DamasDanza(s) Susana Pous, España/Cuba

Bailarina, coreógrafa, profesora, directora de MICOMPAÑÍA

Siempre he creído que el arte nace entre grietas. Entre las grietas de lo real y lo supuestamente perfecto. En esas pequeñas grietas donde está la imperfección, los agujeros, lo roto; ahí es donde nace el arte para mí. Es ahí donde puedo encontrar realmente el sentido a lo que hago como creadora, pero, igualmente a lo que hago como observadora, como ser humano, como madre y mujer.

En esas grietas es donde único puedo encontrar el sentido creativo, el camino del vivir. Por ello, esta difícil situación, la llegada de la pandemia y sus desconciertos, me ha afirmado que no estoy tan equivocada. Me gusta ir y ahondar en lo roto, en las fisuras, en el pequeño conflicto, en el pequeño gesto, en todo aquello que realmente hace que mi mirada se vuelva hacia esos rincones que están en la vida cotidiana y no siempre uno se detiene. Allí, desde esos pedacitos rotos de la realidad (quizás conjetura pretendida de la perfección, de lo bueno, lo que vale la pena, para algunos), me he detenido para confirmar que el arte que nace de la “pura” belleza o de la unidad de lo “perfecto”, es un arte irreal.

En este tiempo, muchas vendas se han caído, muchas personas se han dado cuenta, también, que la (su) realidad está más cerca de las grietas, de los conflictos, de los agujeros… Pudiera parecer una paradoja, pero tal vez me haya sentido más cómoda de las respuestas que orgánicamente se han generado en mí, de lo que yo esperaba de mí misma. He enfrentado estos tiempos a través de búsquedas infinitas de aquello que verdaderamente me emociona.

Infinito, coreografía de Susana Pous.

Este difícil tiempo, inicio de una nueva era donde se ha hecho más evidente que la danza está hecha para la carne, los sudores, el contacto de los cuerpos. No para el audiovisual. Ah, qué se puedan tender vínculos, complicidad, es real; pero solo si se tejen verdaderas relaciones. Este tiempo ha acentuado las diferencias entre los dos lenguajes, el de la danza y el audiovisual de danza. Pero en la danza que se investiga, se elabora y se hace para y desde los escenarios físicos, lo que trasmite y lo que ocurre en el vivo de sus cuerpos, eso es sublime e incomparable. Y aquella que se hace como producto audiovisual, el videodanza (no tengo nada en contra, de hecho, también lo hago), necesitará especificidades que están más allá de lo puramente tecnológico. Las redes están saturadas, he visto mucho; pero no por bailar, filmar, dirigir, editar, componer la música, etc., sustituirás la emoción que genera la presencia y el encuentro real del bailarín con sus públicos. He visto mucho y no siempre el propósito artístico ni siquiera ser un registro o una improvisación, se asumen con rigor.

Por ello, mi temor es que cada vez sea más importante el privilegio de los productos audiovisuales como “el” escenario de visibilidad y que la gente de la danza se aleje del “en vivo” y le parezca que por subir sus “obras” al ciberespacio se pueda sustituir la emoción. Insisto, ambos lenguajes son válidos, pero son dos universos diferentes.

Eso sería una gran pena. En general, pienso que Instagram, Facebook, WhatsApp y todas las plataformas virtuales posibles de estos tiempos, puedan utilizarse como soportes promocionales y de vinculación entre las personas, pero… las redes me agotan, no me hacen llegar las emociones del baile de la misma manera, me quedaré siempre con la alegría del ahora, del “en vivo”, aun cuando sean las grietas esas razones que subvierten la precariedad de la danza, de mi danza.

Fuente: Danzar.CU (boletín)

fotos tomadas del Perfil de Facebook de Susana Pous

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