DamasDanza(s) Susana Tambutti, Argentina

Arquitecta. Bailarina y coreógrafa. Profesora Titular. Dirige la Sección Académica de la Bienal Internacional de Performance. Una de las principales voces iberoamericanas sobre la Historia y Teoría de la Danza.

Danza-Otra / Danza Tecnomediatizada… cuerpos offline y online

El Día de la Danza nos encuentra enfrentando algo inesperado: la necesidad de repensar nuevos modos de organizar, reflexionar y reinventar el cuerpo a partir de los mapas conceptuales instalados por el ciberespacio y el virus de la “cultura digital”, en alianza con un virus desconocido que sustrajo los cuerpos de la presencia y el encuentro.

Tradicionalmente, la danza ha sido un arte en donde el contacto y el lugar de diálogo de los cuerpos sucedía en vivo, en un estar ahí para ser percibido, sin intermediación tecnológica, hoy pasamos de esa perspectiva estética, de ese aquí y ahora de los cuerpos, a otro régimen de intercambio discursivo.

La inclusión del espacio-otro y las herramientas digitales impuestas por el contexto pandémico impulsó no solo nuevas performatividades y corporalidades sino también otras formas de recepción y experimentación de las artes vivas, lo cual obliga a pensar esta forma artística en términos de una interacción entre entornos digitales y presenciales propia de este nuevo (des)orden mundial.

Si bien la utilización de tecnologías digitales no es nueva y, aunque mucho antes de la pandemia diversas prácticas artísticas utilizaron las redes como ámbito performativo, en el último año se instaló la urgencia en operar en el espacio virtual donde los cuerpos no dependen de las leyes físicas para su percepción a lo que hay que agregar la distancia con los cuerpos ausentes de lxs espectadorxs.

Aunque ya hace varias décadas que términos como digitalización y virtualización son utilizados en esta disciplina, la singularidad de este arte siguió fundada en la comunicación kinestésica entre performers y espectadores, solo posible en la co-presencia con otras corporalidades y en un espacio y tiempo compartidos. Por ese motivo, y aunque el confinamiento impuso la suspensión de las artes vivas en todas las geografías por igual, la danza, entre todas las artes, posiblemente haya sido la más afectada por la interrupción de la experiencia de proximidad. Comunicación kinestésica, espacio y tiempo son categorías recurrentes, comprendidas de diversas formas, según el momento al que nos estemos refiriendo. Las mismas estuvieron tradicionalmente determinadas por la idea de un cuerpo-en-presencia (el aquí del cuerpo) y por un tiempo-presente (el tiempo del ahora). Sobre ese aquí y ahora se construyó un sistema de valores fundados en la autenticidad y en la existencia irrepetible y única de esta expresión artística.

Esta condición de irrepetibilidad estuvo sólidamente instalada en este campo disciplinar y fue tanto afirmada como puesta en crisis por diferentes estudios críticos. El pasaje a lo que podríamos llamar danza tecnomediatizada exige nuevamente la revisión crítica de las categorías operativas mencionadas.

Ante el posible advenimiento de una nueva era para este arte (en el que ya desde mediados del siglo XX ningún concepto es definitivo y estable) es necesario repensar cómo se traducen el aquí del cuerpo y el ahora de un tiempo presente a un vocabulario en el que los términos digitalización y virtualización son los dominantes y los responsables de que la tradición fundada en las categorías mencionadas desaparezca en la reproductibilidad y productibilidad digital al verse afectada no solo la esencia procesual y física de los modos de producción y recepción que le son propios a esta disciplina artística, sino también la dimensión perceptiva y experiencial del cuerpo danzante. El problema no estriba en que la danza actual habite dos mundos, el mundo del aquí y ahora y el mundo tecnológico, sino que lo que está en cuestión es la jerarquía entre esos mundos.

La posibilidad de que estemos frente a un nuevo paradigma en gestación no sólo anuncia la inauguración de nuevas formas expresivas sino también una nueva sensibilidad estética que, al modificarse la percepción sensorial, coloca a esta disciplina artística en un proceso dinámico de transformaciones en el que ya no se le puede asignar a este arte un tipo de corporalidad estable e inamovible. Las formas de producción actuales posiblemente se mezclen con las anteriores, los diversos cuerpos físicos y digitales puede que se sustituyan unos a otros, en una continua hibridación.

Dentro de esta perspectiva, lo urgente es analizar los cambios estructurales y conceptuales en proceso y examinar la posibilidad de relación entre el cuerpo físico-carnal y el cuerpo del mundo digital.

Así como no fue lo mismo crear una obra de danza después del impacto del happening y el performance art; esta práctica artística puede que no sea la misma después de atravesar esta crisis. De todos modos, no hay que perder de vista que, por el desconocimiento de cómo será una futura vuelta a la presencialidad, resulta un tanto apresurado aventurarnos a afirmar la forma que asumirá nuestra disciplina en un mundo post COVID, probablemente más digital y menos físico.

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