Compañía Flamenca Ecos: incesante trabajo escénico

Por Roberto Pérez León

El flamenco es un fuego que se empeña en morir para renacer
Jean Cocteau

La Compañía Flamenca Ecos sobresale entre las agrupaciones danzarias que cultuvan las raíces españolas entre nosotros. Si tenemos en cuenta que la identidad y la diferencia son procesos desde donde ha evolucionado el advenimiento de nuestra subjetividad como pueblo, este colectivo presenta una parte de la imagen de lo que somos.

Bernarda ¡No! se ha estrenado en el Teatro Martí y es una contundente creación dramatúrgica de La Casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca.
Bernarda ¡No! cuenta, nos cuenta, nos enfrenta deconstruyendo la Bernarda de Lorca desde este siglo XXI donde aún la mujer es objeto de ella misma y del poder hegemónico del hombre. Esta Bernarda tiene su nicho en lo que el poeta intuyó y declaró y que aún no era una preocupación notable en la sociedad de entonces.

Bernarda ¡No! hace una lectura de La Casa de Bernarda Alba desde su significado de “segundo orden”, el que está debajo de la superficie. Cada una de las hijas de la Bernarda son signos y símbolos que denotan un constructo cultural de una época que se extiende hasta hoy.

El laberinto de la problemática de género precisa de razonamientos que sobrepasen las palabras de culto del mundo académico, de enfoques no solo filosóficos sino también artísticos para crear apetitos y entusiasmos por el mejoramiento humano no desde aporías sino desde nuevos saberes.

Bernarda ¡No! es una escritura escénica precisa en su hilvanado de imágenes tramadas entre los distintos sistemas significantes (música, palabras, objetos, luces, proyecciones, voces, vestuario). La visualidad y la sonoridad del montaje tiene las calidades sensoriales suficientes y necesarias para llegar a la puesta desde una “comprensión energética” a lo artoaudiano.

La dramaturgia de los cuerpos en movimiento, entrecruzándose con la que corresponde a cada uno de los sistemas significantes, se hace múltiple, sistémica, nada lineal ni plural.

La narratividad es un baluarte en esta puesta. No hay prejuicio ante este recurso pese a la concepción coreográfica posmoderna donde la fragmentación evita que la cadena de significantes sostenga un mensaje inequívoco.

Quiero llamar la atención en cuanto al libreto sonoro pues me resulta débil el ensamblaje de la voz que más que enunciar lee los textos; y, entonces siento que el collage se desarticula, la narratividad pierde armonía visual y sonora, melódica y rítmicamente se pierde placidez.

Sin embargo, Bernarda ¡No! tiene un dinamismo estético global. La interrelación de los distintos sistemas significantes se despliega en escena sin excesos ni relevantes carencias. No existen los frenesíes posmodernos que tanto cansan en la discursividad dancística al tratar de empujarnos hacia un éxtasis estético vacío y sin pulsión ideológica.

En esta Bernarda no hay energías blandas. El ensamblaje de la obra es heterogéneo en su acople de música, imagen y movimiento. Desde el escenario sucede una mezcla de sensaciones regidas por la expresión gestual que interviene en los sentidos físicos y las sensaciones interiores diferentes.

Bernarda ¡No! produce asociaciones sinestésicas favorecedoras de una percepción ideo-estética de calidades armónicas.

El trabajo escénico que concibe Ana Rosas Meneses como directora y coreógrafa resulta en un paisaje de espléndida creación sensorial donde la poética tiene su desempeño en la corporalidad estético-sensible.

Coreográficamente Bernarda ¡No! logra una teatralidad de los cuerpos que sustancia lo que los griegos entendían como estética, que no era más que la vibración colectiva, la emocionalidad que se produce en el convivio donde se diluye la emoción individual y surge el coro de lo emocional. Y creo que esto se debe a cómo la coreógrafa asume el flamenco.

Carezco de competencias para observar acertadamente el flamenco. Pero sospecho que la celebración, el barroquismo pasional que es en cuanto a movimiento y música, el tornado de performatividad queda patentizado en el contrato estético de la coreográfica en esta obra que no decae en la expresión de estados anímicos como aires y espíritus que acompañan la música o los silencios. Es hermosa la flexibilidad melódica de lo gestual sin llegar a un ornamentismo vacío o ilustrativo. Claro que hay adornos, braceos, punteos, serpenteos pero como ritual performativo de la melancolía, la angustia, el abandono, lo hermético, el amparo.

Y es que cada danzante sabe que sus arabescos técnicos son vigilados por una dramaturgia donde Ana Meneses acopla fusiones, artificios y sumatorias de sonidos y movimientos para renovar un texto que en el teatro es paradigmático desde su escritura en 1936.

Bernarda ¡No! tiene el aliento del flamenco, está plasmada desde el flamenco y no existe sino en la medida en que es bailada con la dinamicidad coral requerida: melodía gestual, rítmica, lírica.

La expresión flamenca es un trance musical que en este montaje tiene el condicionante de un texto literario dramático de esmerada tensión y contención escénica.

Las danzantes no son representaciones de cuerpos, son cuerpos marcados por la espacialidad y la temporalidad contemporánea, son cuerpos portadores de la intensidad socio cultural que los ha modelado.

La cadena de preceptos del flamenco está matizada por la pluralidad de dinámicas inherentes a las corporeidades, las corporalidades, las corpo-oralidades que nos corresponden.

Suenan los gestos, danzan los sonidos. Se produce una metafórica senestesia desde el agenciamiento de la condición corporal del cubano que sostiene sin cesar a la partitura coreográfica.

Las efervescencias gestuales tienen las calidades festivas, oníricas, pasionales, reflexivas e imaginativas del flamenco y sus honduras capilarizadas con lo más contemporáneo de la danza.

La Compañía Flamenca Ecos es la expresión de una identidad legible a partir de su fijeza en el pedestal ontológico del flamenco. Y es que el flamenco precisa de una realidad corporal. El flamenco tiene una dramaturgia autónoma como todo suceso socio-cultural pero sucede que en esa dramaturgia debe latir un intertexto sustentado por el movimiento en su particularidad etnológica.

El etnomovimiento constituyente de la diversidad cultural, de la diversidad humana, de los distintos grupos socioculturales en el flamenco tiene su ajiaco: judíos, castellanos, musulmanes, moriscos, gitanos.

Bernarda ¡No! tiene la libertad creativa, lo relacional, la diferencia, el mestizaje y la interculturalidad desde el Caribe isleño que luce aflamencado por los encantos del logos coreográfico, encantos misteriosos e inefables. Ciertamente eso es tener duende.

El duende es una fortaleza indomable, una presencia traviesa que hace posible lo imposible, lo cierto porque es increíble. No podía ser otro sino Lorca quien nos diera una de las definiciones más cabales sobre lo que es el misterio de la inspiración.

¿Qué es el Duende? ¿Dónde encontrarlo? Dice Federico que para encontrar al duende no hay mapa ni ejercicio. El duende sucede y si no sobreviene, no queda otro remedio que conformase y esperarlo pacientemente. Pero si llega, cuando llega, y sabemos reconocerlo, entonces sucede el milagro de la inspiración y la creación donde no hay causas sino iluminaciones.

Bernarda ¡No! tiene duende.

Fotos: Buby Bode

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