“Adversarios”: entre la escena y la vida

Nave Oficio de Isla mantiene las funciones de Adversarios los días 21 y 22 de febrero, a las 6:00 pm. Las reservaciones son válidas hasta cinco minutos antes de comenzar la obra

Por Frank Padrón

La pareja de Adversarios, pieza del mexicano Antonio Toledo que ahora pone la compañía Nave Oficio de Isla en la sala Abdala, transita constantemente entre el escenario y la vida real en una movida lúdica que sólo reafirma los vasos comunicantes entre teatro y esa realidad que lo nutre.

La pericia del dramaturgo permite que esos nexos sean apenas perceptibles, se (con)fundan y mixturen en la sala donde dos actores (en la puesta, fuera de ella) ensayan un texto de uno de ellos en torno a una pareja, a una ruptura, a una posible continuidad que puede no ser debido al peso de las culpas, los reproches, los resentimientos y un amor que, aunque amaga por permanecer, también puede arruinarse por todo lo que lo amenaza y  carcome.

El texto, entonces, es rico en sugerencias, en implicaciones y motivaciones sub y paratextuales que no solo mantienen un rico intercambio histriónico sino escénico, como quiera que el espacio ˗una casa que es posible, futuro escenario y a la vez marco de pasiones y pulsiones que trascienden la ficción y emergen de la vida real-, se torna cuasi personaje al revertirse de una semantización que llena de los más diversos significados el combate verbal y sentimental de los actantes.

Tal interacción y dualidad de significados ha sido muy bien entendida por Pepe García en tanto responsable de la puesta, que logra aprovechar las dimensiones escénicas para orquestar movimientos que dinamizan las acciones y acentúan las tensiones dramáticas de la escritura, apoyado en un diseño sonoro y lumínico (Yanko Marrero) y un concepto de vestuario (Masiel Teresa Borges), los cuales potencian la atmósfera de confrontación, ambigüedad y a la vez juego que propone el relato.

La escenografía (Malberti/Díaz/Borges) consigue que el apartamento refleje elementos importantes de la acción: libros que participan por varias razones en la diégesis, maletas que insinúan partidas y rupturas potenciales, muebles cuya apariencia de estabilidad e inmutabilidad pueden tornarse lo contrario.

Dentro de tal entramado, las actuaciones llevan buena parte del peso dramático y conceptual de la obra como quiera que deben proyectar esa dualidad que la letra presenta de principio a fin entre el » ludus» teatral y las contradicciones y conflictos existenciales que la pareja confronta, entre los desafíos ideoestéticos y ontológicos, eróticos, personales  que ambos personajes deben resolver tanto en el plano fictivo como «real».

Es un complejo intercambio de sentimientos y sensaciones que, afortunadamente, tanto Andrea Doimeadiós como Ernesto Pazos, han aprehendido y proyectado con abundancia de recursos y precisión en la frecuencia de transiciones y emociones que sus intercambiables roles demandan.

Adversarios, entonces, nos llega como una pieza de cámara que se eleva a la categoría de sólida propuesta teatral, de esas cuyos reflexiones e interrogantes se lleva consigo el espectador tras los aplausos que arrancan los minutos finales.