Apuntes para una cartografía de los zancos en Cuba. Experiencias vitales

Por María Victoria Guerra Ballester y Liset Prego

A través del genuino espíritu callejero que contienen los rumores, se ha esparcido por casi todo el ámbito hispanohablante que cada 27 de julio se celebra el Día Internacional de Caminar en Zancos.
A pesar de que no tiene aún el carácter “oficial” de otras fechas, diversos artistas deciden celebrar el día como excusa para conocerse y colaborar entre ellos, especialmente impulsados por la Red Internacional de Zanqueros, donde artistas de Colombia, México, Perú, Ecuador, Brasil, Argentina, República Dominicana, Estados Unidos, España, Guatemala y Cuba confluyen.

La fecha, aunque no se extiende como celebración frecuente a todo el orbe, es un buen momento, no obstante, para socializar en cuanto a la presencia de los zancos en contextos diversos de la realidad y la historia cubana.
Ello es un punto de partida esencial para dibujar la presencia, en el espacio escénico nacional, del zanco y sus cultores, lo cual pasa, necesariamente, por reconocer que los usos de este artilugio son plurales.

Una historia necesaria
El acercamiento a investigaciones importantes que fundamentalmente se enmarcan en el periodo colonial cubano, así como a testimonios de teatristas que constituyen actores ineludibles en el sostenimiento de dicha práctica, durante la segunda mitad del siglo XX y hasta la actualidad, permitirá trazar una primera cartografía sobre los usos de los zancos en la isla.

De esta manera, será posible revelar su empleo, tanto en las fiestas, costumbres y ritos, como en el ámbito de las labores del cultivo del tabaco y especialmente en el teatro callejero, donde cobra esencial importancia en buena parte de las producciones artísticas más relevantes.

Dicha cartografía inicia con la ubicación de tres investigadores que constituyen una base primordial para comprender, vislumbrar datos y análizar sobre el tema. El primero de ellos es el gran antropólogo cubano Fernando Ortiz, con su estudio, publicado en 1920, titulado La fiesta afrocubana del Día de Reyes, donde analiza el origen de dicha celebración a través de diversas crónicas y relatos que, a pesar de estar permeados por la visión colonial y racista de la época, nos permite hacernos una idea del alcance y la importancia que tenía esta festividad y que se establece como un indicio primigenio de que efectivamente existieron zanqueros en ellas.

Otro investigador, el único que hasta ahora se ha aproximado a estudiar este tema en particular, es el teatrólogo Roberto Salas San Juan, quien toma como punto de partida el estudio de Ortiz, así como otros análisis sobre celebraciones, costumbres y festividades cubanas. De Salas podemos consultar sus textos Los zancos en el Día de Reyes, y Zancos de una punta a otra del planeta, allí expone otros valiosos testimonios que también corroboran la presencia de zanqueros, constatados en dos grabados realizados por sendos autores extranjeros, residentes durante el siglo XIX en Cuba.

El primero es una litografía del pintor y grabador francés Pierre Toussaint Frédéric Mialhe (Bordeaux, Francia, 1810-París, 1881) hecha entre 1847 y 1848 y el segundo, es una xilografía, hecha hacia 1869, que lleva la firma del artista vasco Víctor Patricio de Landaluze (Bilbao, 1830- Guanabacoa, 1889). Ambas imágenes tienen como motivo central una escena de la celebración del Día de Reyes en La Habana como parte de una herencia cultural proveniente de Europa asimilada y resemantizada por los habitantes de la isla descendientes u originarios de las regiones de África, que son representados en las obras plásticas antes referidas.

Tomada del artículo de Miriam Escudero El Día de Reyes de Federico Miahle: La importancia del grabado para el estudio de la iconografía musical cubana decimonónica.

En esas imágenes, surgidas a partir del desarrollo en Cuba durante el siglo XIX de la imprenta y el grabado, es evidente que sobresale, encima de los hombros del resto de las figuras, uno de sus personajes típicos, un Diablito, y aunque en la imagen de Mialhe no alcanza a distinguirse un par de zancos con exactitud, su presencia en la composición de la imagen, acompañada por lo documentos literarios de la época, donde se destaca a una figura similar, más el grabado de Landaluze donde sí se aprecia con exactitud, contribuye a plantear la hipótesis de que sí hubo zanqueros durante el siglo XIX en Cuba.

Tomada de los Estudios Fernando Ortiz. Cortesía Roberto Salas

Uno de esos textos que Salas extrae de los estudios de Ortiz, es un poema publicado, según el antropólogo, en el periódico El Faro Industrial de La Habana, donde se describe todo lo que ocurría durante la celebración:

Se ve en los zancos elevado
el diablillo engalanado
cual un feo mascarón
Para él la calle es poco
se agita se vuelve loco,
bramando como un león
márchanse luego y repiten
sus bailes, si los permiten,
de una u otra reja al pie.
Y de tan loca alegría
a cualquier hora del día
el mismo cuadro se ve.

Un estudio reciente de la musicóloga cubana Miriam Escudero permite profundizar en la investigación sobre este tema con su texto El Día de Reyes de Federico Mialhe: la importancia del grabado para el estudio de la iconografía musical cubana decimonónica.

Escudero, analiza el grabado de Mialhe con el fin de asociar en él la presencia de instrumentos que formaron parte de las principales prácticas musicales durante el siglo XIX en La Habana. Su tratamiento historiográfico sobre la imagen, así como su referencia a uno de los más importantes estudiosos de la obra del artista francés, Emilio Cueto, convierten su estudio en una importante referencia para nosotros y para la pesquisa sobre la presencia y usos de los zancos en Cuba pues facilita la contextualización de la imagen.

Fuera de este periodo histórico un dato importante lo aporta también Salas en su investigación, al revelar otro tipo de uso de los zancos en Cuba, diferente al relacionado con ritos y festividades. Salas testimonia el empleo de los zancos para el cultivo de tabaco cubano específicamente en las labores de tapado, para proteger las hojas de la exposición directa al sol.

Salas realizó un trabajo de investigación de campo en las vegas del famoso tabaquero Alejandro Robaina, en Pinar del Río, donde se aprecia el uso de zancos para este fin; el fotógrafo Fabián Martínez capturó las imágenes mostradas. A la visita acompañó a Salas el zanquero, músico y actor Bernardo J. Pitaluga, quien además probó dichos tipos de zancos en el terreno.

Tabaquero en el proceso de tapado del tabaco. Foto: Fabián Martínez. Cortesía de Roberto Salas

Teatro desde la altura

Como parte de este intento por aproximarnos al universo de los zancos y su empleo en Cuba indagamos en la experiencia de algunos artistas de la escena nacional que en la segunda mitad del siglo XX y en el XXI han empleado este recurso como parte de su poética.

Destaca en el panorama teatral cubano Juan José González Fife, director de Teatro Andante, radicado en la provincia de Granma, quien, ante la pregunta de cómo aprendió a montar zancos, declaró:

Cayendo, volviendo a levantarme una y otra vez hasta lograrlo, sin manuales, sin maestros inventando en cada caída causas y defectos del artefacto que iba naciendo del ejercicio práctico, así fueron perfeccionándose diseño y técnica. una vez más, el método de práctica y error. Así desde una motivación intensa generada por la necesidad de dinamizar nuestra estética callejera fuimos creando entrenamientos, ejercicios y una práctica coherente con nuestro modo de asumir el teatro callejero.

Teatro Andante en sus inicios. Cortesía de Juan José González (Fife)

Sobre los inicios Salas también comenta:

Aprendí junto a otros actores a montar zancos en la época en que trabajábamos con Vicente Revuelta, en el proyecto Chispa, del espacio que hoy ocupa La Casona de Línea, ahí hicimos nuestros primeros entrenamientos, entre los años 1997 y 1999. En esa época varios proyectos se unieron para participar en un festival que organizaba Saylí en la Casa de Cultura del Cerro, donde todos los que participamos teníamos un vínculo con los zancos. Tiempo después, de ese grupo surge Gigantería Habana. Luego de fundados, realizamos varios tipos de intervenciones en zancos con formatos diferentes, lo mismo como obras de teatro, pasacalles o intervenciones performáticas más esporádicas, y no solo exploramos esas formas teatrales, también sobre distintos tipos de superficie. En los inicios éramos bastantes autodidactas en el aprendizaje y el diálogo con la ciudad.

Por su parte Saylí Sánchez, bailarina y actriz, quien por varios años sostuviera la labor de realizar entrenamientos y talleres para la formación de actores zanqueros en Gigantería, cuenta sobre su aprendizaje:

Aprendí a montar en zancos cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Teatro, conocida como la ENIT. Allí recibí dos semestres de teatro callejero y me gradué como instructora y profesora de teatro, en el año 1996. Antes, desde niña, había estudiado ballet y nivel elemental de danza, por tanto ya tenía muy incorporadas ambas disciplinas. Al terminar los estudios fui a realizar mi servicio social en la Casa de Cultura del municipio Cerro y allí fundé un grupo de teatro que se llamó Tropazancos. Esa fue mi primera experiencia como zanquera, profesora y directora. Los ensayos eran en el parque de la calle Tulipán, frente a una comunidad con fama de marginalidad pero que acogió el proyecto y el montaje de las obras de manera muy hermosa. El impacto comunitario que tuvo la obra me hizo ver lo mucho que se podía lograr al subir el teatro a los zancos, me marcó como actriz, como directora y como artista que trabaja para una comunidad.

Cortesía de Saylí Sánchez

En el Teatro Mirón Cubano, de Matanzas, agrupación que mantiene un valiosísimo trabajo como núcleo gestor de los teatristas callejeros cubanos, Francisco Fernández, Pancho, su director artístico, relata:

Aprendí a montar zancos hace exactamente como 25 o 30 años, por la necesidad que teníamos en el Mirón de buscar nuevas formas de hacer teatro de calle. Aprendimos prácticamente de forma autodidacta. No tuvimos ningún professor. Fue caminando, divirtiéndonos y jugando entre nosotros. Primero en los espectáculos que hacíamos se destacaba la habilidad del zanquero, en eso se basaba la obra, lo mismo corríamos, que nos tirabámos por tubos, nos caíamos, nos levantábamos, el zanco era el centro del espectáculo.

Sobre los primeros proyectos que estos creadores elevaron sobre los zancos, Pancho recuerda que:

En un primer momento utilizábamos los zancos en los pasacalles, eso era muy divertido porque al estar más alto podías jugar con el público, ellos se asutaban, corrías a perseguirlos, otros se alegraban, y se colaban entre los zancos, hacían fila para saludarte; era una forma de participar con ellos muy rica que al menos en Matanzas, no se había disfrutado y que además la pudimos llevar a muchos lugeres de Cuba y al extranjero. Todo es nos dio una nueva perspectiva del trabajo de grupo.
Con el espectáculo Juan Candela, el personaje adquirió una dimensión donde la habilidad de montar zancos no era lo más importante sino su caracterización a través de la técnica, lograr su objetivo que era impresionar por ser bien gigante, donde hubo público que huyó de verlo aparecer y donde incluso el personaje caía encima del público y este lo sostenía y lo levantaba.

Tomada del Perfil de facebook del grupo El Mirón Cubano

Para Fife el inicio fue así:

Antes de ver un zanco en 1990, habíamos encontrado en la práctica callejera otras maneras de magnificar al actor en la puesta, según las demandas estéticas, comunicativas, imaginativas y formales que necesitaba la dramaturgia espectacular del teatro de calle.

Ya en 1990 regreso de la Escuela Latinoamericana de Teatro Machurrucutu, y me empeño en aplicar a nuestros procesos la técnica del zanco. Así surge nuestra primera obra y nuestro primer personaje, Tareco, interpretado por el hoy humorista Víctor Rojas (el Primo de Guisa). Luego aplicamos las técnicas del zanco a otras puestas como: Mañana, Laberinto de Sombras, entre muchas a lo largo de 30 años de trabajo sistemático.

Teatro Andante en una de sus puestas. Cortesía de Juan José Gonzalez (Fife)

Para Saylí estas resultaron las más memorables experiencias:

Por el año 1998, en la Casa de Cultura, también tuve la oportunidad de crear un festival que se llamó Zancajeando donde invité a varios colectivos que practicaban los zancos en esos momentos como Krudas Cubensi, Somos la Tierra y actores de la Casona de Línea entre los que estaba Roberto Salas, que luego sería director de Gigantería, durante el festival hacíamos actividades en los parques y en algunas escuelas del Cerro. De ese gran grupo que se unió para el festival saldría luego Gigantería, ya en el año 2000.

Y fue en Gigantería donde tuve la oportunidad de mezclar el teatro, la danza y los zancos. Como el grupo también funcionaba como una escuela, a todo el que llegaba nuevo se le enseñaba zancos, labor que poco a poco fue recayendo en mí; tras los años de práctica y de ver a otros grupos de zanqueros actuar también en festivales y obras, me di cuenta que lo importante en los talleres era enseñar dónde y cómo surge físicamente el impulso para manejar los zancos.

Veía mucha gente que aprendía a caminar y ya, para decirlo de una manera muy cubana, lucían “de palo”, y yo no quería eso en mis alumnos, quería que lograran la mayor libertad expresiva posible como zanqueros y como actores, por eso lo que carateriza a mi enseñanza es el trabajo con la cadera y la pélvis porque ahí está el motor, el timón, digamos, del zanquero. Como profesora me gusta lograr que el actor zanquero fluya y sienta que puede realizar todo lo que se proponga.

Taller Técnica de zancos para actores impartido por Saylí Sánchez en Holguín, noviembre del 2020. Foto: Alejandro Vázquez

Otra experiencia muy importante para mí fue el espectáculo callejero Abducción Tranquila que Gigantería estrenó en el 2018 bajo la dirección de la dramaturga y actriz Suana Gil Padrón. En la obra representé al personaje de La Muerte en zancos y eso representó un reto porque no quería que se asociara a la maldad, o algo diabólico, o macabro sino todo lo contario, me propuse interpretar un ángel salvador que más bien acampaña a la protagonista de la obra, una anciana, en el tránsito hacia su “más allá de la muerte”, a desapegarse de su vida terrenal. Y fue en el momento final de la obra donde más trabajé porque sentía que todavía faltaba algo, y para eso concebí una coreografía que desde el zanco trasmitiera esa despedida final. Me atreví otra vez a danzar en zancos, luego de algunos años de no hacerlo con tanta exigencia física.

Abducción Tranquila, La Habana Vieja 2017. Foto: Ernesto C. Izquierdo Hernández

Para estos artistas y agrupaciones los zancos no son solo un recurso, o una herramienta, sino que trascienden hasta convertirse en una actitud vital. Piezas y momentos que se han tatuado en sus experiencias y memorias. Pero la práctica de estos en cada uno de sus proyectos ¿puede distinguirse, singularizarse en estilo o técnicas?

En Andante, según Fife, ha evolucionado desde un primitivismo casi absoluto, hasta pasar por varias etapas formales, utilitarias, conceptuales y estéticas.

Para Andante los zancos fueron en principio un esnovismo, algo motivador y sorprendente que era a la vez impulso y reto. Está etapa nos conduce a un largo periodo de investigación, búsquedas, entrenamientos y práctica coherente con esos hallazgos, ir desde el asombro hasta el razonamiento de una lógica con otros nutrientes y reconocer al zanco como una extensión del cuerpo que permite abordar nuevos límites al trabajo del actor, no solo en las calles, sino también en el teatro, la danza, la animación titiritera y el universo infinito que está técnica nos ofrece.

Teatro Andante. Cortesía Fife

Dentro de las ventajas que ofrece el zanco descubrimos una nueva manera de poner el imaginario creador, tanto de los personajes como las puestas mismas, en función de la construcción de los signos y el código de la obra, establecer niveles, desde lo formal, para destacar estatus de relación con los niveles de la realidad, dinamizar el diseño escénico y composicional, magnificar la acción, y sobre todo propiciar una ruptura de la cotidianidad que resulte atractiva y significante.

Teatro Andante. Cortesía Fife

En cuanto a Mirón Cubano, Fernández plantea

Hay dos formas fundamentales con las trabajamos los zancos. En un primer momento lo usamos como habilidades, para jugar con el público y para hacer diferentes evoluciones como correr, saltar, bailar la suiza, donde lo más importante fue la interrelación que nos permitió lograr con él, lo que nos caracterizó y llenó toda una primera etapa de trabajo. Después, fuimos convirtiéndo los zancos en personajes, el volumen sobredimensionado permitía que el personaje fuera visto desde cualquier parte y que la relación entre actor y público fuera diferente. Un ejemplo de ello es Juan Candela, personaje que contaba historias, que era misterioso, que atraía a la gente y que además de los zancos tenía un sombrero de más de un metro de altura, con una capa lo que lo sobredimensionaba aún más y con el público creaba una empatía particular.

Tomada del perfil de facebook del grupo El Mirón Cubano

Para Salas, este vínculo con los zancos pasa además por el sentido de pertenencia hacia una tradición que los antecede

Los zancos nos brindaron la posibilidad de sentirnos parte de una historia que no inició con nosotros, sino con nuestros antepasados, Gigantería ha seguido trabajando por más de veinte años, donde siglos atrás, estuvieron aquellos que participaron del proceso de conformación de la cultura cubana. Investigar esas tradiciones, sus personajes y traerlos de una nueva manera en nuestras obras nos hizo sentir, no solo mejores artistas, sino también parte de una comunidad que trabaja por preservar el patrimonio.

Pasacalle por el 20 aniversario de Gigantería. Foto: Elio Miranda

La interacción, las reacciones del público, la percepción que tienen del zanquero, siguen siendo descritas por nuestros entrevistados como de hipnosis, atracción, a veces temor. Así Saylí lo describe:

Luego de casi veinte años como actriz y zanquera de teatro callejero, puedo decir que el público en general adora al zanquero, le fascina su magia y su apariencia de gigante que anda por la ciudad. Quedan como hipnotizados antes esa presencia.

Un artista experimentado como Francisco Fernández refiere:

La relación con el público siempre es muy interesante porque el espectador al ver a una persona más grande que él, moviéndose con cierta habilidad uno siente que les trasmite miedo pero a la vez atracción y se acercan. Yo he tenido experiencias muy hermosas con los niños que se acercaban y siempre sienten la necesidad de tocarte y a veces hasta te rodeaban y entonces tenía miedo de caerme de los zancos. Es una relación que a la vez que puede provocarte cierto miedo, te atrae también como el imán. Una experiencia que muestra esto nos ocurrió en un festival de teatro en Colombia donde fuimos con el espectáculo Llegaron los Zancudos, pero los zancudos allí son los mosquitos y eso provocó que cuando llegamos en zancos la gente nos tuvo miedo, y nos asoció con el insecto pero ya después comenzaron a jugar con nosotros de forma maravillosa. Y lo mismo nos ocurría cuando ibamos a poblados, bateyes o centrales donde no estaban acostumbrados al teatro y al verte en una dimensión tan grande pues les cautivaba. Que ocurra eso es algo muy hermoso.

En muchos de estos aspectos coincide Fife que atestigua:

Para el público el zanquero representa algo novedoso y sorprendente en su abordaje de los espacios cotidianos, en ellos tiene siempre una atención expectante, pues el juego de equilibrio y riesgo ejercen una atracción psicológica en el individuo que le hace dejar en segundo plano cualquier actividad para mantener la atención en la propuesta escénica, cuánto más virtuosa y arriesgada más eficiente.

Tales afirmaciones apuntan a la valía en la escena cubana de los zancos y su aporte al teatro callejero, desde la acrobacia o la habilidad para manejar el dispositivo, pero también por las connotaciones simbólicas y estéticas que aporta al actor a la concepción del personaje y de la puesta en escena.

Todo ello indica que no sean pocos quienes propugnen la necesidad de incluir en los currículos de los actores una materia relacionada con la técnica del manejo de zancos y la conformación de un personaje con él.

Francisco Fernández es muy transparente en su criterio al respecto:

La formación que tengo es de actor y por eso creo que todo los actores deberían aprender a montar zancos, es muy interesante sentir la sensación de ser más grande de lo que uno es, y variar el centro de gravedad, sentir ese cambio es útil para apropiarse de esa técnica y utilizarla cuando sea necesario. Para el que hace teatro de calle es indispensable, nosotros cuando empezamos ha hacer teatro de calle no lo conocíamos, lo habíamos visto pero no lo empelabamos pero cuando lo empezamos a utilizar nuestro teatro creció en cómo llegar a la gente, en buscar nuevos caminos. Antes usábamos unos palaos y así manipulábamos los muñecos pero cuando nos subimos arriba de los zancos empezamos a formar parte de ese personaje.

Tomada del perfil de Facebook del grupo El Mirón Cubano

Saylí, por su parte, en su condición dual de actriz y bailarina afirma:

Considero el zanco y el teatro de calle como una materia necesaria para los actores. Al igual que un bailarín debe aprender diferentes tipos de danzas ya sean populares o no, porque lo obliga a descubrir distintas formas de colocar la tensión del cuerpo, es igual entonces para el actor, este debería pasar por la experiencia del teatro callejero y de la actuación en zancos, sería sin dudas un artista más completo.

Fife precisa:

En mi práctica, aún en los trabajos más ortodoxos veo la necesidad de una formación integradora del actor. La etapa en que vivimos ha visto cómo se funden las disciplinas del arte y de qué manera se reconectan y recontextualizan. Para ello resulta imprescindible una formación integral donde las viejas técnicas y las nuevas tendencias forman parte de los discursos contemporáneos. Visto desde este prisma resulta necesario que esta práctica forme parte de la formación curricular y no dejarlo a la opción porque estar preparados es la mejor opción.

Las experiencias diversas de estos representantes del quehacer zanquero en Cuba son botón de muestra de una práctica extendida cuya importancia para la escena se entiende mejor si se toma en cuenta la opinión de una de sus representantes, justamente Saylí:

En una época marcada por la influencia de la tecnología en las relaciones humanas, donde todo está a la proximidad de un clic y donde nos puede ser más dificil vincularnos con el teatro, y movernos hacia las salas; el teatro callejero con el uso de los zancos, bien pensado y con un propósito artistíco definido, puede lograr hacer un llamado de atención y abrir una posibilidad de conectarnos de una manera distinta, permite acercarnos unos a otros.

Foto de Portada: Elio Miranda. Cortesía de Gigantería

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