Una Reina que mantiene con dignidad su corona. Semblanza de Reina Ayala Dom

Por Kenny Ortigas Guerrero

Para ella, hacer teatro no es trabajo en el sentido de obligatoriedad por mandato de jefes o por indicaciones preestablecidas, ni es un acto de autoflagelación o sacrificio impuesto por la vida. Para ella pisar un escenario, cualquiera que este sea, es una fiesta, es un encuentro constante con la felicidad y la alegría.

Sin él no puede vivir, es sencillamente su oxígeno, lo que la mantiene activa y le enchufa renovadas energías cada mañana al despertar en su cama y tener la certeza de que ahí, la espera siempre un público agradecido de verla actuar. Tanto es así, que disfrutarla con sus 66 años, al interpretar diversos personajes, es descubrir la frescura y cierta ingenuidad hermosa que le otorga el vasto camino de la experiencia a quien ha dedico su carrera al arte teatral.

Nació en Camagüey un 8 de diciembre de 1955 en el barrio de la Esperanza y recuerda que desde pequeña, mientras todos esperaban en casa a que la niña escogiera a la muñeca que más le gustara para jugar o que organizara todos elementos de la casita de mentiras, prefería convertirse en actriz y dedicar todo su tiempo a imaginar situaciones y personajes, que más tarde se convertirían en su modo de vida. Reina es de esas personas que parecen tenerlo todo muy claro desde que nacen, y su superobjetivo –como en una obra- se convierte en una carrera indetenible hasta su alcance.

La humildad y sencillez que porta, otorgan un contraste interesante a sus actuaciones, las cuales parecen desdoblarla de tal modo que arrastran a los espectadores a un torbellino constante de sentimientos, observarla en un espectáculo, es estar frente a una todoterreno que deja el traje de lo apasible colgado en una esquina y sube a escena bombardeando sensibilidades.

Antes de llegar a ser actriz, estudió magisterio en un curso de los macarenos de 1971 a 1972 en la escuela Mártires de Bolivia en el pueblecito de Tagarro a las afueras de la ciudad de Camagüey, pero estuvo prácticamente ejerciendo solo en el período de prácticas, las ansias de ser artista eran superiores a cualquier otra labor.

Un día apareció en su casa una amiga de su mamá, Reina tenía 16 años y estaba llorando porque quería trabajar en teatro –dice que ni ella ni su mamá sabían que la palabra correcta era “ser actriz”. Al verla desconsolada, la señora la invitó a que la acompañara a visitar el Conjunto Dramático de Camagüey, que radicaba en la sala teatro José Luis Tasende en la calle Popular y por aquellos años era una agrupación de gran prestigio en todo el país.

Las acompañó entonces Delmiro del Risco actor del grupo. Al llegar se enamoró del lugar, tal parece que al traspasar la puerta de entrada comenzaba una relación de pareja tan profunda que duraría para siempre.

Reina Ayala y el teatro juntarían sus almas de una manera indestructible, y su cofradía aun perdura como acto de fe donde ambos se retroalimentan.

Conserva muchos recuerdos de aquella época, cuando por ejemplo recibió su primera evaluación como actriz de la mano de Miguel Lucero en 1980 junto a Héctor Echemendía y Pedro Castro, hecho que marcó su permanencia definitiva en ese colectivo, pues antes su mamá tuvo que hacer una carta de autorización para que pudiera trabajar en el Dramático, y sin devengar salario casi durante un año ya que no contaba con la edad suficiente. Su trayectoria en el grupo dejó huellas imborrables, por citar solo un ejemplo: con su actuación en el monólogo

A tu altura, de Elsa Blanco, tuvo más de 700 funciones y pasó al repertorio activo del Conjunto Dramático por 21 años, regalándole numerosos premios en eventos y festivales a lo largo y ancho de toda la isla. También recuerda con nostalgia sus incursiones en espectáculos como: Accidente de Roberto Orihuela y Vade Retro de José Milián bajo la dirección del maestro Pedro Castro.

Reina no tiene preferencia hacia un género teatral en particular y aunque dice gozar mucho los personajes de carácter se siente a plenitud dentro de las comedias. Su ruta para alcanzar la esquisitez en la escensa se sostiene en estudiar mucho y fundamentar cada cartacterización al detalle.

Considera que la responsabilidad y disciplina son medulares para trascender como artista y que los ensayos son una parte esencial para experimentar y profundizar en el autorreconocimiento del actor coadyuvando a explotar sus potencialidades.

Fue profesora durante 10 años en la Escuela de Instructores de Arte Nicolás Guillén Batista, donde se sintió identificada con sus orígenes e impregnó a sus alumnos toda la vitalidad y garras necesarias para hacer del teatro un espacio de compromiso total. Su desempeño como actriz en más de 60 obras no solo en el Conjunto Dramático de Camagüey sino tambien en la agrupación Teatral Teatro con la guía de Onel Ramírez, no la han limitado en el desempeño de otras tantas actividades, así fue nombrada vicepresidenta primera de la UNEAC en Camagüey en 1998, cargo en el que estuvo durante 10 años y en otro momento también le fue encomendada la presidencia de la sección de Artes Escénicas de esa organización.

A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios entre los que resaltan: Medalla Raúl Gómez García en 1993, Placa Avellaneda en el 2004, Distinción Espejo de Paciencia en el 2006, Nominación a los Premios Caricatos en el 2008 a mejor actriz por su participación en Mister Soul de Raquel Diana, Premio Eloísa de Agüero y Osorio en el 2012, Premio Especial Omar Valdés en el 2013, Distinción UNEAC por los aportes relevantes a la cultura nacional en el 2020, entre otros.

Actualmente Reina Ayala Dom es parte del colectivo de narración Oral Lo Propio, liderado por Grabiel Castillo. Un grupo de joven creación y que ya va marcando pautas importantes en la escena camagueyana. Ahí prepara el estreno del unipersonal Un buchito de historias, que se ha visto postergado por el impacto de la COVID 19.

Como dato importante, se destaca que Reina es, hasta fecha en que escribo esta reseña, la actriz con más edad que se encuentra todavía en activo dentro del panorama de las Artes Escénicas en la provincia. Es que el paso de los años no logra doblegarla ni llevarla al declive, y es de suponer, pues una reina que se respete siempre lleva con dignidad su corona.

Fotos cortesía del autor

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