar también la verdad otra de los creadores y pensantes otros.

[5] Pável Medvédev y Mijaíl Bajtín. Tareas inmediatas de los estudios literarios. En Criterios: Estudios de teoría literaria, estética y culturología. Números 5-12. Tercera época. Enero 1983-diciembre 1984, p. 144. Traducción del ruso: Desiderio Navarro.

[6] Fernando Ortiz, 1965, pp. XIII-XIV, citado por Yalennys Natacha Zulueta Rodríguez. Bailes populares cubanos: Algunos conceptos al centro de la discusión. Tesis en opción al título académico de Máster en Estudios Teóricos de la Danza. Universidad de las Artes (ISA), La Habana, Cuba, 2017, pp. 60-61.

En portada: Yilliam de Bala coming soon, coreografía de Sandra Ramy para el Colectivo Persona. Foto Archivo Cubaescena.

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