Acercamiento a la gestión cultural en las artes escénicas cubanas desde una perspectiva sociológica

Por Claudia Amanda Betancourt Torres

Las realidades, problemáticas y conflictos de la gestión que asumen numerosos proyectos escénicos cubanos, están estrechamente relacionados, al funcionamiento del sistema institucional que rige esta parte de la creación en el país: el Consejo Nacional de las Artes Escénicas (CNAE).

Considero que, para un acercamiento a la gestión en el arte escénico cubano, es preciso apuntar que los estudios sobre la cultura y la cultura en sí han estado guiados por la relación con el entorno que le rodea y las interpretaciones simbólicas de lo social, por lo que la sociología se ha enfocado en descubrir, entender y evaluar el mundo conceptual que rodea al sujeto y las formas en que se expresa la sociedad, elementos que también intervienen en el análisis cultural. Cada sujeto en su accionar, y la sociedad en su conjunto, crean la cultura y la propia cultura y a su vez, va creando y moldeando al sujeto a través de la socialización, la normatividad, la convivencia, las experiencias vividas y aprendidas, las tradiciones continuadas.

Los estudios sociológicos sobre la cultura han tenido una trayectoria teórica desde diversas escuelas de pensamiento, autores, enfoques y perspectivas. El francés Pierre Bourdieu analiza la cultura desde la perspectiva de los campos como espacios de relaciones sociales, donde se establece que las clases se diferencian por su relación con la producción, por la propiedad de ciertos bienes, pero también por el aspecto simbólico que posee el consumo. De esta manera, el autor afirma que la clase hegemónica se perpetúa en el campo económico, pero llega a legitimarse totalmente en el campo o espacio cultural.[1]

En su teoría social de los sistemas, Niklas Luhman define la sociedad como un sistema funcionalmente diferenciado, donde la sociedad dirigida por determinadas funciones, cataliza la formación de sistemas parciales (o subsistemas) que develarán las características de la sociedad. Es aquí donde el arte entra en su análisis proponiendo que:

El arte participa de la sociedad tan sólo por el hecho de que se ha diferenciado como sistema, quedando, por ello, sometido a la lógica de la clausura operativa, del mismo modo que los otros sistemas/función.[2]

Entender el arte como subsistema y estructura, deviene como objeto de la Sociología en su interacción con las demás estructuras sociales y con la sociedad en general, como una compleja organización insertada en la sociedad donde interactúan los distintos géneros, corrientes, formaciones estilísticas, estéticas, métodos y maneras individuales, generadas e influidas por las condiciones sociales conjuntas.

El mundo del arte puede pensarse como una red establecida de vínculos cooperativos entre los participantes de la obra artística. Es medular para la producción artística contar con personal especializado, con el capital cultural suficiente para desarrollar conocimiento y tareas específicas que tributen al valor estético de las obras de arte.

Cuba ha invertido mucho en el desarrollo cultural de la nación, en el desarrollo de expresiones artísticas y culturales, posibilitando que los cubanos disfruten del arte y la cultura y participen en ella en igualdad de condiciones.

La creación del Ministerio de Cultura en 1976, constituyó un paso significativo en el desarrollo de la sociedad cubana. Transcurrida la etapa donde se fueron conformando y aplicando los principios de la política cultural de la Revolución, en la medida que se iba alcanzando la suficiente claridad en los objetivos que perseguían, se hizo necesario analizar consecuencias negativas de determinados enfoques en la aplicación de la política cultural cubana.[3]

El teatro cubano del sector profesional es subvencionado por el estado en su totalidad. La centralización del sistema institucional y otras realidades del panorama escénico aún limitan un satisfactorio trabajo en la gestión de los proyectos escénicos cubanos.

El apoyo del Estado y el acceso a los medios convencionales para desarrollar cualquier obra artística, es sustancial pero no determinante, por lo que tiene sus ambivalencias. Un autor, como Becker, expone que “los sistemas sociales que producen arte sobreviven de todo tipo de maneras”[4]. La teoría interaccionista de Becker es útil para comprender la necesidad de interrelación del arte con el sistema social, de su capacidad para subsistir y distribuirse, así como del valor estético compartido de la obra arte entre el artista y todas las partes involucradas en la producción de la obra. Para este autor, en la producción de objetos o hechos definidos como arte, son necesarias las suficientes libertades políticas y económicas para hacerlo, lo que no todas las sociedades proporcionan:

Romper con las convenciones existentes y sus manifestaciones en la estructura social y los objetos materiales acrecienta los problemas de los artistas y reduce la circulación de su trabajo, pero al mismo tiempo aumenta su libertad de elegir alterativas no convencionales y de apartarse de la práctica habitual. Si es así, es posible entender todo trabajo como el producto de una selección entre comodidad convencional y éxito, y problemas no convencionales y falta de reconocimiento.[5]

Cuando el estado no permite que el arte tenga autonomía y controla las instituciones a través de las cuales los artistas reciben una formación y trabajan, el acceso a las habilidades o talentos artísticos pueden tener restricciones, alega el citado autor.

El arte es un proceso social, una relación social que incluye tanto al creador como al consumidor en la interacción dinámica de ambos con la sociedad en general. Con los diferentes medios artístico-culturales se puede influir de distintas maneras sobre el desarrollo de la conciencia, y de la psiquis humana. A través del arte se reflejan imaginarios particulares y colectivos de un contexto histórico, social, económico, político y cultural determinado.

La gestión en el arte implica una valoración de lo intangible, la necesaria evaluación de resultados y la visibilidad de sus aspectos cualitativos. La conceptualización sobre “gestión cultural” presentan diversas definiciones y enfoques. La gestión cultural en el arte reclama la capacidad de definir objetivos, diseñar proyectos como eje y metodología de esta especialización en el campo artístico. En el sector cultural y artístico, gestionar significa comprensión, análisis y respeto de los procesos sociales estrechamente vinculados a la cultura, al arte y a las políticas.

En este análisis se define Gestión Cultural como:

el proceso de ejecución de acciones destinadas a facilitar, promover, fomentar, conservar, difundir y desarrollar actividades y manifestaciones culturales a favor del desarrollo cultural de un contexto social determinado y de la adecuada aplicación de las políticas. Representa la organización eficiente de los recursos necesarios para llevar a cabo la difusión de los bienes y servicios culturales, con la utilización de herramientas metodológicas concretas para alcanzar los objetivos propuestos y el impacto socio-cultural deseado. Potencia la creación, comprensión, implicación e intervención en los individuos que participan.[6]

Una gestión cultural eficaz y eficiente, como debe evaluarse y poner en práctica en nuestras instituciones, debería brindar una programación cultural con actividades de óptima calidad, lo cual elevaría su prestigio y reconocimiento social, a partir de la satisfacción que expresen los artistas, escritores y los públicos.[7]

Existe una estrecha relación entre el diseño y ejecución de las políticas culturales y los modelos de gestión cultural, para juntos, lograr el desarrollo cultural de cada sociedad. Conociendo y acercándome cada vez más al universo de las artes escénicas en el país, se detectan problemas que existen en el sistema institucional con respecto a la gestión y cómo influyen en el trabajo de nuestros creadores, agrupaciones o proyectos.

La investigadora Cristina Amaya Quincoses en su libro Gestión de mercadotécnia en el arte. Una aproximación desde los enfoques gerenciales, utiliza el enfoque contemporáneo gerencial de gestión para presentar, de manera magistral, un referente teórico y práctico de cómo gestionar el arte en Cuba sin fines lucrativos, rechazando las posturas neoliberales. Amaya Quincoses alega en su libro, una realidad en la gestión que se hace desde las agrupaciones escénicas cubanas:

Muchas propuestas y/o proyectos artístico-culturales no fructifican, o son plato fuerte de intermediarios inescrupulosos, porque sus creadores y/o gestores no saben cómo dialogar en términos contemporáneos de gestión con terceros, y muchas veces, excelentes oportunidades son desaprovechadas por no saber cómo sacarles partido.[8]

Estudios realizados por otros investigadores, como la socióloga Esther Suárez Durán, se han centrado en el trabajo de la producción y la gestión en el teatro, así como las voces de otros especialistas en estos campos de trabajo como las teatrólogas Dianelis Diéguez La O y María Victoria G. Ballester, debieran ser materiales de consulta y análisis para que las instituciones que dictan las políticas, revisen y replanteen muchos aspectos que aún hoy afectan la producción artística del país.

Contamos con cursos de formación, capacitación y postgrado en el Centro de Superación para la Cultura del MINCULT, importantes en la preparación y aprehensión de los conocimientos necesarios para desarrollar personal calificado en estos temas, pero que aún pueden coordinarse de manera más extensiva y frecuente hacia todos los interesados y trabajadores del sector cultural y artístico.

Sin duda alguna, el movimiento artístico profesional cubano es poderoso y visible en las programaciones de las salas teatrales y otros espacios de representación. Sólo en la capital, existen más de 85 grupos o proyectos de teatro, por ejemplo. Los reportes estadísticos de estrenos, reposiciones, giras y premios de los creadores, son cuantiosos, como también las erogaciones presupuestales afines a la financiación de producciones artísticas o los salarios de los colectivos subvencionados por el sistema de instituciones de las artes escénicas.[9]

Todo lo que necesita el creador con respecto a recursos materiales e inmateriales, no está al alcance de la institución. Por esta razón, los creadores asumen diversas iniciativas de gestión, generalmente empíricas, mediante estrategias de autogestión específicas para lograr sus objetivos, que emanan de los intereses de cada colectivo.

En nuestro país hay experiencias muy interesantes y funcionales que han demostrado estrategias de gestión eficaces, productivas y más flexibles. Por ejemplo, el evento que se organiza desde la Universidad de las Artes, el Laboratorio Internacional Traspasos Escénicos, gestado por el teatrólogo y profesor, Dr.c Eberto García Abreu, con su equipo de trabajo desde la facultad de Arte Teatral del ISA. Este evento ha logrado establecer un espacio para la creación, el pensamiento y producción dramatúrgicas y escénicas contemporáneas de Cuba y otras regiones; la Plataforma Escénica de Experimentación Social Laboratorio Ibsen, permitió visibilizar la creación dramatúrgica y de dirección de jóvenes creadores; así como el grupo de teatro El Portazo, de Matanzas, con la dirección de Pedro Franco, son referentes en prácticas alternativas a la gestión institucional.

Los procesos intrínsecos a esa gestión han sido identificados desde la bibliografía y consultas realizadas a especialistas como la creación, la producción, la programación, la promoción y el consumo, que se desarrollan y ejecutan de manera simultánea. Sobre este tema seguiré tratando en otros artículos, como resultado de una investigación realizada en el contexto del teatro cubano.

Notas:

[1] Bourdieu, Pierre (1990). Sociología y Cultura. Editorial Grijalbo-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, D. F.

[2]Luhmann, Niklas (2005). El arte de la sociedad. Editorial Herder. Universidad Iberoamericana. Pág. 225

[3]Espina, Mayra. Reforma económica y política social en Cuba. Perspectivas para una modernización de la gestión social (Ponencia para la Conferencia “Gobernabilidad y justicia social”. Versión preliminar) versión digital.

[4]Becker, Howard S (2008). Los mundos del arte. Sociología del trabajo artístico. Universidad Nacional de Quilmes Editorial.

[5]Becker, Howard S. (2008). Los mundos del arte. Sociología del trabajo artístico. Universidad Nacional de Quilmes Editorial. Pág. 54

[6]Russeau, Pupo, Buenaventura (1999). Instrumentos Teóricos y Metodológicos para la Gestión Cultural. Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes del Atlántico. Universidad del Atlántico. Colombia.

[7]Gutiérrez Menéndez, Gabriel Enrique (2010). Teoría y práctica de la gestión cultural. Contextos y realidades. Centro Nacional de Superación para la Cultura Colección Punto de Partida La Habana. Ediciones Adagio.

[8]Amaya Quincoces, Cristina (2008). Gestión de mercadotecnia en el arte. Una aproximación desde los enfoques gerenciales. Editorial Logos.

[9]Información documentada en la Dirección de Desarrollo Artístico del CNAE: Proyección Estratégica

para el desarrollo de las artes escénicas en Cuba 2016-2021.

En portada: El Portazo / Foto Buby Bode

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