Aniversario 85 de la zarzuela Amalia Batista

Lo que tienes a la vista
ni te extrañe ni te asombre
yo soy Amalia Batista,
que se muere por un hombre.

Por  Isachi Durruthy Peñalver

El 21 de agosto de 1936, el Teatro Martí acogió el estreno de la zarzuela Amalia Batista, considerada la joya suprema del eminente compositor, director de orquesta y violinista Rodrigo Prats Llorens (1909-1980). El libreto de Agustín Rodríguez (1885-1957) fue otro de los aciertos indiscutibles. Del reconocido empresario y director de escena existían las evidencias de su agudo olfato artístico junto al autor vernáculo Federico Villoch en el Teatro Alhambra y luego, al frente de su exitosa Compañía en el Coliseo de la calle Dragones, se consolidaría como autor triunfal de Cecilia Valdés, La Hija del Sol o La Habana de noche, por solo citar algunos ejemplos. [1]  

Rodríguez se inspiró en una antiquísima copla popular para trazar ingeniosamente las coordenadas de su protagonista femenina y convertirla en uno de nuestros más célebres referentes escénicos. A propósito del estreno, la crítica del Diario de la Marina resumió elementos claves de una trama en la que se entrelazaron con pericia la pasión, el rencor, la desdicha, las traiciones y el desamor:

 Amalia Batista es un tipo folclórico. Nace en el vórtice de la rumba y tiene en su cuerpo sensual ese ritmo ciclónico del baile afrocubano. Es la mulata de rompe y rasga, algo así como la réplica criolla de la Carmen Andaluza (…) es una mujer que más que amar a los hombres lo que hace es dejarse amar por ellos. Va por la vida probando el amor, pero sin gustarlo plenamente. Solo al final de su vida cuando empieza a declinar su estrella, encuentra al hombre, en quien desea recalar para siempre. Más es demasiado tarde ya. El hombre de quien se ha enamorado la deja por otra. Ese es el drama de Amalia Batista. [2]

Amalia Batista,

Amalia Mayombé

¿Qué tiene esa negra,

que amarra a los hombres?

Con sólo 30 representaciones, esta fue la última gran obra de la Compañía de Agustín Rodríguez y Manuel Suárez Pastoriza, agrupación que funcionó en el Teatro Martí entre 1931 y 1936. La más larga temporada de teatro lírico nacional realizada en Cuba propició la eclosión definitiva del género en la Isla y consolidó el prestigio y la genialidad de Rodrigo Prats como uno de sus directores musicales.[3] Durante esos cinco años de ininterrumpido quehacer en el Coliseo de las Cien Puertas, el autor de Una rosa de Francia, estrenó títulos de elevadísima factura estética como La Perla del Caribe (1931), La Habana que vuelve (1932), Soledad (1932) y María Belén Chacón (1934).

El maestro Rodrigo Prats

Con Amalia Batista, el maestro apuntaló definitivamente su ilustre universo sonoro al evocar aspectos de la belleza sensual de la mujer mestiza enmarcada en el paisaje sociocultural de La Habana de los años 30. El nuevo epicentro histórico se distanció del típico escenario colonial en el que se centraron los argumentos de las más grandes obras líricas del período, para imponerse desde su contemporaneidad. En este sentido cabe resaltar que, dentro del prolífero listado de zarzuelas concebidas por autores cubanos, esta ha sido considerada como una de las más difíciles.[4] El exigente espectro vocal, sobre todo las transiciones de la voz hablada a la voz cantada de la protagonista en escenas de verdadero desgarramiento emotivo; el rico desplazamiento dramatúrgico en el que se imbrican diversos referentes sonoros, demandan una altísima capacidad interpretativa  tanto de los protagonistas como del conjunto orquestal y coral. Este es el claro ejemplo de su fecunda evolución como compositor, al adaptar las vibraciones melódicas en toda su riqueza a la expresión de fuertes sentimientos dramáticos y un derroche absoluto de cubanía. Desde el preludio coronado con el ritmo del danzón, dando paso a la salida arrolladoramente sensual de Amalia, o la hermosa romanza en la que se integra con total fluidez esa clave de indudable acento criollo, sin olvidar el Pregón El Churrero con su melodía de hondo arraigo popular y los evocadores contrapuntos de habanera. Todos estos elementos convirtieron su zarzuela en una de las más admiradas por la crítica y el público.

Aunque Amalia Batista fue concebida originalmente para Rita Montaner, la legendaria intérprete guanabacoense no pudo estrenarla por sus discrepancias con el empresario Agustín Rodríguez. En su lugar, el rol principal fue asumido por la soprano Maruja González, quien poseía una aclamadísima trayectoria como intérprete del repertorio lírico español y regresaba a La Habana luego de una triunfal temporada en Madrid. Acompañada de otras grandes figuras de la Compañía Cubana de Zarzuela del Teatro Martí, la notable tiple gallega, conocida también como La alondra, compartió protagonismo con el tenor Miguel de Grandy (Julio), Candita Quintana (en el rol de Estrella), Consuelo Novoa (Goya), el veterano actor bufo Regino López (Papito), Alberto Garrido (Mongo) y Julia Muñoz (Carmita).

Rita Montaner, la incomparable Amalia Batista.

La favorable acogida del estreno podemos evocarla a través de este breve fragmento de la crónica de Juan Bonich aparecida en el periódico El Mundo:  

El público se entusiasmó a cada paso, porque si la acción está conducida con suprema habilidad, el diálogo mantiene en todo momento el interés y esto es de mayor mérito si atendemos que Amalia Batista no es obra de grandes decorados ni de trucos y su mérito existe sólo en el libro y en la música. A propósito de la partitura, para ella ha escrito el maestro Rodrigo Prats números inspiradísimos que pronto se harán del dominio popular, entre los que merecen citarse la guaracha de rancio sabor criollo; la canción del tenor, la romanza de la tiple, de proporciones bellísimas, y el gran número coreográfico con que la obra termina (…). [5]

Mientras, Ramón Becali desde las páginas de El País, resaltaba:

La empresa del Martí nos ofrece con Amalia Batista, obra estrenada con gran éxito el viernes, un nuevo y valioso aporte al teatro cubano. Los autores Agustín Rodríguez y Rodrigo Prats, han llevado al libro y a la música respectivamente, la voluntad tesonera y el empeño artístico de los que triunfan. Libro y música están inspirados en lo nuestro, en ese género vernáculo tantas veces maltratado. [6]

El 9 agosto de 1940, Rita Montaner asumió el rol protagónico que tres años antes había soñado para ella el insigne compositor. La antológica puesta en escena tuvo lugar en el Teatro Nacional y contó con la participación de reconocidas figuras como Alberto Garrido, Federico Piñero, Carmita Ruiz, Consuelo Novoa y Pepe del Campo. Sobre esa anhelada interpretación de La Única en el rol de la mulata mayombera, el autor rememoraba:

Hasta 1940 Rita no hizo Amalia Batista. Primero, por sus disgustos con Agustín Rodríguez; y después, por no coincidir en las posibilidades comunes para presentar la obra.

Sí quiero destacar que con su única interpretación los autores pudimos ver la Amalia Batista tal y como la concebimos al escribirla mucho antes. Fue todo un acontecimiento poderle escuchar sus maravillosas Romanza y Salida de Amalia en la cual yo intenté reflejar, al máximo, la arrolladora personalidad de Rita Montaner.

Al analizar la calidad de las distintas protagonistas de Amalia Batista puedo decir, con absoluta seguridad, que muchas la hicieron bien, como Maruja González, Hortensia Coalla y Luisa María Morales. Sin embargo, siempre faltaba algo. Cuando se imponía la voz, faltaba el temperamento requerido para el personaje. Y Rita supo conjugar ambas cosas, e interpretó una Amalia Batista insuperable. [7]

El investigador Enrique Río Prado señala en La Venus de Bronce, que en los años siguientes a su estreno la obra fue reprisada innumerables veces y finalmente el 27 de junio de 1979, el maestro Rodrigo Prats presentó la versión definitiva de su obra maestra en el Teatro García Lorca como zarzuela cubana en dos actos y siete cuadros. La adaptación del libreto original fue realizada por José Ramón Pradas y Raúl Camayd y se le adicionaron varios números musicales, entre los que sobresale la romanza Rayo de sol (para el personaje de Carmita) y las romanzas de Alberto, para voz de barítono.[8]

Prats dirigió la única grabación discográfica integral realizada, hasta el momento, en los estudios de la EGREM, en marzo de 1980. Una producción que contó en los roles protagónicos con Susy Oliva (soprano), Lázara María Lladó (soprano), Adolfo Casas (tenor), Ángel Menéndez, (barítono) acompañados por el Coro del Teatro Lírico Nacional Gonzalo Roig y la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana.

Es meritorio resaltar que en estos 85 años de historia hemos contado con protagonistas de indudable dominio escénico, versatilidad, histrionismo y excelentes facultades vocales. Además de las grandes figuras evocadas por el maestro, no podríamos olvidar a las destacadísimas sopranos Blanca Varela, Lidia Valdés, Gladys Puig, María Eugenia Barrios, Elina Calvo y Maité Milián, muy aclamadas por el carisma, la versatilidad y el poder interpretativo que supieron insuflarle al personaje.

Amalia Batista se sitúa junto a María la O de Ernesto Lecuona y Cecilia Valdés de Gonzalo Roig, en la cúspide de los más elevados referentes del género lírico en Cuba. Siempre tendremos que volver a ella, reverenciar su inagotable caudal estético y la profunda esencia de cubanía derrochada por Rodrigo Prats.

Notas:

 [1] Las dos primeras zarzuelas mencionadas fueron realizadas en colaboración con el también libretista José Sánchez Arcilla (1903-1964). En los tres casos citados la música corresponde al maestro Gonzalo Roig.

[2] Ichaso, Francisco. “Amalia Batista” publicado en Escenario y Pantalla. Diario de la Marina. 23 de agosto de 1936. En anexos de: Enrique Río Prado. La Venus de Bronce, una historia de la zarzuela cubana. Editorial Alarcos. 2003

[3] Rodrigo Prats fue co director musical de la Compañía Suárez-Rodríguez junto al también maestro Gonzalo Roig.

[4] Noriega, Daniel. Perdurable Amalia Batista. 16 de julio de 2021. En:  www.cmbf.cu

[5] Bonich, Juan. Teatros y Concierto. Crónica ante el estreno de Amalia Batista. El Mundo. 22 de agosto de 1936. Ver Enrique Río Prado. Ob. Cit. pp. 338.

[6] Becali, Ramón. Amalia Batista. El País. 22 de agosto de 1936. Ver Enrique Río Prado. Ob. Cit. pp. 342.

[7] Ver Fajardo, Ramón. Rita Montaner, Testimonio de una época. Editorial Oriente, 2018. Tomo I, pp. 345-346.

[8] Río Prado, Enrique. Ob. Cit. pp. 383.

Imágenes: Cortesía de la autora

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