“Cuerpo y/en Movimiento”, nombremos las cosas

Por Noel Bonilla-Chongo
“El cuerpo, es hoy, en la danza, el problema”
Susana Tambutti
Hace solo unos días, con el artículo “Movimentalidad, nombrar las cosas”, iniciábamos en esta sección una serie de contribuciones que, en lo sucesivo, pretenden ir dejando en letra clara, en publicaciones periódicas, parte de los modos nombrantes de nuestras concepciones, teorías y modos en los que transcurre la investigación dentro de la Facultad Arte Danzario de la Universidad de las Artes. Volver una y otra vez sobre significativas historias y ejemplares momentos vividos que testimonian principales rutas andadas en estos cincuenta años ISA 2026, certifica cuán amplio es el conocimiento fundado en nuestros predios al interior de las prácticas artísticas o a partir de ellas.
Entonces, sigo escarbando en los documentos y memorias acumuladas en trabajos de cursos, tesinas, tesis de pre y posgrado, en resúmenes de investigaciones, en los requeridos documentos (actas, informes de oponencia y tutoría, relatorías, etc.) que demandan horas de estudio, análisis y detención escritural (incluso bajo férreos modelos estandarizados), y sin dudas, hemos generado un atento pensamiento, apto para introducir resultados en la praxis concreta del arte danzario, así como en protocolos estratégicos institucionales y “normativos” de indudable valía ejecutiva y actualidad informativa.
Así, me encuentro con la operatoria desplegada por la asesora y maître de danza Lilliam Chacón en la investigación que la condujera a la obtención del grado de Doctora en Ciencias sobre Arte y donde, la también decana de la Facultad Arte Danzario, situaba como objetivo general el hecho de fundamentar desde una mirada semio-estética las principales dimensiones para el análisis dancístico desde el movimiento del cuerpo. Para ello Chacón se centraría en tres piezas producidas en la danza contemporánea cubana del siglo XXI (Malson y Showroom, coreografías de Susana Pous con DanzAbierta e Intimidad, obra que fijara una fracción del legado de Alfredo Velázquez a nuestra danza.
La tesis de la doctora Chacón, se titulaba “Cuerpo y/en movimiento. Análisis dancístico desde una mirada semioestética a tres piezas de la danza contemporánea cubana”, y fue acompañada en la tutoría por la esteta y doctora en Ciencias Filosóficas Mayra Sánchez Medina, quien fuera vicerrectora de la Universidad de las Artes y una acompañante permanente de varias iniciativas de sostén a la creación y análisis dancístico profesional desde los saberes de la academia. En 2018, año de realización de la defensa pública del ejercicio, recuerdo que tanto el doctor Mario Masvidal como yo, en lectura oponencial de la memoria escrita, anotábamos el valor y osadía de la investigación para introducir enfoques y métodos de estudio propio de la semiótica, la estética, la teoría labaniana junto con otros enfoques y disciplinas, para asumir el estudio del cuerpo en movimiento dentro de la danza contemporánea, de manera vehicular y propositiva.
De 2008 a 2018 una década, moldura transitoria que le sirviera a Lilliam para establecer un mapeo temporal más o menos aproximativo; tiempo donde la danza contemporánea cubana venía mostrando un número importante de estrenos y reposiciones. Desde Danza Contemporánea de Cuba, nuestra madre nutricia de la modernidad danzaria a varios proyectos creativos que en distintas zonas del país sustentaban sus quehaceres en propuestas de cualidades y calidades distintas, pero igualmente atrayentes al ojo visor de la crítica, al análisis y sistematizaciones conceptuales que se generaban, por igual, en el terreno del ejercicio crítico y en la atención académica sobre metodologías particulares de trabajo. Estimo que, más allá de la selección hecha por la investigadora, de las posibles características peculiares que hayan guiado su elección de las tres obras antes mencionadas, de manera general, la investigación hace dialogar aun sin ser expreso, otras piezas producidas en Cuba con la propuesta de análisis que ella sustenta para acercarse a la creación coreográfica. Y esto es un valor teórico y práctico distintivo.
Asimismo, estudios teóricos desarrollados por otros especialistas del mundo de la danza en campos colindantes, constituyeron insumos en los modos nombrantes de Lilliam Chacón y su aporte en el ámbito específico del análisis dancístico y sus metodologías particulares a partir de la relación danza corporalidad. La propuesta de ella, en lo específico, se adentra en las implicaciones del movimiento del cuerpo en el análisis de la danza contemporánea. Entonces, seguiría un esquema estructural donde, primeramente, sistematiza los fundamentos teóricos principales acerca de la danza, el cuerpo, el espacio, el tiempo, los significados y la representación, incluyendo un análisis crítico a las metodologías disponibles para el análisis dancístico. Aquí, asume en asimilación o en contraste lo aportado por Rudolf Laban, por Merce Cunningham, por Ramiro Guerra o por la doctora Bárbara Balbuena, entre otros, en lo que sería una especie de plataforma crítica para el análisis.
Chacón, más adentro del objetivo de sus tesis, argumenta las relaciones existentes entre lo sintáctico corporal, lo semántico-corporal y lo pragmático-operativo, como dimensiones para el análisis dancístico centrado en el movimiento del cuerpo, desde una mirada semioestética como alternativa metodológica para su aplicación en la práctica analítica. “Cuerpo y/en Movimiento”, nombremos las cosas. Y con ello esas franjas productoras de un pensamiento actualizado es sistemático y productivo intercambio con la escena, el teatro, el espectáculo y la danza cubana. Tema hoy muy importante, más allá de las varias indagaciones anteriores que han tratado la relación “danza y cuerpo” desde diferentes enfoques (imposible prescindir una y otra vez de los ya clásicos Laban Movement Analysis, Terpsichore in Sneakers, estudio fundacional de Sally Bannes, La mente es un músculo, de Ivonne Rainer o, más reciente, Être ensemble, figures de la communauté en danse depuis le XX siècle, compilación del Centro Nacional de la Danse, en París); fértiles son las coordenadas donde la perspectiva investigativa de Chacón Benavides ha encontrado un escarbo viable, sobre todo, como registro revisado, situacional, ilustrador de las tantas maneras y experiencializaciones donde el cuerpo se torna vector construmático para develar las nociones escriturales del arte coreográfico responsable.
Abordar “lo corporal” no como instrumento, sino como dispositivo actuante, amplificador de preocupaciones verídicas y tangibles situadas más allá de la danza como remanso de cuerpos ideales, es de vertebrar importancia en la identificación de las tres dimensiones operativas para accionar en análisis dancístico. Destacado es en esta modulación nombrante, cómo la investigación desarrollada por Chacón, aun echando mano a otros saberes, no pierde el centro, no abandona el eje, es la danza su objeto de estudio. Solo que no una danza mirada desde un único y anticuado cuerpo prismático.
El análisis del movimiento del cuerpo en la danza no puede ser ajeno para quien procure producir pensamiento orgánico, sistematizado o muy puntual en o sobre cualquier práctica creativa, coreográfica. Lilliam logra fundamentarlo en su acercamiento a solo tres piezas que, aun siendo modélicas, son sencillamente puntos de partidas en futuros abordajes. Comprender la creación de obras como un proceso donde se dialoga desde el discurso coreográfico con el modo en que la sintaxis del cuerpo en movimiento, a través de sus medios expresivos (tiempo, espacio, flujo…) configuran una concepción, un estatus poético y funcionalidad en sí, de la estrategia discursiva seguida por quien hace coreografía, es tener en cuenta nuestra responsabilidad con la obra y su impacto sobre el lector-espectador; aun cuando, “el cuerpo, es hoy, en la danza, el problema”.
En portada: Yilliam de Bala coming soom. Coreografía de Sandra Ramy para Persona Colectivo.
Foto © Buby Bode