Alrededor de la noche de los asesinos

Por Roberto Pérez León

Ha estado en la cartelera de La Habana durante el mes de diciembre La noche de los asesinos en el sala café teatro del Bertolt Brecht con una puesta de la Compañía del Cuartel.

No porque la obra La noche de los asesinos trate de asesinatos es una muestra del teatro de la crueldad. Tampoco porque trastrueque situaciones dramáticas recurre al teatro del absurdo pues no existen incertidumbres en su trama.

La puesta de La noche de los asesinos que ha hecho la Compañía del Cuartel con dirección artística de Arianna Delgado ante la rotundidez del texto de José Triana ostenta significantes corporales y sonoros que la caracterizan. Seguramente la joven directora, que confiesa que este trabajo es su inicio en el campo de la dirección escénica, consolidará a su debido tiempo algunas decisiones estilísticas que enrumben sus estrategias creativas.

 La noche de los asesinos como texto lingüístico es paradigma del ejercicio dramatúrgico. Hoy el montaje de esta obra requiere poco del dramaturgo para concebir  el ceremonial que la determina y modela como representación teatral del teatro.

El teatro occidental ha estado mediado por la palabra. Independientemente de todo lo demás que pueda tener lugar en la escena, el texto escrito siempre ha tenido una prevalencia dictatorial. Lo que no quiere decir que haya que restarle importancia. Estaríamos incompletos en nuestra cultura sin el legado de los griegos, sin Shakespeare, sin Brecht que tanto nos han definido como seres humanos.

Pero a estas alturas del siglo XXI la intimidad entre texto y puesta en escena ha perdido fortaleza. La fisicidad escénica es preponderante. La expresión corporal centra la configuración de un lenguaje estructurado por el gesto, el movimiento. La carga sensorial de los componentes paragestuales desde empleo de las nuevas tecnologías de la información y comunicación convierten una puesta en escena en un trance visual, sonoro, auditivo.

¿Qué hacer en medio de las convidantes dislocaciones que plantea el teatro posdramático, las poéticas abiertas, experimentales y de investigación que enfrentan el suceso escénico cuando se asume el montaje de una obra con un texto lingüístico de soberanía fecundante para el accionar escénico, para la performance global?

Por generación espontánea digamos que La noche de los asesinos puede referir al teatro de la crueldad, al teatro del absurdo, al uso de la violencia. En realidad la puesta que comento no aboga frontalmente por estas particularidades expresivas. De manera intermitente oscila entre una violencia ordinaria y la crueldad artaudiana con trazas de lo absurdo.

Salvaguardar el texto simiente de La noche de los asesinos es provocar una subversión con ocurrencias que lo vitalicen, tensionen hasta llegar a una imagen visual y sonora que potencie perceptualmente, que haga del espectador un receptor intervenido por la sensorialidad del suceder escénico en su totalidad.

La revelación discursiva pese a la centralidad lingüística que impone el texto tiene que constituirse a través de una ritualidad más consistente, “agregar el cuerpo a la palabra” como manda Artaud, así la palabra adquiere física ritualidad y no solo enunciado lógico-discursivo.

En esta obra tres hermanos, Lalo, Cuca y Beba emprenden un juego a través de una indetenible secuencia de delirantes simulaciones de asesinatos. Hacen y desasen la representación del asesinato de sus padres. Se empantanan en un desahogo emocional.

Lalo, Cuca y Beba con vehemencia juegan a matar.

Lo ritual es una exigencia y a la vez tributo. El asesinato de los padres solo tiene lugar en el plano verbal. La acción de matar, al no tener lugar y ser una representación, no requiere de tanto ejercicio físico a manera de pintura gestual de emociones pues las actuaciones pueden por momentos resultar excesivamente experimentales.

La Noche de los asesinos, en su ensamblaje dramático, es una fortaleza estructural donde debe suceder un equilibrio entre los elementos paralingüísticos y los verbales.

Pienso ahora en la concepción de Artaud sobre la metafísica en su El Teatro y su doble. La metafísica como presencia física no normativa sino de extrañeza donde el decir es una resistencia, hecho, experiencia vital que denote la poética teatral en su transcurrir.

¡Ah! Pero al no poder evadir el texto La noche de los asesinos no es arena donde puedan andar las propuestas de Artaud. Sin embargo, como metáfora de la muerte y caligrafía ocre del erotismo y la dominación admite proposiciones estéticas donde El teatro y su doble puede ser un apoyatura para la subversión del teatro, incluso desde la perdida de la centralidad del texto.

Para La noche de los asesinos la perspectiva artaudiana sobre el texto lingüístico desde la metafísica puede ser atendible:

Hacer metafísica con el lenguaje hablado es hacer que el lenguaje exprese lo que no expresa comúnmente; es emplearlo de un modo nuevo, excepcional y desacostumbrado; es devolverle la capacidad de producir un estremecimiento físico; es dividirlo y distribuirlo activamente en el espacio; es usar las entonaciones de una manera absolutamente concreta y restituirles el poder de desgarrar y de manifestar realmente algo; es volverse contra el lenguaje y sus fuentes bajamente utilitarias, podría decirse alimenticias, contra sus orígenes de bestia acosada; es en fin considerar el lenguaje como forma de «encantamiento».

Los dobles del teatro: la metafísica, la peste, la crueldad persiguen restituir sensaciones prístinas que según Artaud liberan al teatro de tradiciones estériles.

 “La peste” es la manifestación de lo revulsivo que provoca lo cotidiano y lo instituido, lo establecido violado.

La crueldad artaudiana nada que ver con la tortura ni con los juegos sado-masoquistas. Ni víctimas ni a verdugos. No se trata de la crueldad física. Las emociones y las realidades interiores brotan del choque de una sobrecarga sensorial.

En la poética del montaje que comento sobresalen elementos expresionistas que se quedan a medias entre la crueldad artaudiana y la violencia.  La palabra, el gesto, la corporalidad en sus afanes descriptivos no siempre producen lo que quieren describir y entonces se adquiere la forma de una representación que sobrepasa el accionar lúdico que generalmente conlleva La noche de los asesinos con su consecuente extrañamiento crítico.

La dinámica del montaje está sobre una intensa coréutica gestual. Los personajes construyen la ficción del parricidio fundamentalmente a través de la enunciación constatativa, descriptora. Ese accionar dimensiona de manera excesiva un expresionismo desfigurador de la desafección y la convierte en sadismo o malevolencia a través de enunciados performativos, transformadores donde el lenguaje se convierte, por el mismo accionar enunciativo gestual, en una manifestación de violencia.

La puesta en escena es una visitación a la obra, pues no es versión como tal. Los diálogos del autor forman parte constitutiva de lo apasionado y lo convulsivo. El lenguaje  es trasnversalizador y no los gestos ni los gritos que rigen el accionar actoral apoyado por una música, un sonido y una iluminación que no siempre contribuyen a concebir situaciones impactantes.

Los códigos expresivos son regidos por lo logocéntrico. Los diálogos enfatiza las obsesiones de los hermanos, el gusto por el juego como metáfora donde el sadismo, el  morbo, la violencia física, la crudeza en las peleas entre ellos va por derroteros que no son precisamente los del autor del Teatro y su doble y tienen buena dosis de comedia negra.

Esta puesta en escena cuenta con agenciamientos corporales que en sus combinatorias y devenires resulta una indagación atrayente y a la vez embarazosa por su espasmódico entrelazamiento entre los afectos estilísticos de su directora artística.

La iniciativa por parte de la Compañía del Cuartel bajo la dirección general de Sahily Morera de poner en manos de una joven creadora una obra como La noche de los asesinos es muy celebrable. Ojalá los colectivos teatrales incorporaran esta decisión y la hicieran cotidiana.

Hay obras de nuestra dramaturgia que no deben estar tan ausentes en las carteleras para que no resulten ajenas a las nuevas generaciones de la gente que hace teatro y va al teatro.

En Portada: Cartel de la puesta en escena

(Visitado 72 )

Exportar a PDF:

Comparta nuestros contenidos en redes sociales:
Leer más
Estudio sobre el montaje de “Bodas de sangre” por Berta Martínez en Teatro Estudio, 1979

Por Miguel Sánchez León Nota introductoria Recuerdo que en 1970 fui a ver una función de Bernarda, bajo la dirección...

Cerrar