…cantarle a la Patria

Por Marilyn Garbey Oquendo

Estos son apuntes del encuentro entre los estudiante de la Facultad de Arte Danzario de la Universidad de las Artes (ISA) con directivos del Ministerio de Cultura, de organizaciones como la FEU y la UJC, y con autoridades de la Universidad. Los sucesos del pasado 11 de julio en Cuba han provocado numerosas reacciones en todo el mundo. Era preciso escuchar a los más jóvenes porque de ellos es el futuro del país.

Fue precisa la información sobre la situación de los estudiantes de la Universidad que participaron en las protestas. Sus familias fueron acompañadas por las autoridades del Ministerio de Cultura y de las respectivas Facultades (Música y FAMCA) en la búsqueda de información sobre su paradero y en la liberación de cada uno.

Los estudiantes compartieron sus vivencias durante el ya largo tiempo de pandemia y sus opiniones sobre las protestas acontecidas en diferentes puntos del país. Sus criterios fueron conmovedores y lúcidos, de gente que quiere labrarse espacio en su país, que estudia buscando sus horizontes aquí, deseosos de participar en la construcción de un país inclusivo para todos, sin distinción de género, raza, elección sexual, credo político, fe religiosa, donde se respete al ser humano.

Se habló de extremas dificultades para adquirir alimentos: precios abusivos en el mercado negro, tiendas en MLC, colas interminables desde la madrugada y a veces no alcanzan a comparar el producto que necesitan,  malas prácticas de los tenderos y de las autoridades responsables de garantizar el orden en las colas de las tiendas, la presencia de los coleros revendedores que gozan de vergonzosa impunidad, personas muy vulnerables a quienes la familia envía a las colas con riesgo para sus vidas.

Algunos refirieron maltratos en centros de aislamientos, otros expusieron la presión a la que está sometido el personal sanitario, a quienes no se les facilita la adquisición de alimento y aseo para sus familias. Se denunció el tráfico de medicamentos.

Una de las estudiantes, residente en la barrio La Guinera, agradeció al equipo médico que salvó la vida a su madre quien padecía de un tumor cerebral, y cuestionó el hecho de que  hubo que llamar al Partido del municipio para que acudieran a realizar el PCR a su familia sospechosa de padecer la Covid-19. Expresó su dolor al constatar que algunos de los protagonistas de los hechos vandálicos que tuvieron lugar en su comunidad fueron sus alumnos, gente muy joven. Agradeció el gesto de Gerardo Hernández, Héroe de la República de Cuba, de acudir a ese barrio y participar en la reconstrucción del parque infantil y del espacio donde se reúnen los habitantes del entorno, pero también expresó que era una exigencia de los vecinos a lo largo de los años.

El testimonio de un estudiante de Arte Folclórico de su experiencia en la Misión Barrio Adentro, en Venezuela, fue revelador. La labor de médicos, entrenadores deportivos e instructores de arte cubanos, en estrecha colaboración con los líderes comunitarios,  en zonas  marginadas del hermano país,  contribuyó a elevar los estándares de vida de su población toda. Sin importar si eran chavistas o no, los beneficios de la Misión llegaban a todos.

La condena al bloqueo norteamericano, a las medidas coercitivas que recrudecen su impacto en Cuba en tiempo de pandemia, llegó con el testimonio de un bailarín que, al tiempo que estudiaba, trabajaba en un crucero para contribuir al bienestar de su familia. La prohibición de que estacionaran en puertos cubanos, bajo amenaza de sanciones económicas, cortó el sustento de la familia de muchos de los que allí estaban reunidos.

De la espontaneidad de algunas de las manifestaciones ocurridas se expusieron dudas. Al recordarse que La Habana realizó una jornada de limpieza a la espera del azote del huracán Elsa, se preguntaron cómo se acopiaron tantas  piedras en las azoteas de la Calzada de Diez de Octubre para lanzar a quienes salieron a las calles a defender la Revolución.

Alertaron que, ante el bombardeo informativo en las redes contra Cuba, es preciso contrastar información, buscar datos que permitan formarse una opinión veraz y fundamentada. Se cuestionó el apagón digital porque limitó la posibilidad de comunicar al mundo nuestra visión de lo que sucedía ese 11 de julio. Muchos refirieron cómo se ha dividido la familia por razones políticas, hermanos que se enfrentan a sus hermanos.

Para la prensa oficial  tuvieron duros cuestionamientos, muchos dijeron que acuden a otros medios para informarse de la realidad nacional, dada la edulcoración de nuestra cotidianidad  que ofrecen espacios como el Noticiero Nacional de Televisión. Alguien sugirió se leyera  Alma Máter, dijo allí se encuentran artículos con profundos análisis de la vida real de Cuba, una publicación oficial hecha por jóvenes.

Muchos de los estudiantes allí reunidos participan en tareas de impacto social en estos tiempos como atención a personas vulnerables, asistencia en las colas, ensayos vacunales. Algunos han colaborado con el centro de aislamiento ubicado en la Residencia Estudiantil del ISA, bajo la dirección del Doctor Rodé, a quien se le agradeció su consagración para salvar vidas. También se reconoció el esfuerzo del Gobierno cubano para proteger salarialmente a los artistas del país.

Agradecieron la invitación al diálogo, y dijeron que no había sucedido algo similar durante su estancia en la Universidad. Todos condenaron la violencia, de cualquier signo, y se opusieron a la injerencia extranjera en los asuntos de Cuba. Dijeron sentirse comprometidos con el proyecto de Revolución del país, pero también afirmaron que urge cambiar lo que es preciso cambiar, alejarse de las consignas y escuchar a los más vulnerables, aquellos que viven en condiciones de pobreza y no pueden sostener a su familia por el alto costo de la vida.

Casi al final de la tarde, una estudiante de Danzología preguntó quién iba a llamar al diálogo a los jóvenes que no estudian, que no trabajan. ¿Qué organización se va a ocupar de convocarlos, de escucharlos?

Foto de portada: Yusmilis Dubrosky (Cubadebate)

 

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