Berta, una mujer camaleónica

En el espacio teatral Aldaba, Pancho García, Premio Nacional de Teatro, contó su experiencia como actor bajo la dirección de la maestra Berta Martínez.

 Berta Martínez fue primero para mí un referente cuando en 1962 comencé en el teatro. Pude verla en la Lala Fundora de Contigo Pan y Cebolla, en la Muda de Madre Coraje, en la Condesa de El Perro del Hortelano de Lope de Vega o en la Señora de La Ronda, entre otras.

En la primera, una mujer inconforme, que luchaba a brazo partido por una vida digna. En la segunda, una tímida adolescente; en la tercera, una exquisita condesa. Ella se transformaba en cada personaje. Era admirable. Era una mujer nerviosa, de baja estatura chapoleteando por el escenario. Era una tímida muchacha, temerosa, abrazada a sí misma en un rincón de la carreta. En otra una mujer alta, esbelta, dueña de sí, que baja unas escaleras como por el aire.

En 1971 cuando entré en Teatro Estudio y el director Joaquín Domínguez me dio a protagonizar el Caballero de Olmedo de Lope de Vega cuya puesta había tenido mucho éxito años antes, me sentí muy inseguro. Acababa de entrar en lo que en ese entonces era la meca del teatro en Cuba. Berta se percató de mi situación y apenas sin conocerme se solidarizó conmigo y me brindó su apoyo. Fue mi maestra cuando un año después emprende el montaje de La Casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca y concibe unas sombras negras que custodiaban siempre el personaje de Bernarda.

Yo me brindé para hacer una de esas sombras y estar dentro del proceso. Me entusiasmó ver como ella dirigía a las actrices. Como le entregaba resortes y maneras para que pudieran expresar y liberar su talento y además, con la maestría e imaginación que estructuraba la puesta. A partir de 1975 comenzó a entregarme   personajes   con más responsabilidad, el primero fue el Don Martín, protagónico masculino de su maravillosa puesta de Don Gil de las Calzas Verdes de Tirso de Molina.

Puesta en escena de Don Gil de las Calzas Verdes bajo la dirección de Berta Martínez

En 1979, en la puesta de Bodas de Sangre de Federico García Lorca, me responsabilizó con el novio, un muchacho de 22 años agobiado por el miedo de su madre a perderlo y en ese momento yo tenía 37 años. En su primera puesta de Macbeth de William Shakespeare me entregó el Macdoff, pero esa puesta tuvo una sola representación. Luego cuando hizo una versión más corta de esa misma puesta me dio el Macbeth.

Posteriormente cuando dirigió La Aprendiz de Bruja, única obra de teatro escrita por Alejo Carpentier, me entregó el personaje de Hernán Cortés. En esas puestas me dio una responsabilidad para la cual yo tal vez aún no estaba preparado, pero ella, me ilustraba, me provocaba, me retaba, aunque siempre yo sentí latente su confianza en mí. Por ejemplo; cuando un actor o actriz no podía llegar a determinado estado acostumbraba a hablarles al oído mientras les pasaba suavemente la mano por la espalda o por el pecho. De pronto, ellas o ellos, se desinhibían y lograban la emoción esperada.  Conmigo no hacía eso. A mí me decía “qué va Pancho no puedes hacerlo, no tienes c… déjalo”. Eso producía en mí algo inexplicable y entonces llegaba al resultado que ella quería.

Puesta en escena de Aprendiz de Bruja dirigida por Berta Martínez

Pero de todas sus puestas, la que alcanzó un éxito rotundo dentro y fuera de Cuba fue Bodas de Sangre. Su estreno fue acogido con entusiasmo no solo por el público sino también por la crítica. La puesta fue invitada a cinco festivales internacionales: El Festival Internacional de Teatro de Venezuela, Festival Internacional de Teatro de Colombia, Bitef en Yugoslavia, Fitei en Portugal y Sitges en Barcelona, España. En todos, la puesta fue aclamada, pero por un problema de espacio mencionaré solo lo sucedido en tres de ellos.

En el de Yugoslavia, además de la función del Festival, grabaron la puesta y programaron una gira por todo el país. En Portugal cuando terminaba la función, el público nos colmaba de flores rojas, símbolo de su revolución, que nos lanzaban desde el lunetario. En Sitges el ayuntamiento tuvo que autorizar para que el público se sentara donde pudiese y cuando culminó la función nos aplaudieron durante quince minutos. En Madrid solo hicimos una función el primer día, los restantes tuvimos que hacer funciones dobles, y el público cuando terminaba la obra – mientras nosotros estábamos estáticos manteniendo la última imagen de la puesta-  nos gritaba  ¡ Viva Cuba ¡ Viva Lorca! ¡Abajo la muerte!

Gloria Eterna a nuestra gran Berta Martínez.

Pancho García. Premio Nacional de Teatro 2012.

Fotos cortesía del recientemente fallecido Premio Nacional de Teatro 2012 Pancho García

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