Daniel Romero: “El teatro se trata más de exponerse que de exhibirse”

Entrevista en dos partes al actor Daniel Romero, joven que destaca por su versatilidad en roles tanto en el teatro como en la televisión y el cine.

Por Roger Fariñas Montano

En diciembre de este año, Argos Teatro estará cumpliendo veinticinco años de fundado, desde que en el año 1996 Carlos Celdrán y Manolo Garriga junto a un grupo de actores leales se lanzaron a la aventura argonáutica.

Durante algunos años me he dedicado a estudiar las obras de este grupo paradigmático del teatro cubano y a entrevistar a algunos de sus protagonistas, empezando por el director, pasando por dramaturgos y el diseñador de luces y, por supuesto, cerrando con los actores que han pisado el escenario en busca de esa «escena transparente» a la que ha aspirado Celdrán en su decursar creativo. Uno de esos actores imprescindibles es el joven Daniel Romero, quien impactó en el paisaje teatral cubano con el estreno de Diez millones (2016), y con sus sucesivas interpretaciones en las obras Misterios y pequeñas piezas (2018) y Hierro (2019). A propósito de su experiencia en la nave argonáutica, dialogamos.

Eres un actor joven, sin embargo, cuentas con una reconocida trayectoria tanto en el cine como en el teatro. ¿Cómo llega Daniel Romero a la actuación?
En noveno grado hice las pruebas de actuación para entrar a la Escuela Nacional de Arte (ENA), pero suspendí. En ese momento no me quedó más remedio que estudiar Electrónica. Cuando estaba en primer año de la carrera volví a intentarlo y suspendí nuevamente. Hasta que, en tercer año de la carrera, lo intento una vez más y es que me aprueban. Me aplacé dos años, dejo la carrera de Electrónica y comienzo en la ENA.

Te recuerdo como actor en Un elefante ocupa mucho espacio con El Ciervo Encantado, que es un espectáculo muy físico, de imágenes, performativo. Poco después te veo debutar en Argos Teatro con Diez millones, un espectáculo muy diferente, que busca más del interior, donde la palabra y lo afectivo predominan. ¿Cómo Carlos Celdrán se fija en ti y cuándo llegas a Argos?
Mi entrada en Argos Teatro se la debo a Corina Mestre. Cuando termino la ENA me ubican en La Colmenita, a pasar mi Servicio Social. Ahí estuve unos seis meses, aproximadamente, y llegó un punto en que no me sentía identificado con el trabajo que se estaba haciendo. La verdad es que creí que necesitaba otro tipo de cosas y le pedí a Corina Mestre que me ayudara a terminar mi Servicio Social en otro lugar. Habló con Carlos Celdrán, porque era en el tipo de teatro en que ella me vía. Para mí era una utopía, un sueño llegar ahí. Él le dijo que no tenía trabajo para mí en ese momento, pero que podía ir a sus ensayos, ver su día a día. Siempre fue muy amable.
Carlos estaba terminando de montar Aire frío, así que tuve la oportunidad de ver el proceso, sentado en una grada durante tres o cuatro meses. Desde allí aprendí mucho, sobre su estética y de cómo ver la actuación desde un punto de vista que ahonda más en el comportamiento humano. Sin duda, algo más profundo de lo que había visto antes, con respecto a la actuación. Esto me ayudó mucho.
Así pasó un año, se remontó Talco para giras en Brasil y yo seguí allí. Pasado un tiempo estaba con otro tipo de amigos, estábamos en el sótano del Buendía montando un espectáculo que era dirigido y escrito por Arnaldo Galván, que trababa sobre la Apología de Sócrates. Era una época en la que uno filosofaba mucho y se expresaba en lo que quería decir en ese momento: las inquietudes que tenemos muchas veces los jóvenes. Estando en el sótano del Buendía trabajando en la obra, le pedimos a Nelda que, por favor, nos dejara un par de días para ponerla allí y ella accedió. Nos ayudó mucho, nos dio consejos. Terminadas estas dos funciones, Nelda nos dice que va abrir un taller, así que no invitó a participar de él. Pero coincide con que yo estaba en la plantilla de Argos, pasando mi Servicio Social, y en aquel momento Carlos empezaba a montar una versión de La ramera respetuosa de Jean-Paul Sartre, donde me da un pequeño personaje. Yo emocionadísimo de poder trabajar, por fin, con Carlos, pero la pregunta en aquel momento era la de cómo agenciármelas para hacer las dos cosas.

Un elefante ocupa mucho espacio bajo la dirección de Nelda Castillo para El Ciervo Encantado. Foto tomada del perfil de Facebook de Daniel Romero.

¿Tuviste que decidir?
La cuestión es que yo iba a entrenar con Nelda de nueve a doce. Tenía una bicicleta, y cuando terminaba de ensayar por el mediodía, agotado de ese entrenamiento, cogía Paseo arriba, sin almorzar ni nada, e iba para Argos Teatro. Yo me sentía muy agotado, como se sabe, el entrenamiento con Nelda es muy fuerte. Entonces, cuando ella termina aquel taller nos dice que pensaba hacer como ejercicio final montar Un elefante ocupa mucho espacio, pero ya como grupo con El Ciervo Encantado. Le comento a Carlos lo que estaba haciendo y él me dice: «Mira Daniel, tienes que decidir. Eres muy joven, estás empezando, pero la energía tienes que tenerla bien centrada por lo menos en esta primera etapa, para que tú como artista puedas aprender. No tengo ningún inconveniente, pero yo requiero más tiempo. Las puertas aquí siempre van a estar abiertas, pero tienes que decidir qué quieres hacer en este momento». Después de replanteármelo mucho llegué a la conclusión de que ese trabajo con Nelda, de tanto esfuerzo físico, no podría hacerlo tres años después, tenía que ser en ese momento en que aún era joven. También sentía la necesidad de probarme como actor, en varias facetas del teatro, y poder definir qué era lo que realmente yo quería. Por supuesto que a mí me interesaba mucho el trabajo que hacía Carlos, pero sentía que había algo que tenía que ganar como actor, algo que me faltaba, y lo podía encontrar en esta fase de mi carrera y en el teatro que hacía Nelda.
Entré con Nelda, el entrenamiento total, un año y seis meses. Hice Un elefante ocupa mucho espacio, aprendí mucho, pero, por supuesto, me quedaba por dentro la desilusión de que me había costado mucho tiempo lograr que en Argos me dieran un papel y que confiaran en mí, en mi juventud, porque era un actor inexperto. Y así me considero aún. Me sentía mal, porque pensé que jamás volvería a estar en Argos, ni tener esa posibilidad. Era un sueño perdido. Ganaba, por un lado, obviamente, pero por otro sabía que me había costado mucho trabajo entrar en Argos con un papel y lo había perdido.
Pasó el tiempo y terminó mi etapa en El Ciervo Encantado, entonces entré con Juan Carlos Cremata. Yo no tenía trabajo en ese momento, no tenía a dónde ir, no tenía a quién pedir trabajo. Recuerdo que terminando una temporada con Cremata, él implanta una serie de medidas de contrato de que quería una exclusividad total para sus actores, que hicieran solo el teatro que él estaba haciendo y a mí me había acabado de llegar la serie Zoológico. Realmente tenía deseos de hacer ese personaje en la serie. Por una parte, ya había cumplido con Cremata, me había realizado con el personaje que estaba haciendo, sin embargo, no estaba de acuerdo con este tipo de ideas que él estaba proponiendo y yo tenía deseos de hacer otras cosas. Entonces, fue en ese momento en el que Carlos Celdrán me llama y me dice: «Yo te digo algo muy personal, no sé qué va a ser de esto, ni en qué va a parar. Ni siquiera sé si va a quedar en una etapa de ensayo, de experimentación, pero pensé en ti como actor y quiero que me digas si estas disponible. ¿Cómo está tu trabajo?». Recuerdo que, en ese momento, Carlos estaba montando Mecánica, y hubo un momento en el que le dije que estaba haciendo una serie, que tardaba unos cuatro meses y que sabía que él no iba a esperar, pero que para mí era un sueño poder trabajar con Argos. Y él me dijo que no había problemas, que estaba ahora con Mecánica, y cuando terminara iba a empezar con el proyecto, así que podía esperar por mí. Realmente esperó por mí, y fue mi salvación.

Fotograma de la serie televisiva Zoológico. Tomado del perfil de Facebook de Daniel Romero.

No es un secreto para nadie que Él, el personaje que interpretas en Diez millones, es el alter ego de Carlos, e imagino que fue una gran responsabilidad tomar el reto.

¿Sobre cuáles pautas esenciales eriges tu personaje —un adolescente introspectivo en medio de una época confusa—, y cómo logras penetrar en su compleja psicología?
Yo no puedo decir con palabras lo que es Diez millones. Cuando veo un video o una foto de la obra es más bien una sensación lo que llega. Cuando leí el texto era una realidad tan desconocida para mí que, paradójicamente, no fue ajena. No lo era porque en alguna parte de mí tenía que coexistir algo raro para que saliera lo que salió, pero a la vez era lejana porque no sabía que habían pasado muchas cosas como esas aquí en Cuba. Por otra parte, había indicios de cosas de familias que eran ocultadas o calladas, cosas que habían pasado con familiares que no se hablaban delante de mí. Recuerdo que, en los trabajos de mesa, actores más experimentados como Caleb, Maridelmis y Waldo, podían entender mejor lo que había sucedido, entonces leíamos el texto sin plantear una pauta específica para sentir y entender desde la lectura aquel inconsciente colectivo que nos toca a todos. Recuerdo que voy hasta donde está Carlos y le digo: «Carlos, yo sé lo que son circunstancias dadas, y sé lo que es esto y es lo otro, pero yo no siento cómo ponerlo en práctica». Y él, con una seguridad total, me dijo que no me preocupara, que simplemente me fundiera con la historia. Ahí empezó un largo proceso, fueron pasando cosas que ni siquiera entendía en ese momento, otras las entendí después, otras aún no las entiendo. Se fue armando poco a poco ese muñeco, fue tomando forma esa alma. Para mí fue fundamental una pauta: haber leído El Rojo y negro de Stendhal, porque el personaje de Julian Sorel me hizo entender mucho de lo que estaba pasando el muchacho en ese momento. También trabajé sobre palabras claves, ¿sabes? Palabras que tampoco me dieran mucho concepto en tanto información sobre determinado tema, sino que me provocara una sensación y que esa sensación me fuera despertando el comportamiento real que llevaba en ese momento. Ir pensando en palabras, por ejemplo, como fragilidad, vulnerabilidad, rebeldía y miedo, las cuales se contraponen unas y otras, pero que transmiten sensaciones y me pudieran dejar navegar en ellas. Una de esas palabras claves fue comunión: Diez millones lograba que uno tuviera una comunión con el público, una conexión especial, porque todo estaba en los ojos de los espectadores. Lo que hacía que saliera cada noche a escena era la mirada de los espectadores, que tienen historias semejantes. Yo, simplemente, era un canal que los transformaba. Nunca he hecho un personaje en el que haya estado más abierto, más limpio, más vulnerable y desprotegido que en Diez millones. Uno como actor lleva su preparación y tiene que tener cierto requisito, cierta preparación para salir a escena, pero hay un punto en el que con Diez millones aquello no era nada… Se trataba de salir en blanco y dejar que los espectadores te poseyeran. Que desde el silencio ellos te regalaran su historia, no era yo, no era solo Diez millones que le estaba regalando la historia, no, sino que Diez millones era el reflejo de la historia de ellos. Entonces ahí salía la magia. Es algo de lo que estoy profundamente agradecido, porque lo más importante para un artista es lograr ser un canal de energía, de una energía que de verdad transforme algo en el espectador, y que no sea algo tan básico como un figurín, un ego.

Diez Millones, dirección Carlos Celdrán para Argos Teatro. Foto Sonia Almaguer

Se trataba más de exponerse que de exhibirse…
Sabes que Carlos es uno de mis maestros fundamentales, pero eso mismo que dices lo aprendí de Nelda, ella siempre me decía que el arte y el teatro se trataba más de exponerse que de exhibirse. Es algo que llevo como una máxima. Aunque muchos piensen que no existe ninguna conexión entre el teatro que hace Carlos y el de Nelda, pues yo creo que sí. Todo el arte tiene una gran unidad. Ambos teatros trabajan desde una verdad muy particular, los dos son artistas que tienen una sinceridad pura, limpia. Ellos no van a exhibirse, van a la esencia de lo que te quieren decir. ¿Qué mejor modo de enfrentar un proyecto tan sutil y tan fuerte como Diez millones? Desde un entrenamiento, desde la sensación, desde lo más escondido de nosotros y nuestro subconsciente, desde nuestra verdad… y no desde la cabeza.

Continuará…

Foto de portada: Sonia Almaguer

(Visitado 594 )

Exportar a PDF:

Comparta nuestros contenidos en redes sociales:
Leer más
LIZT ALFONSO DANCE CUBA: GALA DE CLAUSURA TERCERA ETAPA

El próximo domingo 12 de agosto, a las 11:00 am, se presentará la Gala de clausura de la Tercera Etapa...

Cerrar