Aportes de los estudios universitarios a la escuela cubana de ballet

M. Sc. Marisela Giselle Verdú García[1]

Desde los tiempos fundacionales de la Nación hasta nuestros días, el arte de la Danza  constituye una de las expresiones culturales de mayor predominio en el gusto estético del pueblo cubano. Sobre la base de su legado histórico y de la acumulación de sus saberes, la Danza forma parte del patrimonio de la Cultura nacional[2].

Partiendo de las sólidas raíces de nuestra tradición danzaria, tanto en el plano artístico como en el pedagógico, es que se establecen las bases para fundar la red de escuelas de Danza creadas por la Revolución, cuyos fundamentos se remontan a los tiempos de la escuela de ballet de Pro Arte Musical (1931) y, aun más, a la Academia Alicia Alonso (1950).

Luego del triunfo de la Revolución se sistematiza nacionalmente la enseñanza del ballet en Cuba. En 1961 se crea la Escuela Provincial de Ballet de La Habana Alejo Carpentier (L y 19) —hoy dedicada a los estudios de danza—, y un año más tarde, en 1962, lo haría la Escuela Nacional de Arte, y con ella, su especialidad de Ballet. De manera paulatina se fueron estableciedo centros docentes en diferentes provincias del país.

Para el año 1966 se reorganiza la enseñanza del ballet en Cuba. Se diseña la red de centros encargados de la enseñanza artística, quedando la Escuela Nacional de Arte como centro rector, y el resto de los centros docentes se fortalecen para impartir los primeros años del aprendizaje (lo que conocemos por Nivel Elemental).

Paralelamente a la formación de bailarines, fue necesario establecer planes de formación de Nivel Medio para profesores, con el objetivo de satisfacer la creciente demanda en lo que se refiere al personal docente, capacitado para impartir las asignaturas Ballet, Danzas de Carácter y Danzas Históricas en este nivel de la Enseñanza Artística.

Durante 25 años se perfeccionó la preparación artístico-técnica y pedagógica de los profesores, a través de cursos complementarios, seminarios, encuentros metodológicos (muchos llevados a cabo en países pertenecientes a la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS); preparación que desempeñó un importante papel en la superación de los docentes, pero que tenía un carácter de estudios de Nivel Medio.

Varios factores propiciaron emprender, sobre bases muy sólidas, la continuidad en el desarrollo de la enseñanza del ballet en el Nivel Superior. En primer lugar, la trayectoria de la enseñanza institucionalizada del ballet, el reconocimiento mundial alcanzado por varios de los egresados de la ya consolidada escuela cubana de ballet, unido al perfeccionamiento constante de la enseñanza en nuestro país, y a la acertada estrategia pedagógica y artística trazada por el ballet cubano.

Claudia García en Don Quijote, Ballet Nacional de Cuba. Foto Buby Bode.

Con la primera reforma de la enseñanza del arte, en 1974, se establecen oficialmente los diferentes niveles de enseñanza, sus objetivos generales y por niveles, la red y los tipos de centro. La enseñanza quedó estructurada en tres niveles: Elemental (con una duracion de cinco años de estudio), Medio (tres años de estudio) y Superior (con una duración de cinco años).

Mas, los estudios universitarios sobre Danza en Cuba no abrirían sus puertas hasta el año 1987, y en este 2021 cumplen su trigésimocuarto aniversario[3].

El Instituto Superior de Arte (ISA), al ser creado en 1976, abrió paso a los estudios universitarios de las artes en la República de Cuba, como resultado del desarrollo del sistema de enseñanza artística que había ido forjando la nación. Aunque el proyecto inicial del Instituto incluía una carrera de Coreografía, dificultades coyunturales hicieron que los estudios superiores sobre Danza no abrieran sus puertas hasta el año 1987.

En esa fecha se constituyó la carrera de Arte Danzario con tres perfiles: Ballet, Danza Contemporánea y Danza Folklórica, en la modalidad de Curso Regular para Trabajadores (CRT). Aquel primer plan de estudio contemplaba dos variantes que más tarde no pudieron ser aplicadas. Se preveía que al concluir sus estudios universitarios, los graduados podrían optar por un segundo perfil de Crítica o Coreografía, con una duración de un año adicional de estudio.

A mediados de la década de los ‘90 del siglo XX, se inaugura el Curso Regular Diurno de la Licenciatura en Arte Danzario, y se integra, junto a la carrera de Arte Teatral, en la antigua Facultad de Artes Escénicas. En lo adelante cohabitarían las tres modalidades.

El aporte de los estudios superiores al fenómeno estético de la escuela cubana de ballet está claramente enunciado en el objeto de la profesión del actual Plan de Estudio E, y que se define en los Objetivos Generales de la Carrera, como:

Perfeccionar las habilidades técnicas, teóricas y profesionales pedagógicas, en correspondencia con las demandas en el dominio de los repertorios, y las metodologías particulares de los procesos de enseñanza-aprendizaje del arte danzario.[4]

La escuela cubana de ballet ya era un hecho artístico reconocido internacionalmente, cuando en 1987 abrió sus puertas la carrera de Arte Danzario. Por tanto, el ISA no pudo tomar parte en las acciones fundacionales que se mencionan, generalmente, cuando se habla de la escuela cubana.

Se puede aseverar que los estudios superiores de ballet no han realizado contribuciones a este fenómeno estético desde el punto de vista técnico y/o artístico. Mas, sí se han ocupado de sistematizar, analizar y registrar estos modos de hacer a lo largo de tres décadas, con la realización de decenas de trabajos investigativos tanto en pregrado como en posgrado.

Durante algunos años se creyó que el ISA tendría que ser como una especie de continuidad de las escuelas de Nivel Medio. Y aunque, de algún modo es cierto, no es ese su encargo fundacional. El principal papel del ISA (hoy Universidad de las Artes), ha sido como constatador y expositor de las verdades que han caracterizado a la escuela cubana.

Es evidente que los estudios universitarios de ballet en nuestro país resultan un tanto tardíos. Su trayectoria en el ámbito académico y danzario se ha visto caracterizada por la constante búsqueda de reconocimiento, mérito, valía  y reafirmación de sus saberes, algo que aun no ha sido completamente logrado.

El hecho de que la formación de los bailarines se inicia desde edades muy tempranas, y la habitual ausencia de tradición académica en el campo de la carrera, complejizan la relación entre excelencia artística y excelencia académica.

A ello se suman los escasos materiales bibliográficos con que cuenta la carrera de Arte Danzario, en comparación con otras carreras de arte. Esto se debe, en gran medida, al carácter efimero de la danza, que apenas comenzó a registrarse y conservarse con la llegada del cine y los sistemas de notacion danzaria. Es justamente una de las tareas de los estudios universitarios de ballet, contribuir a preservar la historia y el pensamiento sobre esta manifestación en nuestro país.

Carlos Acosta, nombre fundamental en el desarrollo de la figura masculina del ballet cubano. Foto Buby Bode.

En las investigaciones realizadas por los estudiantes del perfil Ballet, hay un marcado predominio de los temas históricos y de aquellos que recogen la trayectoria artística y/o pedagógica de alguna notable figura de la danza clásica en Cuba. Aunque es cierto que con ello se está contribuyendo a resarcir esta falta de materiales bibliográficos, se hace igualmente necesario fomentar e incentivar en las investigaciones de este departamento, temas que se ocupen de problemas más contemporáneos del ballet cubano. La conformación de una base bibliográfica actualizada, con investigaciones  pertinentes, debe ser lo que reafirme el carácter superior de los estudios universitarios.

La metodología de la escuela cubana de ballet, como fenómeno estético, es un tema que aun no ha sido del todo plasmada en alguna memoria escrita. Continúan pasando los años y ante la falta de registro alguno sobre el tema, se acentúa la inevitable contaminación que ello trae aparejada consigo.

Es cierto que existen muchos maestros noveles dentro de la escuela cubana de ballet, que realizan un magnífico trabajo ante su tarea de transmisión de saberes, supervisados por algunos de los maestros más notables que ha formado dicha escuela. Pero, ¿que sucederá cuándo no exista supervisión alguna por parte de estos notables? ¿Se preservará y transmitirá la estética de la escuela cubana de ballet en su forma más fidedigna, ante el constante flujo de tendencias diversas?

Sabemos que debemos y tenemos que asimilar y retroalimentarnos de estos modos de hacer tan diferentes, para no quedar en la mera colección museística. Mas, ¿por qué no realizar un esfuerzo conjunto hoy, en aras de resguardar y salvaguardar uno de los logros mayores de esta pequena isla? Un fenómeno construido desde lo cubano y para los cubanos.

Aun no estamos extintos. ¿Esperaremos a que la escuela cubana de ballet sea arrasada por el meteroro de la contemporaneidad con sus disímiles corrientes? La problemática es cristalina, la tarea está encomendada y la disposición… ¿quebrantada?

En decenas de Trabajos de Diplomas, Tesis de Maestrías y unas pocas Tesis de Doctorado, se han venido evaluando los resultados de la escuela en los aspectos siguientes:

  • Principales personalidades (bailarines, maestros y coreógrafos).
  • Temas relacionados con el repertorio.
  • Temas relacionados con las didácticas particulares de la enseñanza del Ballet.
  • Temas de Danzas históricas y Danzas de Carácter.

Aunque no existe hasta hoy un estudio de constatación acerca de la labor del Departamento de Ballet, sí existen algunas tesis que se acercan al asunto.

Una de las Tesis de Maestría que de forma más eficiente aborda el asunto es: Ballet y Universidad, de la profesora Teresa Romero, realizada para la Maestría en Arte, donde se aborda la problemática desde el punto de vista histórico y didáctico.

Por otra parte, ante la necesidad de libros de texto, se han publicado varios documentos digitales y en papel, muchos de ellos resultantes de la producción teórica o histórica del claustro, que realizan aportes diversos a los estudios sobre el ballet en Cuba[5].  El más valioso de ellos es, a mi juicio, el de Miguel Cabrera: Apuntes sobre una historia del Ballet en Cuba, publicado en edición de lujo por Cúpulas, la editorial de nuestra universidad.

[1] Profesora de la Facultad de Arte Danzario de la Universidad de las Artes de Cuba, y Jefa del Departamento de Ballet.

[2] Sobre la relación danza-nacionalidad, véase la Historia de la Danza en Cuba: Guía de Estudio, de María del Carmen Hernández, La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 2010.

[3] Recomiendo la lectura del artículo titulado: La Facultad de Arte danzario: 30 años de estudios universitarios de danza, de la Dr. C. María del Carmen Mena Rodríguez, publicado en la revista Cúpulas, No  1, agosto de 2017-enero de 2018, pp. 12-15.

[4] Ministerio de Educación Superior (Cuba). Plan de Estudio E Carrera Arte Danzario, La Habana, 2019, p. 14.

[5] Un ejemplo de ello es el libro del Dr. C. Ismael S. Albelo: Repertorio de ballet en el siglo XIX, publicado por Ediciones Cupulas, La Habana, 2012.

En portada: Viengsay Valdés y Patricio Revé en El lago de los cisnes, Ballet Nacional de Cuba / Foto Buby Bode

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