DamasDanza(s) Natalia Tencer, Argentina

Intérprete, coreógrafa, improvisadora, docente. Guarda la experiencia de haber trabajado con importantes creadores internacionales de la escena contemporánea.

¿Qué experiencias y reflexiones te deja esta virtualidad (necesaria)?

Esta virtualidad pandémica me ha generado muchas sensaciones. He podido implicarme en varias experiencias virtuales en estos meses, talleres y laboratorios maravillosos he vivido y disfrutado. Uno sobre uso de la voz y la lectura como constructo, con Ciro Zorzoli; otro con Maruja Bustamante sobre dramaturgia “Exaltación de lo privado”. Disfruté mucho tomar clases por zoom con Lucas Condró y darme la libertad de recibir la clase acostada en mi cama y no poner la cámara hacia mí, así nadie me miraba y podía estar conmigo misma junto a la voz de Lucas
guiándome. Igualmente, disfruté la posibilidad de espiar y ver a los otros, ver sus casas y preguntarme en qué ciudad estará cada uno, cómo será la calle de su casa; ver sus espacios, lo que hay, lo que los rodea, lo que cada uno muestra ante la cámara, es provocador.

En cuanto a mi investigación, el atreverme a jugar con la cámara y filmar, es novedoso y atractivo. Poder acceder a la danza, a los bailes de otros en sus casas, en los espacios que eligen, ver la singularidad de cada uno, ver la mirada de quien está filmando, ver danzas de lugares lejanos, diversidad y compartir con el planeta entero; que te miren desde esos lugares impensados que quizás nunca iremos, algo “en relación” y en circulación de la información nos ha traído la pandemia.

Es inquietante hacer un vivo de Instagram, hice una charla con la gran artista-mujer-creadora-bailarina Soledad Pérez Tranmar, y es excitante estar ahí conversando por la pantalla con otro sabiendo que otros miran.
Y luego hay algo, vuelvo a la soledad y al solo de uno. He subido algunos vídeos bailando sola y debo decir que tiene su adrenalina leer los comentarios que la gente hace.
Pero, ya quiero y prefiero lo presencial, dar clases presenciales. Lo virtual tiene que ser sólo un pasaje, un momento, una manera entre otras.

Insisto, la virtualidad que apenas sea solo un pasaje, un momento extraño, extranjero, extravagante de esta realidad, de esta vida para que muy pronto, lo antes que se pueda, nos encontremos más solidarios y amorosos.
Hay algo importante que experimento en esta virtualidad, el escuchar mis audios producidos, archivados, donde la voz, los sonidos, al escucharme y verme a mí misma indefectiblemente, es algo que sucede en el trabajo en soledad. Escucharse, escuchar, lo que describe el audio de una autofilmación, es mirarse bailar y esa experiencia la tenía relegada.
Realmente la ejercité muchísimo para la composición del unipersonal SOBRENATURAL, pieza que bailé en la Bienal de Danza del Caribe, en 2010, hace muchos años ya en La Habana, Cuba (país que llevo en el alma y en el corazón). Recuerdo que fue en el escenario de una casa donde Vicente … (no recuerdo ahora el apellido), un maestro del teatro cubano que había conocido en sus entrenamientos a mis veinte años, durante aquel primer viaje a Cuba. Hace más de 25 años de aquella experiencia que, de la mano de mi adorada Delia Coto y Jorge Ferrera, que en esa casa ensayaban con el grupo de Teatro El Puente, pude vivir. Era una casa bellísima en una de las avenidas más conocidas de la Habana, no sé si se llamaba justamente La Casona de…

Es verdad. Siento fuerte y desgarradora la situación mundial que estamos viviendo. Sí, ciertamente (no)comprendo esta devastadora situación. Cómo no poder dialogar con amigos del alma, compartiendo sensaciones e ideas. Acaso, ¿siempre fue, es así, la vida, la historia, los países, la sociedad, la humanidad? Es devastadora la injusticia. Ahora, los buenos, los malos, los ricos, los pobres y la grieta, esta “bendita” grieta. No sé, ¿siempre estuvo? Lo vivimos en carne propia. Somos actores-actrices-vivientes de esta historia que quedará escrita en los libros, quizás. ¿Y entonces? Claro: ¡lo siento!
Mi vida ha girado por completo millones de grados. Todo es diferente. El trabajo no artístico, ese que me permitía vivir para hacer y desarrollar potente mi danza, el trabajo familiar en una casa consultorio que yo gerenciaba, cerró para siempre, no vuelve más.

Estoy viviendo en esa casa, ella me trae mucha paz en el medio de la inmensa Buenos Aires. Puedo ver plantitas y escuchar algunos pájaros.
Por suerte, aquí tengo un espacio que era de clases y charlas de psicólogos con pacientes. Y allí estoy, en mi soledad. En todos estos meses paso la mayor parte del tiempo sola y lo disfruto; allí hay un tenerme conmigo misma, ardua tarea. Inmenso trabajo de reconexión y reconfiguración y amor y aceptación que necesito revertir, activar, accionar. Hoy es así, ahora es así y hay cosas que necesitaba hacer para mí y conmigo misma. Ahora puedo hacerlas luchando ferozmente con mis lentitudes y accidentes y también: ¡gracias inmensas a la vida!
Y entonces aparecen estas hermosas invitaciones, como muchas otras en estos meses de estar sin ver tanto al otro, sin andar tanto fuera de casa. Y por suerte, y gracias a la vida, llegan invitaciones bellas para crear y seguir creando. Entonces, en la sala que hay en esta casa, que supo ser una casa de psicólogos y miles de pacientes circulando, en  esa sala bailo-me-filmó-escribo-escucho música-grabo- audiosensayo- creo…
Esta es parte de la danza (mi-danza) que me va dejando la pandemia. Antes de estas circunstancias venía con el deseo de hacer proyectos con muchos intérpretes, eso me fascina. Muchos cuerpos y mucha gente que adoro y hoy añoro.

Ante esta realidad de ser menos, tuve que frenar ese deseo de multitudes y eso me conectó con dos amigos actores-bailarines, dos amigos del alma con quienes profundicé en estos meses e hicimos un audiovisual experimental pudiendo recuperar el vínculo artístico que forjamos desde hace años. Con Cristian Jensen y Gulliver Markert, intentamos poner en valor el lenguaje y el vocabulario que veníamos construyendo a lo largo de muchos años de creación juntxs. Somos parte del grupo El Niño Viejo que hace algunos años hicimos nuestra última pieza Kastilo. Resulta que esta situación hizo que se moviera la idea (siempre latente) de reactivar el grupo; de algún modo, la situación pandémica estaría generando este renacimiento, el resurgir del grupo.
Entonces, si la danza que me estaría dando la pandemia como oportunidad es la profundización, este vínculo, lenguaje y vocabulario humorístico, grotesco que nos caracteriza, y el hecho de revivir la idea y necesidad de un grupo de creación de pertenencia, aprovechémosla.

Después de la Covid-19: ¿nueva era para la danza, el arte, la cultura?

No sé muy bien si pudiera decir algo sobre esto, si realmente habrá algo de “nuevo o nueva danza”. Si una nueva era llegara, desde el fondo de mí quisiera, que esto pase y quedé en el recuerdo. Luego, volvamos a las salas, a los teatros para encontrarnos y ensayar sin fieros cuidados. Quiero compartir el mate e invitar al público a abrazarnos después de la función y sentir la euforia del después y querer festejar con pizza, empanadas, vino y algunas yerbas.

Quizás al releer esta pregunta, como punto de partida pienso fuertemente que aquí en Buenos Aires y en toda la Argentina algo está sucediendo, un algo que modificará a la danza, al arte y a la cultura; y es una capacidad y voluntad de organización social de toda la comunidad para luchar por nuestros derechos y para sacar a la danza, al arte y a la cultura de su precarización laboral. Ahí sí hay realmente una fuerza y una contundencia de lucha y organización de toda la comunidad de la danza y de todas las artes, eso me emociona y motiva; entonces, en ese sentido hay una lucha que anunciará una nueva era.

Mientras escribo estas notas no dejo de sentir un deseo, ojalá se dé, pienso que sí podría ser una revolución humana para acorralar esta grieta: que las vacunas sean un bien de humanidad sin negociados, que los ricos a quienes no les alcanza la vida para usar todo el dinero que tienen, lo den; que se repartan las riquezas existentes en el planeta, que la humanidad pare con esto de diezmarse y agredirse a sí misma. Esto si trae la virtualidad, me trae la exacerbación de los deseos, la nostalgia, la conexión con gente del pasado, de otros lugares del planeta. La conexión con los recuerdos y las ganas de vivir.

Fuente: Danzar.Cu (Boletín)

Fotos tomadas del perfil de Facebook de la artista.

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