Club Fotográfico de Cuba, elemento importante para el desarrollo de la memoria gráfica del ballet en la isla (Segunda parte)

Por Isachi Durruthy Peñalver

Al relatar la historia de la fotografía de ballet en no podríamos pasar por alto el papel desempeñado por una institución cultural de notable trascendencia: el Club Fotográfico de Cuba.[1] Fundado el 5 de julio de 1935 por iniciativa del ingeniero Alberto Broch en torno a este centro se aglutinaron gran cantidad de figuras con aspiraciones de marcada tendencia formalista y un gran sentido de la composición. Jóvenes artistas, profesionales de otros sectores, en su mayoría aficionados, que incursionaron también en el universo de la danza. La fundación del Club favoreció de manera notable la gestación de un espacio representativo para el aprendizaje y el reconocimiento nacional y extranjero de nuestros fotógrafos. Suceso que viabilizó la determinación y prestancia de criterios valorativos y críticos de muchos de sus miembros en la prensa plana de la época. Importantísimos periódicos como Información contaban, en la tercera sección del suplemento dominical, con un espacio semanal fijo en el que se le enseñaba al público técnicas y procedimientos claves para tomar imágenes. Otros rotativos como el Diario de la Marina poseían una columna fija dirigida por Alberto Coya, uno de los más activos “Miembros de Mérito del Club”. Unido a ello, la preeminencia del Órgano Oficial del Club Fotográfico de Cuba, como espacio determinante para la disquisición de sus interesantes propuestas y autocríticas fue decisiva para la promoción y legitimación de muchas figuras.

La labor de este espacio como testificante del panorama escénico habanero ha quedado un tanto eclipsada por la preeminencia de otros fotógrafos de la época e incluso por el carácter autodidacta del trabajo en la esfera danzaria. Muchos de sus integrantes como Emilio Contreras, Tito Álvarez, Rogelio Moré, Juan Carlos Faivre y otros, se inclinaron por la fotografía de ballet legando importantes piezas como reflejo de su gran creatividad. Las recurrentes visitas al Auditórium Amadeo Roldán y al Teatro Nacional, en los que se presentaba regularmente la compañía de ballet Alicia Alonso, propició la captación, sin ningún propósito monetario, de disímiles momentos de sus presentaciones.

Autor: Emilio Contreras. Club Fotográfico de Cuba. Ballet.

Algunos miembros como Moré y Tito fueron los primeros en dejar referencias de fotografía de ballet tomadas desde el público, pues hasta ese momento los más renombrados, Armand y Narcy, trabajaban en sus respectivos estudios. Otros como Contreras, miembro distinguido de la Photographic Society of America y representante de esta institución en Cuba, obtuvo mención de honor con su foto de escenario denominada “Ballet”.

Sin embargo, la figura más prominente fue sin dudas Ángel de Moya, quien como presidente en 1945, 1946 y posteriormente en 1951, desarrolló una intensa labor que lo hizo merecedor de importantes reconocimientos. En 1946 la Royal Photographic of London  le concedió el diploma de asociado y dos años más tarde se agenció el título de asociado de la Sociedad Fotográfica de América (PSA). Sus fotografías de ballet tomadas en escenario, se distancian intencional y pronunciadamente de este. Moya semeja la presencia de un espectador más, colocándose lejos de las tablas y asumiendo las funciones como cuadros de ineludible impronta romántica y pictoralista. Ya fuese por su concepción un tanto idílica de la realidad o por sus atmósferas neblinosas, afloran aquí un modo distintivo de asumir lo que acontecía en escena.

Su fotografía Tapiz Vienés, tomada durante una presentación de Las Sílfides realizada por la Sociedad Pro Arte Musical en el Teatro Auditórium Amadeo Roldán es un claro ejemplo. Utilizando solamente la luz de escenario el fotógrafo consiguió, al igual que en muchas de sus piezas, un efecto de cuadro o pintura rematado por el empleo del procedimiento de Negativo de Papel. La exquisita combinación entre composición, perspectiva, motivo y técnica catapultaron esta obra. Con más de 45 reconocimientos a nivel internacional, Tapiz Vienés, constituye una de las piezas más prominentes de la fotografía de ballet década del 50.

Las Sílfides. Teatro Auditorium. Foto Ángel de Moya.

Esta pasión de los integrantes del Club Fotográfico de Cuba, mantenida en el anonimato durante mucho tiempo, fue rescatada después de 1959 cuando muchos comenzaron a vincularse a instituciones desde las que retomaron este gusto inicial.

El interés de la naciente Revolución por construir un proyecto social renovador favoreció la fundación y apertura de importantes centros culturales. Los sesenta propiciaron la eclosión de una nueva visualidad para las artes escénicas cubanas, no solo de profunda raigambre social sino también, y fundamentalmente, artística. Ese giro renovador desató una especial sensibilidad ante la participación colectiva. Se reorganizó el Ballet de Cuba con el nombre Ballet Nacional de Cuba (BNC), y con ello, se generó un importante movimiento danzario en todo el país.

El despertar de la danza forjó el nacimiento de la escuela cubana de ballet con su órgano de difusión, archivo e historiador personal, lo cual supuso un amplio camino por recorrer para nuestros fotógrafos. Existía un conjunto al cual representar, trayectoria de jóvenes y consagradas figuras que dar a conocer. Diversas instituciones como el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC), la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la prensa de manera general, se hicieron eco de ello.

Ballet Avanzada. Presentación del BNC en el Bon fronterizo de Guantánamo, 1964. Foto Osvaldo Salas.

La década del sesenta fue un período importante para el ballet cubano, muchos artistas renombrados de las artes plásticas se vincularon estrechamente a ellas. Algunos como Carlos Enríquez, René Portocarrero, Luís Martínez Pedro y Sandu Darie, con sus invenciones plástico-cinéticas, participaron como diseñadores en los ballets Antes del Alba de Alberto Alonso, Salomé de Jorge Lefebre, Akamanyere de Gladis González y Dionaea de Gustavo Herrera, respectivamente. La preeminencia de la documentación social estrechamente vinculada al periodismo requirió la participación activa de grandes figuras de la épica revolucionaria como Alberto Díaz (Korda) y Osvaldo Salas.

La diversidad de lenguajes reveló la coexistencia de una atmósfera pletórica de matices. Las acciones creativas e interpretativas interactuaban con la situación del momento, revelando así las coordenadas estilísticas de la nueva fotografía. Un abanico de propuestas de resultante interactiva, asumidas también como canales catalizadores de las necesidades expresivas de nuestros artistas del lente. La otrora preeminencia del retrato y las imágenes de estudio fueron desechadas por un ferviente interés por recoger todo lo que acontecía en la escena, la Escuela, tras bambalinas, el proceso creativo palpable. Un documentalismo de nuevo tipo, la dinámica de lo cotidiano privilegiada con la utilización de la luz de ambiente, legado por el suizo Luc Chessex, determinó un sentido de espontaneidad que matizó algunas de las mejores obras del momento.

Imagen de la serie Estudiantes de Ballet II, 1959. Foto Ernesto Fernández.

La fundación del Consejo Nacional de Cultura en 1961, con su departamento de fotografía, aglutinó a creadores como Luis Castañeda, Julio Caballero, Tito Álvarez, Antonio López, Ramón Gonzáles y Mario Díaz. La obra de Juan José Vidal Hernández desde el Ministerio de Cultura, Francisco (Paco) Bou en el ICAIC o Ernesto Fernández en la revista Cuba y el periódico Revolución constituyen también notables referentes del período. A partir de esta estrecha colaboración cultural muchos de fotógrafos se vincularon a otras instituciones que comenzaban a emerger con gran fuerza como el entonces Conjunto Nacional de Danza Moderna, hoy Danza Contemporánea de Cuba, en el caso de Vidal Hernández, y el Conjunto Experimental de Alberto Alonso, en el caso de Ernesto Fernández.

Osvaldo Salas, otro de los imprescindibles en la historia de la fotografía épica revolucionaria, participó como documentalista en el VIII Festival de Ballet de La Habana. Asimismo creadores como Falcón, Beverly Gallegos, Antonio López, Félix Reyes, Juan Cañas y Mario Díaz, estuvieron también presentes en filmaciones auspiciadas por el Ballet Nacional de Cuba.

En portada:  Imagen de la serie Estudiantes de Ballet realizada por Ernesto Fernández en 1959.

 

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[1] Ubicado en O´Reilly y Compostela No. 366, La Habana, el Club se mantuvo vigente hasta 1962.

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