Criaturas de isla

Por Roger Fariñas Montano

«La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una criatura distinta»[1]. Me resulta notable que Ulises Rodríguez Febles utilice como exergo a su obra Criatura de isla este fragmento del poema homónimo de Dulce María Loynaz (La Habana, 1902-1997), una de las principales figuras de la lírica cubana y universal. El ímpetu de las palabras de la poetisa sirve al autor matancero para elevar sus propias cuestiones y trazar las coordenadas fundamentales de su poética escritural más reciente, presentidos especialmente en los cuatro textos que aparecen en su antología dramática Criaturas de isla, que nos presenta como novedad Ediciones Alarcos. Antología a la que le fue conferido, recientemente, el Premio de la Crítica Orlando García Lorenzo, de la Uneac en Matanzas.

El escenario de Criaturas de isla se traza, como sugiere el título, en la atroz epopeya de «sobrevivir» en una isla, en la Isla. Entrecomillo «sobrevivir» para aludir una de las máximas expresiones del existencialismo: «vivir es sufrir; sobrevivir es hallarle el sentido al sufrimiento». La expresión atraviesa de manera sugestiva la multiplicidad temática y los laberintos d las obras que componen el volumen: Saxo, Campo minado, Ciudadanía y la antes mencionada Criatura de isla. Son cuatro historias que se funden en un mismo caos, entre las engañosas tinieblas que nublan los juicios de las criaturas insulares y la dimensión ética y cívica con que afrontan sus realidades.

Enfocar estos textos en su conjunto ofrece una mirada panorámica y cuestionadora, y la suficiente certeza de sentirnos testigos de situaciones y sucesos tácitos de la memoria pasada y presente de Cuba, mediante argumentos osados, sin medias tintas ni denuedo por atenuar las tribulaciones y sensaciones de crueldad que les son inherentes. Por muy absurdos que estos escenarios nos parezcan al mirarlos desde la distancia o la aparente pasividad de estas páginas exquisitamente escritas por Rodríguez Febles, implican relatos que nos invitan a jugar a través de la ficción con el delirio y nuestras propias alegorías íntimas, llevándonos a percibir un sinfín de auténticos links con nuestras realidades. A fin de cuentas, lo verdaderamente común aquí, es que todos somos criaturas de isla con la esperanza de subsistir, por muy improbable que esto parezca, cada uno con sus propios porqués de supervivencia.

La suma de obscenas circunstancias a las que han debido sobreponerse las criaturas que habitan estas cuatro islas-textos, vislumbran el dramatismo del día a día en la Cuba actual. Todos los que vivimos en una isla, en la Isla, tenemos alguna historia digna de ser narrada, aunque, a veces, dichas tragedias individuales acostumbremos a trivializarlas abiertamente mediante la jocosidad y ese rico humor criollo que nos define. Aquello que Piñera llamaba, la sistemática ruptura de lo trágico por lo cómico. Las carencias económicas y los sucesivos desmanes políticos, y otra vez las desestructuraciones familiares —médula espinal durante mucho tiempo del teatro cubano—, la segregación social, el éxodo como vía de realización y la utopía estorineana[2] de que «en el hombre siempre algo es transformable», conforman las temáticas esenciales que esta saga de Ulises Rodríguez Febles aborda encarnizadamente.

Si de algo me convence la lectura de estas cuatro historias —enlazadas en un mismo cuerpo textual, con una dramaturgia no solo hilvanada temáticamente sino llena de intertextualidades que las vinculan—, es de que el teatro no es un espejo para reflejar la realidad, parafraseando a Bertolt Brecht, sino un martillo para darle forma. Desde hace mucho tiempo Ulises Rodríguez Febles nos concede este oxígeno en medio de una dramaturgia nacional un tanto asfixiada y de una calidad ínfima —sin ser absolutista—, carente de escrituras comprometidas, de ideas, de pensamiento. Coincido con el Premio Nacional de Teatro 2020, Rubén Darío Salazar, quien en su prólogo-entrevista para esta edición de Alarcos, afirma que su coterráneo concibe «una estela de piezas dramatúrgicas, cuya marca de agua son los temas que van de la tensión social a la fantástica alegoría»[3]. En efecto, esta es una dramaturgia con una esencia única e impecable, que, en la multiplicidad de recursos realistas y espectrales, moviéndose fluidamente entre las aguas tradicionales o aristotélicas y la experimentación y la hibridez narrativa: lamina las realidades que intenta (re)interpretar y trae a la luz contenidos filosóficos que nos permiten percibir y polemizar determinados fenómenos sociales y humanísticos a través de la mayor excelencia escritural, intelectual y emocional posible. Todo esto sin perder, y lo subrayo, la teatralidad.

Cuando concluí la lectura de Criaturas de isla, pensé, instintivamente, en el breve y magistral cuento El drama del desencantado de Gabriel García Márquez, donde el protagonista harto de la vida se arroja desde un décimo piso y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas del edificio la intimidad de sus vecinos, «las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad». En Criaturas de isla cada obra es una ventana abierta en la que como fisgones nos asomamos y escudriñamos sus intimidades, sus soledades, sus frustraciones y la impotencia ante sus trágicas existencias. La diferencia aquí, en relación con el cuento, aún cuando estos se sientan todo el tiempo con la angustia de esperar la muerte sin haber vivido dignamente y con la permanente sensación de estar cayendo al vacío; es que las desafortunadas criaturas creadas por Rodríguez Febles no terminan suicidándose —al menos no de manera literal.

Un saxofonista que sobrevive a tres ciclones —Gustav, Ike y Paloma— que en menos de dos meses azotaron a la Isla, en Saxo; dos individuos, uno vestido de camuflaje y de unos cincuenta años y una joven estomatóloga de unos treinta años, se lanzan a la travesía de intentar cruzar las zonas minadas de la frontera con la Base Naval de Guantánamo —en busca del camino que «es la muerte o la salvación»[4] de sus familias—, en Campo minado; dos hermanos se ven envueltos, entre delirios y fantasmagorías, en una extenuante vorágine de trámites legales, búsquedas, dilemas familiares e incertidumbres en Ciudadanía; y, por último, en Criatura de isla, con el esclarecedor subtítulo de «Alucinación dramática en un acto para cuatro actores y una criatura de isla con una obertura y tres lamentos», advertimos personajes camaleónicos que pueden desdoblarse en varios más e indagar en la memoria de la Isla desde la elegía y la metáfora, desde la colisión de sus emociones con la de sus palabras y los efectos inmediatos que provocan en el otro.

Todos estos relatos y personajes convergen aquí, con el coraje y el desenfadado para desnudarse y exponer sus pasiones y desapegos, como constante de la escritura de Rodríguez Febles. Aun cuando su obra dramática más reciente establece una disolución formal, encauzada en lo fantástico —especifico en su teatro, pues en su producción narrativa ya lo advertimos—, su indagación en la realidad, en las motivaciones humanas y la visitación a la historia y sus precariedades siguen siendo su materia esencial. Dramaturgo con una madurez alcanzada, considerado entre los más notables autores cubanos, el creador de El concierto, Huevos, Carnicería y Yo soy el rey del mambo, entre otras, se muestra renuente a anquilosarse o inscribirse a fórmulas ensayadas, motivo por el cual siempre peregrina en busca de nuevas líneas discursivas en una evidente intención de descomponer su propia obra y erigirla perdurable.

El propio autor habla de su escritura como espacio de libertad en el prólogo-entrevista a la edición referida, y cito in extenso:

La libertad del acto de escribir, procreando sobre una hoja en blanco (no importa que sea virtual, pues sigue siendo una hoja en blanco, un escenario para llenar de voces y pensamientos) espacios en los que se produce la catarsis personal, la liberación de una serie de necesidades viscerales, impotencias no resueltas, ideas sedimentadas de vivencias propias o de otros, que nacen a veces de una imagen, una frase, una tesis personal sobre la existencia humana, la sociedad, la filosofía de la época que me ha tocado vivir y que intento compartir con otros, propiciar que confluya con la de los seres que leen o experimentan el placer de la representación, que es para quienes, en definitiva, se concibe la escritura del teatro[5].

La prueba más fehaciente de ello se hace visible cuando examinamos en su conjunto a Saxo, Campo minado, Ciudadanía y Criatura de isla, obras inteligentemente reunidas en este volumen, del cual aplaudo, además de los aciertos ya mencionados, la minuciosa edición de la siempre admirada Josefa (Fefi) Quintana Montiel y el diseño de cubierta de Marietta Fernández Martín.

Criaturas de isla acaba de nacer en formato de libro y, sin ser profeta, le auguro un largo recorrido porque los textos que lo componen no envejecerán. Cambiarán la gente-personajes y los contextos, más la humanidad prorrogará, como lo ha hecho siempre, sus ansias de destrucción e imprudencias de todo tipo. Continuarán los éxodos, las fronteras, las luchas por el poder, la envidia, la discriminación, la conservación material y espiritual del hombre, etc.: y ahí estarán estos cuatro textos de incuestionable potencial de representación teatral. Ulises Rodríguez Febles insiste en discutir de manera profunda y con rotunda consistencia dramática —capaz de conmover al espectador o al posible lector— sobre estos grandes temas de nuestra cotidianeidad, sin llegar a sentenciar ni otorgar definiciones aleccionadoras. En el cuerpo, la voz y el rostro inexactos e inacabados de las criaturas de isla que el autor crea, están las claves de trascendencia de sus tesis existenciales y no en sus certezas.

En Portada: Libro Criaturas de isla de Ulises Roríguez Febles

Referencias:

[1] Dulce María Loynaz: Poemas sin nombre, Ed. Aguilar. Madrid. 1953.

[2] Me refiero al dramaturgo cubano Abelardo Estorino.

[3] Rubén Darío Salazar: «No debemos ser una isla dentro de otra. Cinco preguntas a Ulises Rodríguez Febles», prólogo-entrevista de la edición de Criaturas de isla de Rodríguez Febles, publicado por Ediciones Alarcos, La Habana, 2020.

[4] Ulises Rodríguez Febles: Criaturas de isla, ed. cit., p. 65.

[5] Rubén Darío Salazar: «No debemos ser una isla dentro de otra. Cinco preguntas a Ulises Rodríguez Febles», ed. cit., p. 8.