A 60 Años De “Palabras A Los Intelectuales”: ser organizadores, no espectadores

Por Matías Caciabue y Paula Giménez

El intelectual es un organizador, no un académico

Cierto cuerpo académico y científico –mayoritariamente el reaccionario, pero el progresista también- confunde su labor con el rótulo de “intelectual”. La polisemia del concepto, sin dudas, no ayuda. Pero, a nuestro entender, se confunde la definición de los intelectuales con las horas de trabajo de un sector social cuya función en el sistema económico está asociada tanto a la “inversión en capital constante”, es decir, a la mejora de los medios de producción, como al proceso de educación y calificación de la clase obrera.

Antonio Gramsci, punto de referencia en estas discusiones, señala que:

Por intelectuales es preciso entender no sólo aquellas capas comúnmente designadas con esta denominación, sino en general toda la masa social que ejerce funciones organizativas en sentido lato, tanto en el campo de la producción como en el de la cultura y en el político-administrativo (Gramsci, 2004).

En esa comprensión del problema, un intelectual es, sencillamente, un organizador. Organizador económico, político, militar y, también, de ideas. Este es siempre, por supuesto, “orgánico” a una u otra clase social fundamental. Nada de lo dicho es, entonces, ajeno a la figura de Fidel Castro y su voluntad de invitar a los artistas y escritores cubanos a unirse a las filas de la revolución naciente. Así lo dejó claro hace 60 años atrás en sus famosas “Palabras a los Intelectuales”:

Nuestra preocupación fundamental siempre serán las grandes mayorías del pueblo, es decir, las clases oprimidas y explotadas del pueblo.  El prisma a través del cual nosotros lo miramos todo es ese:  para nosotros será bueno lo que sea bueno para ellos; para nosotros será noble, será bello y será útil todo lo que sea noble, sea útil y sea bello para ellos (Castro, 1961).

Fidel invitaba a la intelectualidad cubana a asumir esas posiciones. Todo lo “bueno” para las ciencias, todo lo “útil” para el desarrollo tecnológico, y todo lo “bello” para las artes, deben ser puestas al servicio de las clases oprimidas y explotadas de nuestros Pueblos.

Fidel y la convocatoria permanente a las y los intelectuales

En 1961, Fidel Castro anunciaba una tarea de la que sería un fiel consecuente a lo largo de toda su vida posterior. La Revolución debía ganar para sí a los intelectuales:

La Revolución no puede renunciar a que todos los hombres y mujeres honestos, sean o no escritores o artistas, marchen junto a ella; la Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario; la Revolución debe tratar de ganar para sus ideas a la mayor parte del pueblo; la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo, a contar no solo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos, que aunque no sean revolucionarios –es decir, que no tengan una actitud revolucionaria ante la vida-, estén con ella.  La Revolución solo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios (Castro, 1961).

Eran los primeros días de la revolución triunfante. Fidel Castro afirmaba esto a tres meses de la invasión a playa Girón y el colapso definitivo del orden social burgués en la isla (Martínez Heredia, 2016). Pareciera que, desde allí, jamás descansaría en la tarea de convocar a los intelectuales. Vaya que lo logró. Fidel es, por caso, el hombre de Estado más vinculado a las grandes personalidades de las ciencias, las letras y las artes en toda la historia moderna de Nuestramérica.

Convocados por su figura y por el proceso revolucionario, por Cuba pasarán Sartre y Beauvoir, Chomsky, Saramago, de Sousa Santos y Houtart, entre cientos, y los grandes escritores y artistas latinoamericanos, como García Márquez, Wayasamín, Neruda, Cortázar, Masetti, Benedetti, Walsh, Cardenal, Galeano, Frei Betto, Gilberto Gil, González Casanova, Bohorquez, Ceceña, Calloni, Borón, entre miles. Hasta el hoy gusano y operador neoconservador Mario Vargas Llosa, premio nobel de literatura, no sería lo que es sin las luces que, por entonces, puso sobre él la República de Cuba.

La revolución cubana cobijó, potenció y organizó a todos ellos. La Casa de las Américas, surgida en abril de 1959, será punto de encuentro y síntesis. Haydée Santamaría, Mariano Rodríguez, Roberto Fernández Retamar y, ahora, Abel Prieto, dieron vida a una de las instituciones más importantes de la cultura de la región. La Feria Internacional del Libro de Cuba será otro punto de encuentro. Fidel sostuvo desde allí un memorable encuentro con intelectuales en el año 2012, donde exigió que “Nuestro deber es luchar” (Castro, 2012). De igual manera lo hará la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad (REDH) desde el año 2003, con Castro y Chávez como promotores de su nacimiento.

La REDH es, aún con sus particularidades, uno de los ámbitos más importantes de la intelectualidad progresista de Nuestramérica, con capítulos por otras partes del globo. Esta construye un ámbito que posibilita la producción colectiva del conocimiento, la construcción de diagnósticos sobre nuestras más diversas coyunturas y un espacio para la solidaridad regional e internacional. La REDH es el único espacio de ideas asociado al Foro de San Pablo, la articulación más importante de la izquierda política regional.

Pero la convocatoria a los intelectuales más importante que Fidel Castro realizó fue al Pueblo mismo. Eso sucedió, fundamentalmente, con la Campaña Nacional de Alfabetización y la monumental extensión de la educación en Cuba, que la colocan entre las mejores del Continente. Entre los párrafos finales de “Palabras a los intelectuales” se encuentra la sentencia meridiana que enmarca la monumental obra educativa, científica y artística de la Revolución Cubana:

En días recientes nosotros tuvimos la experiencia de encontrarnos con una anciana de 106 años que había acabado de aprender a leer y a escribir, y nosotros le propusimos que escribiera un libro.  Había sido esclava, y nosotros queríamos saber cómo un esclavo vio el mundo cuando era esclavo, cuáles fueron sus primeras impresiones de la vida, de sus amos, de sus compañeros. […] ¿Quién puede escribir mejor que ella lo que vivió el esclavo? (Castro, 1961).

“Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”. Esa es la tesis que sostiene las “palabras a los intelectuales” de Fidel Castro. Esa es, también, su frase más polémica. Lo cierto es que, para propios o ajenos, en la isla grande de las Antillas, la revolución política edificó una revolución económico-social y produjo una revolución cultural. La matriz ideológica del neoliberalismo, con sus exaltaciones a la idiotización y el individualismo, que tanto daño ha hecho en más de un país de la región, no pudo con la Cuba y su parto humanista.

La función de los intelectuales hoy: No ser espectadores del mundo de la Pospandemia

La miseria, la sobreexplotación y la exclusión son la realidad de las inmensas mayorías sociales a nivel mundial. Para entender la dimensión social de la crisis desatada por el crack pandémico, según datos del Banco Mundial (2020), la pobreza extrema aumentará por primera vez en más de 20 años, a 150 millones de personas en este 2021.

Para hacerlo más explícito, hoy el sistema funciona con 3,300 millones de trabajadores, de los cuales sólo 1,300 millones son estables. Números pequeños ante una población mundial de 8,000 millones de personas. Visto desde los ojos del poder y dicho mal y pronto: para este sistema lo que sobra es gente.

El coronavirus ha sido un gigantesco catalizador de un proceso en la estructura económica mundial, que conduce al mundo real-material-mecanizado-informatizado, basado en la energía fósil, a un mundo virtual-inmaterial-digital-biológico. En esta nueva fase, ya no harán falta gerentes que controlen a la mano de obra. Tampoco harán falta intelectuales que expliquen el mundo. Las encuestas y focus groups, ámbito laboral de psicólogos y sociólogos, ha quedado obsoleto ante la segmentación de perfiles que permite hoy el mundo virtual. Para el Capital, todo será tarea de la Inteligencia Artificial y el Data Mining.

La emergente fase global-digital del capitalismo nos invita a una nueva enajenación sin decirnos que estamos produciendo en nuestras horas de trabajo y, también, en nuestras horas de ocio. Producimos datos comercializables por las mismas plataformas que habitamos en calidad de “usuarios”. Nos invitan a autoexplotarnos bajo la forma silenciosa de una aparente libertad. La Pandemia hizo irrumpir, de un plumazo, este estado de cosas que parecía lejano y que, sin embargo, ya estaba sucediendo en la estructura económico-social mundial.

El tiempo que vivimos es, entonces, una exigente invitación a que los intelectuales de las clases subalternas comprendan el brutal proceso de transformación del capitalismo que está pariendo la crisis pandémica, sin olvidar que la misma es también una oportunidad para los Pueblos. Sólo la conciencia sobre lo que está sucediendo y el desarrollo de herramientas de organización y lucha que respondan a este momento de cambios radicales permitirán alcanzar la definitiva liberación.

Las y los intelectuales tienen mucho por aportar en este tiempo tan excepcional y extraordinario para la humanidad. Estos tienen, en palabras del propio Fidel, “la oportunidad de ser más que espectadores:  de ser actores de esa revolución, de escribir sobre ella, de expresarse sobre ella” (Castro, 1961).

Tomado del Sitio oficial REDH-Cuba.

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