DamasDanza(s) Carolina Posada, Colombia

Investigadora, docente, gestora y organizadora de la Bienal de videoarte del BID, Ojo a la danza. Editora de la revista www.pasoalpaso.com (Alumna eterna de la Danza)

(Tele): Danzar(nos)

Cada día,
los reflejos de la pantalla se abren y cierran,
on-off,
movimientos continuos hacia la incertidumbre, hacia la esperanza,
hacia la solidaridad,
hacia la certeza de sabernos acompañados.
La distancia de la pantalla, única televentana,
confronta, impulsa, conecta y fatiga,
muestra que allí, del otro lado,
lxs bailarinxs continúan en movimiento para EXISTIR.

Atravesar este año en la virtualidad, se pivotea con el simulacro de Baudrillard. La pantalla total, es, ahora el refugio, la ventana de conexión, esa que prometía la sobre excitación de la imagen, en un estado de ilusiones y desvanecimientos. La velocidad de la desaparición es un vértigo rutinario en el cual el mosaico de recuadros en la pantalla, en secuencia, se van componiendo entre clases, visualizaciones, conversatorios, charlas, colectividades, escuchas, muestras, encuentros, reuniones…entre “cuerpos proteicos” a los que se intentaba escapar y, sin embargo, hemos corporeizado. El asombro y el goce estético que despiertan las danzas; se trastoca con esta danza en pantalla, danza teletransmitida, (tele)danza y en su (tele)paso, transferencia, transmisión, traducción ¿qué pasa?

El caleidoscopio de imágenes cambia en cada contacto con la pantalla. Unas como docente, otras como investigadora, como alumna, como amiga, como hermana, como colega, cómplice, público, escucha, bailarina, espectadora… y todas, en la misma posición, con las dicotomías de estar frente, en, detrás de la pantalla, por fuera de…con la misma pregunta:
¿Cómo, hoy, hacer de las danzas, una posibilidad de vida?

Estar en el marco de la pantalla, bailar en un metro cuadrado, exponerle la intimidad de la casa al mundo, nos ha llevado a adentrarnos en nuestros propios ritmos interiores. Conexiones más espirituales que espectaculares, han agitado a la danza hacia lugares del encuentro consigo mismo, hacia lo sanador, hacia lo comunitario, hacia las preguntas ontológicas y búsquedas quizás cercanas a las fantasmagorías de los pasos iniciales danzados por la humanidad. Acercarse de nuevo a un encuentro ritual en la danza, o hacer de las mínimas labores cotidianas, confinadas, una secuencia de acciones de agradecimientos que se componen en esa danza libre, sin derivas, sin intenciones estéticas, livianas por la ausente mirada de un público, en principio, ha sido uno de los afortunados “acontecimientos” para la danza en pandemia. Volver a escucharnos, a danzar(nos), re-visitarnos, una pausa para pensar-sentir-crear.

Hacía falta. La espectacularización, la homogenización, la hiperestetización en ciertas obras escénicas, agotadas, se ha renovado en la virtualidad.
En ese retornar del aura video, hacia la cueva de la pantalla, las preguntas han sido tocadas por los bordes del sacrificio, con su contrariedad en las ofrendas de ayer y hoy: antes para los dioses en beneficio de la comunidad; y ahora, nuestras renuncias son para encajar no solo en una pantalla sino en un sistema del outsourcing, de la institucionalidad, de las temáticas mainstream, para el agrado; dado que la pauperización de las danzas se repite, acentúa, años atrás, y desarropados de valor (en el caso colombiano, exprimidos por la economía naranja) los trabajadores de las danzas, como hemos gritado para encontrar un lugar en el eslabón de la “cadena”, junto con la cultura, durante esta pandemia, quedamos catalogados como necesidades “no esenciales”. Qué es de una sociedad: ¿Sin cultura? ¿Por qué deciden que no es esencial la cultura? ¿Cuál es su escala de valores? ¿Cómo es vivir, sentir y saberse humana, sin arte? ¿Qué nos queda de las danzas? ¿Del cuerpo y de sus cuerpos?
¡Qué abismo se ha abierto allí!

Espectáculo Así es Colombia.

En respuesta, la fuerza de la solidaridad ha danzado las angustias de la pandemia con sus coletazos restrictivos. El desmoronamiento de proyectos de la danza se ha contenido con la complicidad de lxs artistas. Mientras la (ex)cultura pasa a un margen por fuera de las necesidades “esenciales”, la unión ha sostenido a quienes (y muchísimos) lo han necesitado. La solidaridad entre el gremio de las danzas no ha dejado caer a tantos que, desvalidos de sus clases, de sus obras, de sus giras, encuentros, de la presencialidad que necesita la danza para existir; han encontrado un apoyo, una donación, una mano que se extiende en su ayuda. La fuerza solidaria ha crecido, y el tejido de las redes de las danzas se ha expandido para arropar a quienes vivimos por y para ella. ¡Sí es posible!

En Antioquia-Colombia, por ejemplo, por primera vez, se conformó la Asociación de Danza; las diferencias se han desvanecido, las distancias territoriales dejaron de ser una limitación para la “juntanza” y mancomunadamente se está procurando un lugar en las políticas públicas, y en la valoración del hacer como un trabajo digno, es decir, con remuneraciones justas; tratos en consecuencia de las necesidades de los bailarines: espacios adecuados para sus prácticas, promover las múltiples maneras en cómo se viven las danzas, por nombrar algunas de las necesidades para mejorar las condiciones laborales…

Estas movilizaciones, políticas, desde las danzas, continúan generando un eco, que como bien sabemos, se han extendido a lo largo del continente, desde México hasta Argentina las declaraciones de los trabajadores de la danza, su agremiación, se ha fortalecido. Con el contacto a través de la pantalla, sabernos parte de, ampliar nuestros territorios más allá de las fronteras geográficas, nos ha unido y generado un intercambio de saberes e ideologías que amplía la danza. En materia, la (tele)manifestación aúna esfuerzos a la vez que nos hace sabernos parte de una comunidad decidida para luchar por sus derechos.

El mosaico de la pantalla cambia, somos un código de unos y ceros, y la reciprocidad como docentes y alumnxs abre sus hipertextos a la manera de preguntas que aún estamos resolviendo, por ejemplo, la transmisión de datos, limita ¿la transmisión de conocimiento? En un comienzo ese silencio desde el otro lado de la pantalla; los múltiples recuadros que solo contienen una inicial; a veces convergían en un largo monólogo, sin resonancias, sin diálogos, transmisión sin real comunicación.

El movimiento del pensamiento y el flujo de ideas no atravesaban la caja negra, y se perdían en ese oscuro vacío. Un año después, esas barreras han caído, el (tele)diálogo cara a cara (virtual) entre alumnxs y docentes ha resuelto la nostalgia del salón de clase, ese lugar de sinergia con sus derivas y discusiones que surgen en el momento. Pese a las adaptaciones, surge siempre el hipertexto que destaca la complejidad de cuidarnos los cuerpos, de hacer las correcciones cuerpo a cuerpo ¿aparecerán lesiones de estas sucesivas repeticiones conducidas virtualmente? ¿cómo nos cambiarán los cuerpos? ¿cómo bailarán luego, estos cuerpos confinados?

Un esfuerzo de quienes componen este diálogo virtual, el cual ha sostenido la educación, por medio de creatividad, inventiva e imaginación, además de una rápida adaptación a las herramientas digitales y condiciones diferentes. ¡Sí es posible! Pero no puede ser permanente. La mixtura entre virtualidad y presencialidad, propone otras dinámicas en la educación, que bien podría moldearse para aprovechar lo mejor de cada extremo, adentro y fuera de la pantalla.

Y el hipertexto fijado en permanencia, que resalta las grietas de conectividad, de la posibilidad de acceder a los recursos, grietas que se hicieron incómodamente evidentes para la sociedad y el gobierno, abismos irremediables entre universidades públicas y privadas; entre colegios públicos y privados; entre instituciones educativas en la ciudad y zonas rurales; y que, para muchos, será un retroceso en la educación. Las voluntades de quienes han movilizado la educación en estos tiempos para que jóvenes y niñxs no caigan al vacío del desarraigo, son incesantes, sin embargo, del otro lado de la pantalla muchxs no pueden entrar a clase.

Entonces los ánimos caen, pero la resonancia de los cuerpos en movimiento, nos moviliza hacia una postura en la que daremos todo de nosotrxs. Estamos en-medio.
Miremos desde otro ángulo de la pantalla.
La oportunidad de expandirnos a través de esta ventana ha sido la ocasión para compartir, escuchar, conocer a diferentes bailarinxs, creadorxs, investigadorxs, en una conexión sincrónica o por las grabaciones alojadas en las redes sociales; lo cual nos ha extendido la noción de danza, de las danzas
que acontecen simultáneamente, de la energía cinética que nos une.

Creaciones en simultáneo, improvisaciones en línea con bailarines de diferentes lugares del planeta, si bien fue un difuso y silencioso experimento por varios colectivos durante los noventa; hoy es uno de los medios para la creación. Por otro lado, llegar a los salones de clase de prestigiosas academias y célebres teatros, ha sido un sueño hecho realidad para muchxs; como también bailar junto a quienes parecían lejanos e inalcanzables, maestros ejemplares, y la ventana virtual ha acercado. Es necesario que estas ventanas permanezcan abiertas, aunque sean a la manera de “miradas por un cerrojo”, y continúen propiciando la oportunidad de “estar” allí.

Por otra parte, la proliferación de eventos, conversatorios, encuentros, muestras y contenidos digitalizados de las danzas, lanzados a la web como un eco de auxilio y de existencia, lo cual puede leerse como sobreabundancia; agita también a movernos para preguntarnos sobre el público, sobre aspectos en la recepción, por entablar comunicaciones recíprocas, interactivas y en diálogo con quienes están del otro lado. La seducción del público ha sido posible, y se ha incrementado en el escenario espectral. Una composición entre la virtualidad y la fisicalidad contribuye a tocar, acercarse, dialogar con el público; para que el ecosistema de la cultura continúe en movimiento. Ahora, esperar a las puertas abiertas de los teatros físicos y quienes fueron espectadores por la pantalla, acudan allí al acontecimiento. La indagación de estas metodologías híbridas en la creación e investigación, transforman y proponen nuevos formatos y espacios para las danzas en medio de lo digital y lo presencial; un fascinante momento para transformaciones, análisis y proposiciones.

En ese sentido, la multidimensionalidad del encuentro entre la danza y el video ha vuelto la mirada hacia la videodanza, híbrido en crecimiento exponencial, proliferación que a la vez la sacude y cuestiona ¿qué es videodanza? La (tele)danza actual, posibilidad virtual de las danzas, formula rutas de transmisión, de transferencia, de conversión, hacia otras maneras de pensar y crear videodanza, incorporadas en el arte y no solo en función comunicativa. Los cuerpos danzantes que se expandían en el tiempo y espacio; cuando confluían por primera vez el video y la danza, hoy son los avatares que transitan de “sala” en sala. Sus múltiples in(corporalidades) se preguntan por las danzas, por “esta nueva era”, y en ese flujo de intercambios se cruzan posibilidades o ¿condiciones? La traducción de las danzas en lo digital, compuesta entre los recuadros del zoom con sus acercamientos de fragmentaciones de los cuerpos o amplios planos de lejanas corporalidades ¿migrará hacia unas danzas por fuera de lo digital, del cuerpo y de la danza misma? ¿Cómo es la recepción del público, que mientras “aprecia” la danza en la pantalla, a la vez cocina su almuerzo? ¿Esas relaciones kinéticas serán reducidas a un contacto del click?

Ahora, se renderizan términos como nanodanza, entonces será que las danzas en su urgencia por “adquirir” un valor, una posición digna, atravesará la economía física hacia la virtual y ¿venderemos gifs de danza como NFTs? ¿Cómo comienza a llamarse a los minúsculos fragmentos de unas danzas encajonadas en el video?

Al terminar el día, la vista agotada por la pantalla se adentra en este cuerpo físico que ya no se sabe en sus límites carnales. Visión de las danzas de los tiempos inexistentes entre avatares. Baudrillard visionó esta descorporización en la pantalla. Estamos en ella. Los interrogantes son impulsos para la investigación-creación.

Hoy, esos lindes entre rito y arte; profesional y amateur; academia y autoeducación, se cuestionan, se desvanecen, pues aquí, inmersos en esta pantalla, el espacio virtual es abierto, compartido, sincrónico, cuántico; los cuerpos avatares trascienden sus límites físicos; y el tiempo que parece no transcurrir de manera lineal sino multidimensional; proponen una nueva ontología polisémica de las danzas. Es la oportunidad para transformar, abrir, expandirse, explorar, experimentar.

Mientras tanto, desde este lado de la pantalla, se añoran los abrazos; bailar al contacto del otro; reírnos y secarnos las lágrimas; sentir la potencia de un grupo que baila junto; las conversaciones sin derivas y sin márgenes; la sinergia de las clases en la presencialidad; caminar juntos cogidos de la mano; no temerle a los cuerpos, ni mirarlos como si fueran superficies de contagio, no temer su roce, gozar la sonrisa debajo del tapabocas…mientras tanto, desde este lado de la pantalla, pivoteo entre regresar a la “normalidad” o mejor, encontrar un “medio” de ambos presentes.

-¿Aló? ¿me escuchan? ¿Sí se ve bien? Necesito ese abrazo, necesito danzar(nos).

Prefiero pensar en danzas, múltiples, variadas, atemporales, a sabiendas que tal amplitud también es restrictiva.

Fotos tomadas de Internet

Fuente: Danzar.CU (boletín)

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